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MOVIMIENTO OBRERO

Salario y explotación bajo el kirchnerismo

Aunque está cada vez más en duda que lo pueda lograr, el gobierno quiere un techo del 20% para los aumentos salariales. En cada paritaria está en disputa no sólo la relación del salario respecto a la inflación (su poder de compra real), sino también la relación respecto a las ganancias de los capitalistas, que el gobierno busca apuntalar mediante el techo salarial y pautas de aumento de productividad.

Pablo Anino

8 de marzo 2012

Aunque está cada vez más en duda que lo pueda lograr, el gobierno quiere un techo del 20% para los aumentos salariales. En cada paritaria está en disputa no sólo la relación del salario respecto a la inflación (su poder de compra real), sino también la relación respecto a las ganancias de los capitalistas, que el gobierno busca apuntalar mediante el techo salarial y pautas de aumento de productividad.

Pero ¿por qué si parece que estamos bien, que el salario se recupera, que incluso crece algún puntito al año considerando la inflación (sólo para el sector de trabajadores registrados de algunos gremios), palidece comparado con la ganancia? ¿De qué distribución hablamos si incluso cuando el salario crece, la ganancia lo hace aún más? Veamos.

El secreto del kirchnerismo: mayor explotación de la fuerza de trabajo
Lo primero que hay que decir es que la devaluación implicó un derrumbe del salario real. Se tardaron siete años para recuperar lo que se había perdido del salario real en 2002. Sólo algunos sectores de trabajadores en blanco lograron conquistar un salario real mayor al que tenían en 2001. Esto no fue por bondad del gobierno, sino por la lucha de los trabajadores, como en la alimentación con los paros de Kraft y las fábricas cordobesas en 2010, entre otros ejemplos. Además, muchas veces estos aumentos se concedieron en sectores que partían de salarios promedio muy bajos.

Por eso es falso, como dijo CFK el año pasado ante el recalentamiento de las paritarias, que “hemos hecho más que nadie en la historia para terminar con la explotación de los trabajadores”. Sin dejar de mencionar que la explotación no se puede extinguir en la medida que el capitalismo siga con vida, CFK quiere hacer creer a los trabajadores que cierta tendencia al crecimiento salarial significa la ausencia de explotación. En la mayoría de los casos la recuperación del salario real estuvo acompañada por significativos aumentos de la productividad. Los empresarios lograron esto con mayores ritmos de trabajo e imponiendo horas extras, lo cual les resulta más barato que realizar inversiones, algo que a los capitalistas que actúan en el país no les es muy atractivo. A nivel de toda la industria, tanto la productividad por obrero como la productividad por hora trabajada, aumentaron un 50% entre 2002 y 2010 (Centro de Estudios para la Producción, disponible en www.cep.gov.ar). Si a estos aumentos de productividad se les suma el efecto de la inflación el resultado es ampliamente favorable al crecimiento de las ganancias que obtienen los capitalistas por cada obrero. La mayor productividad fue apropiada por los empresarios, es decir, que significó que una menor parte de lo que producen los trabajadores en su jornada laboral va para ellos, y una mayor parte va para los patrones. Siguiendo a Marx, la evolución de los salarios en relación a las ganancias fue ampliamente favorable a los capitalistas. Hubo, por ende, una mayor tasa de explotación por obrero.

