Partido de los Trabajadores Socialistas

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6 de junio de 2020

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Marx y las revoluciones del siglo XIX

Revolución y contrarrevolución en Alemania - Tercera Conferencia (Parte III)

16 Nov 2006 | En la segunda parte de esta conferencia vimos el programa que sostenían Marx y Engels, y cómo durante el proceso revolucionario en Alemania adoptaron diferentes tácticas para llevarlo adelante. En un primer momento, difundiendo las ideas comunistas desde la Nueva Gaceta Renana, ubicándose como parte del ala radical del movimiento democrático. En un segundo momento, entregándose de lleno a la construcción de las organizaciones obreras y tratando de coordinarlas, por lo menos a nivel de Renania, el estado del sur de Alemania donde habían fijado residencia Marx y Engels.   |   comentarios

Las conclusiones de la revolución alemana
Este cambio de orientación, como vimos, no había sido casual sino que se basaba en la bancarrota política de la pequeño burguesía que constituía la izquierda democrática de la Asamblea de Frankfurt. Ésta había entregado la república a Federico Guillermo IV sin oponer ninguna resistencia seria.
Engels seguirá peleando con los núcleos que subsistían de la resistencia hasta el último momento, y Marx se dirigirá a Francia donde ambos apostaban a que comenzaría una nueva oleada revolucionaria que finalmente no tuvo lugar. Esperando este ascenso, y como parte de su preparación, es que Marx y Engels se dedican a sacar hasta el final las conclusiones de su experiencia alemana. Estas conclusiones se plasmarán en un documento de marzo de 1850 conocido como Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas, que es justamente esto, un mensaje o circular donde Marx y Engels plantean los lineamientos fundamentales alrededor de los cuales “reorganizar la Liga” que había sido prácticamente disuelta en las diferentes orientaciones de sus miembros.
Marx y Engels reafirmaron su convicción de la incapacidad de la burguesía “liberal” de llevar hasta el final las tareas democráticas que, como habíamos mencionado antes, consistían principalmente en conquistar la unidad de Alemania, expropiar a los terratenientes y terminar con la monarquía. Decía el Mensaje: “Ya les habíamos dicho, hermanos, en 1848, que los liberales burgueses alemanes llegarían pronto al poder y que inmediatamente emplearían contra los obreros este poder recién obtenido”1 .
Ahora bien, la primera conclusión del Mensaje… es que este postulado deber ser extensible a todas las fracciones del “partido demócrata”, a saber: tanto a los sectores más “progresistas” de la gran burguesía, como a la pequeña burguesía “democrático constitucional”, como a los pequeño burgueses “republicanos”. Dice el Mensaje…: “…el papel traidor que los liberales burgueses alemanes desempeñaron con respecto al pueblo en 1848 lo desempeñarán en la próxima revolución los pequeños burgueses democráticos, que ocupan hoy en la oposición el mismo lugar que ocupaban los liberales burgueses antes de 1848”.
Esta consideración se basa en que para Marx y Engels la pequeña burguesía, lejos de pretender una transformación revolucionaria, lo que quería era un cambio de orden que le permitiese tener una vida “lo más llevadera y cómoda posible”.
Era por esto que podían llegar sus reivindicaciones eran limitadas: por un lado, reducir los gastos del Estado y aumentar los impuestos a los príncipes y grandes burgueses, para reducir la presión del gran capital sobre el pequeño capital; por otro lado, extender las relaciones burguesas al campo terminando con las relaciones feudales; y por último, instaurar un régimen democrático-formal.
Respecto al proletariado, para la pequeño-burguesía “...es ante todo indudable –decía el Mensaje…- que deben seguir siendo trabajadores asalariados, pero al mismo tiempo los pequeños burgueses democráticos desean que aquellos tengan salarios más altos y una existencia mejor asegurada; y confían en lograr esto en parte facilitando trabajo a los obreros por intermedio del Estado y en parte con medidas de beneficencia. En una palabra, confían en corromper a los obreros con limosnas más o menos veladas y en quebrantar su fuerza revolucionaria con un mejoramiento transitorio de su situación”.
Sin embargo, planteaban Marx y Engels que ni siquiera todas las fracciones de la pequeña burguesía democrática sostenían todas estas demandas, sino que las mismas representan lo máximo a lo que podían llegar sus aspiraciones según lo había demostrado en la Asamblea de Frankfurt en 1849.

