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LIBERTADES DEMOCRÁTICAS

OTRO ASESINATO DE UN PIBE POR LA COMPLICIDAD DE LA POLICÍ CON EL NARCOTRÁFICO

Un nuevo crimen contra la juventud

El asesinato del joven Enzo Ledesma de 13 años por parte de las mafias narcotraficantes en el barrio La Cárcova de José León Suárez del partido de San Martín, pone nuevamente al descubierto la estrecha relación entre los poderes político, judicial y policial con el narcotráfico.

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14 de noviembre 2013

El asesinato del joven Enzo Ledesma de 13 años por parte de las mafias narcotraficantes en el barrio La Cárcova de José León Suárez del partido de San Martín, pone nuevamente al descubierto la estrecha relación entre los poderes político, judicial y policial con el narcotráfico. La policía no sólo actúa con las políticas represivas del Estado, sino que además, es parte de las organizaciones narcotraficantes, redes de trata y desarmaderos de autos. Garantizan zonas liberadas para que estos distintos crímenes se lleven adelante. Esto pone de relieve que el problema no es un policía, sino toda la institución.

Nadie se hace cargo de la podredumbre porque todos son cómplices
Los políticos patronales se echan las culpas sobre las responsabilidades de este nuevo fusilamiento: tanto Scioli como Katopodis (hasta ayer soldado K y hoy devenido en “renovador”), que amparan a la Bonaerense, socia de las bandas del narcotráfico, se hacen los desentendidos.
Los jóvenes asesinados por el “gatillo fácil” o los enfrentamientos entre bandas, son consecuencia de una política que todos comparten: sostener el aparato represivo del estado, garantizando zonas liberadas para las bandas “narco”, muy bien armadas, que regimentan los barrios y obligan a los jóvenes a trabajar para ellos.

Las balas son de los narcos, la Bonaerense y la Gendarmería

El 3 de febrero de 2011 tres jóvenes ingresaron al CEAMSE, como todos los días, en busca de comida y otros elementos de valor entre la basura, cuando un tren de carga volcó y se acercaron a la zona. La Policía Bonaerense comenzó una brutal persecución. Los jóvenes intentaban escapar pero fueron alcanzados por las balas. Dos de ellos murieron. Horas después de la masacre, el entonces ministro de Seguridad provincial, Ricardo Casal, acusó a las victimas y habló de “una banda organizada y armada integrada por jóvenes de La Cárcova”.
Frente a este hecho todos los políticos K salieron a dar sus condolencias. En ese momento estaba Katopodis en la vereda “nacional y popular”, que junto a Mariotto –vice gobernador de la provincia- La Campora y el Evita prometían una “policía democrática”.
Hoy, tiempo después, los pronunciamientos políticos frente a un nuevo crimen contra la juventud, en el mismo barrio, son muy diferentes. Katopodis se fue con Massa que alienta la “mano dura”, y los candidatos K, como Insaurralde, dicen que hay que “bajar la edad de inimputabilidad”, al tiempo que nos ofrecen como “garantía de seguridad” a la Gendarmería. Mientras tanto, los informes de gatillo fácil que realiza la CORREPI, señalan que cada 28 horas es asesinado un joven.

El cinismo de los K
Frente a un nuevo fusilamiento, ahora salen a hablar sin que la cara se les caiga a pedazos los referentes del Movimiento Evita: el Chino Navarro y Leonardo Grosso salieron a tirar responsabilidades por todos lados.
Después de diez años de gobierno K, se “avivan” de que este “modelo nacional y popular”, esta “década ganada” tiene una cuenta pendiente con millones de jóvenes que no acceden a un trabajo estable y bien pago, o son expulsados de la escuela por las condiciones de vida.
El diputado kirchnerista por la juventud del Movimiento Evita dice que ahora “el problema está entre la Policía Bonaerense y la Justicia”. Tienen que investigar el contexto porque “ya contabilizamos más de veinte muertes en la zona en lo que va del año”. Habría que preguntarle a Leonardo Grosso si el reciente nombramiento de ministro de Seguridad Granados no tiene alguna relación con el tema.
Los K demostraron que para la juventud no hay justicia ni fin de la impunidad. El único cambio real termina en el color; del azul al verde, y así llenan de policías y gendarmes los barrios. Pero la Gendarmería no viene a ofrecer otra cosa, ahí está el ejemplo en el barrio Zavaleta, donde Kevin Molina, un pibe de 9 años, fue asesinado en un tiroteo entre bandas de una zona liberada por Prefectura.
El Evita convive con una política estructural del kirchnerismo que es la que relegitima, reconstruye y le da más poder a la maldita Bonaerense. Su bochornoso papel consiste en lavarle la cara por izquierda, tanto al gobierno nacional como al provincial, y al municipal cuando el intendente sea un amigo. Recurren a la receta mágica de “¡limpieza de la institución!”, de reformar una institución irreformable, y nos hablan de “políticas democráticas” cuando son ellos los que ponen al frente del aparato represivo a personajes como Granados.

Frente a los crímenes contra la juventud, desarrollemos la organización

En el último mes vimos como en Suárez, en Saavedra, en Villa Celina o en Córdoba, hubo ejemplos donde jóvenes han sido asesinados directamente o por complicidad de las policías locales, que despertaron el desarrollo de expresiones populares de repudio a las policías.
La criminalización de la juventud con la militarización en los barrios y la baja en la edad de imputabilidad, que promueven el kirchnerismo y la oposición patronal, nos plantea dar una respuesta organizada entre los centros de estudiantes, los sindicatos, empezando por los docentes y los organismos de derechos humanos. Un ejemplo de ello es la campaña que impulsan los docentes del recuperado SUTEBA La Matanza contra la baja de edad de imputabilidad.
Para terminar con los crímenes contra la juventud, tenemos planteado fortalecer y desarrollar nuestra organización, en cada Centro de Estudiantes de colegios y terciarios y en la Universidad y lugares de trabajo, denunciando la complicidad de las instituciones de este sistema –como las policías, la justicia y los gobiernos- que son responsables de los asesinatos.
No creemos en la utopía de controlar instituciones como la policía. Ni tampoco que estén “al servicio de la comunidad”.
Lo decimos bien claro: más policía en las calles, es más inseguridad