Esto tuvo su reflejo en una caída de lo que les cuesta a los empresarios contratar trabajadores. Un periodista amigo de los K reconoce que “Entre diciembre de 2001 y julio de 2011, el salario promedio nacional se incrementó un 365,5 %. Un porcentaje superior a la inflación [vale aclarar que tratándose de un promedio, esto es válido sólo para un sector de los trabajadores, mientras no se cumplió para el conjunto, por ejemplo, en los sectores más precarizados y en negro que se mantienen claramente por debajo de ese promedio, NdR] medida por el Indec y aún a la de los consultores privados más serios, como el Estudio Bein, que refleja una suba de precios desde 2001 del 296%. Es decir, que los trabajadores han mejorado su poder adquisitivo con respecto al final de la convertibilidad. Pero, teniendo en cuenta el fuerte aumento de la productividad de las empresas y de los precios de bienes y servicios, su participación en las ganancias de las compañías descendió fuertemente.” (Roberto Navarro, Paritarias, la puja distributiva, www.revistadebate.com.ar). Para las empresas que venden sus productos en el exterior la caída del costo laboral es aún mayor debido a que la devaluación abarató los productos argentinos. Además, muchas empresas se vieron favorecidas por precios internacionales récord que subieron más que los locales, como ocurre con las agroindustriales. Es decir, ganan por partida doble: por mayores precios y por el mayor desgaste de nuestros músculos y nuestros nervios.

Una torta más grande, pero con una porción más chica para los trabajadores
La participación de los trabajadores en la riqueza alcanzó su mínimo histórico del 30% del producto en 2002. Sólo se habían alcanzado cifras tan miserables durante la dictadura con la crisis de deuda de 1982 o en el momento más álgido de la hiperinflación alfonsinista en 1989. Partiendo de esa base tan baja es que el kirchnerismo pretende mostrar que los trabajadores han “mejorado” su situación en los últimos diez años de crecimiento. Al año 2006 esa participación llegó al 34% del ingreso total. Sólo considerando los datos falsos de inflación del INDEC en los años siguientes se puede llegar al dibujo de 40% de participación del salario en lo que produce el país, lo cual de todos modos esconde que parte de ese aumento se debe a una mayor cantidad de puestos de trabajo, en los cuales, como vimos, el resultado es que durante el kirchnerismo la evolución relativa de salarios y ganancias es un aumento de la explotación por obrero.

Por todo esto, la participación de los trabajadores en la torta de la riqueza no llega ni siquiera al trillado “fifty-fifty” (50/50) de CFK, sino que incluso se encuentra por detrás de los valores máximos que alcanzó durante el menemismo. Las empresas continúan teniendo ganancias récord. Esto es lo que explica que los empresarios de la UIA defiendan fervorosamente al kirchnerismo. Entre otras “herencias” neoliberales con el kirchnerismo un tercio de los trabajadores están en negro y se mantienen las leyes laborales de precarización y flexibilización laboral. Este es el secreto del “modelo”: ganancias muy altas a costa de salarios bajos en poder adquisitivo medido en términos históricos, y como parte del producto nacional.


El salario según Marx

Como lo estudió Carlos Marx el capitalismo es un régimen social de explotación donde toda la riqueza la genera el trabajo de los obreros y la ganancia no tiene otro fundamento que el no pago de una porción de ese trabajo por parte de los empresarios. Señala Marx en “Trabajo asalariado y capital” que “[…] ni el salario nominal, es decir, la suma de dinero por la que el obrero se vende [su fuerza de trabajo, NdR) al capitalista, ni el salario real, o sea la cantidad de mercancías que puede comprar con este dinero, agotan las relaciones que se contienen en el salario. El salario se halla determinado, además y sobre todo, por su relación con la ganancia, con el beneficio obtenido por el capitalista: es un salario relativo, proporcional” (Karl Marx, Trabajo Asalariado y Capital, Bs. As., Anteo, 1974). Los capitalistas se pueden apropiar progresivamente una parte mayor de la riqueza si logran que aumente la productividad del trabajo. Cuando aumenta la productividad se fabrican más cosas, pero si el aumento del salario real se ubica por detrás del incremento de la productividad sumado al de los precios, de esa mayor cantidad de cosas producidas los capitalistas se quedan con una porción más grande. Por eso, aún cuando algunos sectores de trabajadores hayan mejorado su situación en términos de poder de compra, la han empeorado con respecto a lo que se llevan del total producido.

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