La mecánica de la revolución y la actitud del proletariado
A partir de estas conclusiones, Marx y Engels precisaron sus hipótesis sobre la mecánica del futuro ascenso en Alemania, que como decíamos, opinaban que se daría a partir de una nueva revolución en Francia.
Decían: “Mientras que los pequeños burgueses democráticos quieren poner fin a la revolución lo más rápidamente posible, después de haber obtenido, a lo sumo, las reivindicaciones antes mencionadas [ver apartado anterior], nuestros intereses y nuestras tareas consisten en hacer la revolución permanente hasta que las clases más o menos poseedoras sean desalojadas de su posición dominante, hasta que el proletariado conquiste el poder del Estado, hasta que la asociación de los proletariados se desarrolle –y no sólo en un país, sino en todos los países dominantes del mundo – en proporciones tales, que cese la competencia entre los proletarios de esos países, y hasta que por lo menos las fuerzas productivas decisivas estén concentradas en manos del proletariado. Para nosotros no se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de encubrir los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva. No cabe la menor duda de que con el desarrollo de la revolución la democracia pequeñoburguesa obtendrá en Alemania, por algún tiempo, una influencia predominante”. 
Visto esto, la actitud que debía tomar el proletariado frente a la pequeño burguesía “democrática”, la resumían en la siguiente frase: “marcha con ella en la lucha por el derrocamiento de la fracción a cuya derrota aspira el partido obrero; marcha contra ella en todos los casos en que los demócratas pequeñoburgueses quieren consolidar su posición en provecho propio”.
Ahora bien, ¿qué implicaba esto? En primer lugar que el proletariado debía poner en pie su propio partido independiente: “En vez de descender una vez más al papel de coro destinado a aplaudir a los demócratas burgueses, los obreros, y ante todo la Liga, deben procurar establecer junto a los demócratas oficiales una organización propia del partido obrero, a la vez legal y secreta, y hacer de cada comunidad centro y núcleo de sociedades obreras, en las que la actitud y los intereses del proletariado puedan discutirse independientemente de las influencias burguesas”.
En segundo lugar, una vez victoriosa la nueva revolución, junto “a los nuevos gobiernos oficiales, los obreros deberán constituir inmediatamente gobiernos obreros revolucionarios, ya sea en forma de comités o consejos municipales, ya en forma de clubes obreros o de comités obreros, de tal manera que los gobiernos democrático burgueses no sólo pierdan inmediatamente el apoyo de los obreros, sino que se vean desde el primer momento vigilados y amenazados por autoridades tras las cuales está toda la masa de los obreros. En una palabra, desde el primer momento de la victoria es preciso encauzar la desconfianza, no ya contra el partido reaccionario derrotado, sino contra los antiguos aliados, contra el partido que quiera aprovechar la victoria común en su exclusivo beneficio”.
Luego continuaban: “Pero para poder oponerse enérgica y amenazadoramente a este partido, cuya traición a los obreros comenzará desde los primeros momentos de la victoria, éstos deben estar armados y tener su organización. Se procederá inmediatamente a armar a todo el proletariado con fusiles, carabinas, cañones y municiones […] Donde no puedan ser tomadas estas medidas, los obreros deben tratar de organizarse independientemente como guardia proletaria […] Con ningún pretexto entregarán sus armas ni municiones; todo intento de desarme será rechazado, en caso de necesidad, por la fuerza de las armas”.
A su vez, durante todo este proceso, el proletariado debía aprovechar cada oportunidad que se le presentase para exigir sus propias demandas sin conformarse con aquello que propongan o estén dispuestos a conceder la burguesía o la pequeñoburguesía democrática: “Los obreros –dicen Marx y Engels- deberán llevar al extremo las propuestas de los demócratas, que, como es natural, no actuarán como revolucionarios, sino como simples reformistas. Estas propuestas deberán ser convertidas en ataques directos contra la propiedad privada. Así, por ejemplo, si los pequeños burgueses proponen la compra de los ferrocarriles y de las fábricas, los obreros deben exigir que, como propiedad de los reaccionarios, estos ferrocarriles y estas fábricas sean simplemente confiscados por el Estado sin ninguna indemnización. Si los demócratas proponen impuestos proporcionales, los obreros deben exigir impuestos progresivos. Si los propios demócratas proponen impuestos progresivos moderados, los obreros deben insistir en un impuesto cuya tasa crezca en tales proporciones que provoque la ruina del gran capital; si los demócratas piden la regulación de la deuda pública, los obreros deben exigir la bancarrota del Estado”.

