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MURIÓ JOSÉ ALFREDO MARTÍNEZ DE HOZ

La misma clase que dio el golpe mantiene el poder económico

En días en los que el efecto “fumata” vaticana intenta borrar las responsabilidades eclesiásticas en la dictadura, incluida la del propio Bergoglio, la figura de Martínez de Hoz nos recuerda que no sólo los militares, sino también la Iglesia y los empresarios organizaron el golpe.

Pablo Anino

21 de marzo 2013

En días en los que el efecto “fumata” vaticana intenta borrar las responsabilidades eclesiásticas en la dictadura, incluida la del propio Bergoglio, la figura de Martínez de Hoz nos recuerda que no sólo los militares, sino también la Iglesia y los empresarios organizaron el golpe.
La muerte lo encontró cómodo en su departamento del edificio Kavanagh, frente a la coqueta Plaza San Martín, condenado en tres causas por crímenes de lesa humanidad pero gozando de arresto domiciliario.

Lucha de clases y dictadura

El sentido común progresista y parte del kirchnerismo plantean que la dictadura vino a acabar con la “alianza populista”1 entre industriales orientados al mercado interno y trabajadores. Pero no es así. Esa “alianza” (en verdad un proyecto de cooperación de clases en el que los trabajadores cumplen un rol subordinado) ya había terminado con la ruptura del Pacto Social2. Desde 1969 Argentina vivía un ascenso obrero desafiante del dominio capitalista que desde las fábricas tendía a superar políticamente la experiencia peronista. La crisis mundial agudizó las contradicciones y llevó al gobierno de Isabel a atacar a la clase obrera con el Rodrigazo. En 1975 se produce la primera huelga general contra un gobierno peronista. Las bases desbordan a la burocracia sindical y forman organismos de autoorganización: las coordinadoras interfabriles. Esa huelga echó del país al ministro Rodrigo, cuyo fracasado plan anticipaba el que luego impondría Martínez de Hoz. Para los capitalistas no había más tiempo. A fines de 1975 se funda la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE), que el 16 de febrero de 1976 convoca a un lock out patronal. Entonces, como presidente del Consejo Empresario, Martínez de Hoz les presentó a los militares su plan económico. Bajo las órdenes de las grandes patronales y el imperialismo yanqui, los militares dieron el golpe para liquidar ese proceso revolucionario.

Ideólogo del entreguismo, precursor del neoliberalismo

Los Martínez de Hoz fundaron la oligárquica Sociedad Rural. Pero José Alfredo diversificó sus negocios. Presidiendo Acindar (Villa Constitución), en 1975 se vengó del “Villazo” derrotando la heroica huelga de 59 días con la incursión coordinada del ejército, la burocracia sindical, grupos parapoliciales y directivos de la empresa. Allí montó, antes de la dictadura, uno de los primeros centros clandestinos de detención. Una de sus condenas era por secuestros y desapariciones de activistas de esa fábrica.

Otros empresarios lo imitaron. Los Blaquier, dueños del Ingenio Ledesma, organizaron el “Apagón” en el que secuestraron cientos de personas. En muchos casos la burguesía “nacional” y extranjera entregaron listas negras u ofrecieron directamente espacios para los centros clandestinos y logística para los secuestros. Casos emblemáticos son los de Ford y Mercedes Benz. Martínez de Hoz era el representante más destacado de esa clase capitalista genocida.

Su plan era liquidar las conquistas obreras aniquilando a miles de delegados y activistas. A su vez buscaba desarticular al sector industrial poco productivo a favor del capital concentrado, las importaciones y la oligarquía agropecuaria. Para reducir el déficit fiscal hizo un ajuste bajando salarios, aumentando tarifas de los servicios públicos y reduciendo las prestaciones de salud y vivienda.

En un contexto de crisis mundial buscó una nueva inserción en la división internacional del trabajo. La caída de la tasa de ganancia llevó a la baja de las tasas de inversión y reinversión de utilidades en las principales economías. Frente a la dificultad para hallar lugares donde invertir los dólares se reciclaron en el endeudamiento externo de los países de América Latina. Martínez de Hoz lo facilitó liberando los mercados cambiarios y financieros y habilitando el financiamiento estatal con la colocación de títulos. Endeudó a las empresas públicas generando las condiciones para su futura privatización. Sus oficios con el FMI y David Rockefeller originaron la estafa de la deuda externa. Todo reforzado con un nuevo régimen para la inversión extranjera que agravó la gravitación del capital imperialista en el país.

El descalabro económico

Con la inflación descontrolada y el producto en caída libre Martínez de Hoz decidió profundizar el rumbo desindexando los precios en mayo de 1978. Pero la inflación no cedía. La propia burguesía, incluida la Sociedad Rural, empezó a criticar. A fines de 1978 se lanzó un nuevo plan: la famosa “tablita cambiaria”. Sus lineamientos se basaban en las ideas monetaristas de la escuela de Chicago, que guiará luego las políticas de Reagan y Thatcher.

En 1979 Paul Volcker, Presidente de la Reserva Federal de EE.UU., subió fuertemente las tasas de interés, provocando un enorme aumento de la deuda externa argentina. A su vez se deterioraron los precios del agro, limitando más la disponibilidad de dólares.

La desconfianza se apropió de los capitalistas y una serie de quiebras bancarias afectó a muchos ahorristas. Con la Circular 1.050 el Banco Central estableció un mecanismo de indexación de préstamos bancarios que agravó la situación y llevó a muchas familias a perder sus viviendas. La fuga de capitales se aceleró. Desgastado, Videla transfirió el mando a Viola y se cerró el ciclo de Martínez de Hoz al frente del Ministerio de Economía. Su herencia pervive en el atraso y la mayor dependencia del imperialismo, pero fundamentalmente en el dominio que la clase capitalista aún ejerce en la economía argentina.

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