Marx y Engels y la revolución permanente
Como vemos, Marx y Engels hacen alusión en el Mensaje… a una dinámica “permanente” de la revolución. ¿Qué era una “revolución permanente” para ellos? Teniendo en cuenta lo que planteábamos en el apartado anterior, la “revolución permanente” significaba para ambos revolucionarios que, aunque el proletariado podía acompañar a la pequeño burguesía en la próxima etapa de la revolución alemana hasta que ésta se hiciera del poder, no debía hacerlo como “coro destinado a aplaudir a los demócratas burgueses” sino con la certeza que la pequeño burguesía una vez en el poder haría todo lo posible para “terminar” la revolución ni bien obtuviese algunas de sus demandas, por lo cual el proletariado debía afirmar su posición políticamente independiente.
Esto implicaba que el proletariado debía prepararse previamente conquistando sus propias organizaciones para, una vez que triunfara la revolución, crear “gobiernos obreros revolucionarios” basados en el armamento del proletariado capaces de enfrentar los ataques de la pequeño burguesía triunfante e imponer las demandas propias del proletariado.
Es decir, que la revolución era “permanente” en tanto que ambos la concebían como un proceso “continuo”, donde una vez llegada al poder la pequeño burguesía, el proletariado tenía que “tomar la posta” y continuar la revolución más allá de los limitados horizontes de aquella clase.
Aunque, como señala el propio Trotsky (ver recuadro), ambas formulaciones se encuentran relacionadas, la teoría de la revolución permanente tal como fue formulada por el revolucionario ruso -primero al calor de la revolución de 1905, y luego en polémica con el stalinismo a finales de los años ’20- implica un desarrollo original con respecto a la concepción de Marx y Engels. Originalidad dada en sostener que en Rusia –planteo luego extendido al conjunto de las colonias, semicolonias y países de desarrollo burgués retrasado- la lucha por los objetivos democráticos de la revolución llevaban directamente al proletariado al poder por la debilidad de la burguesía y su incapacidad de llevar estas tareas adelante. A su vez, la llegada del proletariado al poder ponía a la orden del día las tareas socialistas dando como resultado una dinámica “permanente” de la revolución. Sin embargo, estas diferencias entre una y otra concepción tenían un fundamento histórico, este correspondía a los diferentes momentos en que Marx y Engels, por un lado, y Trotsky, por otro, desarrollan sus concepciones de la revolución.
Como plantea Alain Brossat en un conocido trabajo escrito hace ya varias años, cuando el autor se reivindicaba trotskista: “Mientras que ellos [Lenin y Trotsky] tenían que responder a todos los problemas estratégicos y tácticos, teóricos y prácticos, políticos y organizativos que plantea la perspectiva inmediata de la revolución, Marx y Engels sólo se enfrentaban a sus premisas, jalonadas por la sucesión de ofensivas y derrotas del proletariado europeo. Evolucionaban en un contexto que, tanto desde el punto de vista objetivo (desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de clase) como subjetivo (grado de constitución de la teoría de la revolución y de su implantación en la conciencia de las masas), no permitía, fundamentalmente, una toma duradera del poder por el proletariado en uno o varios países”2 .
De hecho, esto quedó plasmado en que finalmente la revolución que Marx y Engels pronosticaban en Francia -y que iniciaría un nuevo ascenso europeo- finalmente no se dio. A diferencia de lo que afirmaba el Manifiesto Comunista, el capitalismo todavía no había dado todo de sí. En vez de eso, la contención de las revoluciones de 1848 permitieron la apertura de un nuevo ciclo de expansión capitalista, de desarrollo de las fuerzas productivas. Marx y Engels tomaron nota de este nuevo ciclo económico poco tiempo después de escrito el Mensaje….
Sin embargo, este nuevo ciclo de crecimiento que duraría 20 años, dio lugar a un desarrollo del proletariado en toda Europa. Llegado el momento del nuevo enfrentamiento la burguesía tuvo que vérselas con una clase obrera mucho más poderosa que la del ’48. Este proletariado, en 1871, va a lograr constituir el primer gobierno obrero de la historia en París. Con este tema continuaremos la próxima conferencia.

___________
La idea de Revolución Permanente en Marx
León Trotsky

“La revolución permanente, en el sentido que Marx daba a esta idea, quiere decir una revolución que no se aviene a ninguna de las formas de predominio de clase, que no se detiene en la etapa democrática y pasa a las reivindicaciones de carácter socialista, abriendo la guerra franca contra la reacción, una revolución en la que cada etapa se basa en la anterior y que no puede terminar más que con la liquidación completa de la sociedad de clases.
Con el fin de disipar el caos que cerca la teoría de la revolución permanente, es necesario que separemos las tres series de ideas aglutinadas en dicha teoría.
En primer lugar, ésta encierra el problema del tránsito de la revolución democrática a la socialista. No es otro, en el fondo, el origen histórico de la teoría.
La idea de la revolución permanente fue formulada por los grandes comunistas de mediados del siglo XIX, por Marx y sus adeptos, por oposición a la ideología democrática, la cual, como es sabido, pretende que con la instauración de un Estado ‘racional’ o democrático, no hay ningún problema que no pueda ser resuelto por la vía pacífica, reformista o evolutiva. Marx consideraba la revolución burguesa de 1848 únicamente como un preludio de la revolución proletaria. Y, aunque ‘se equivocó’, su error fue un simple error de aplicación, no metodológico. La revolución de 1848 no se trocó en socialista. Pero precisamente por ello no condujo a la democracia”.

1 Todas las citas de esta parte de la conferencia, excepto indicación en contrario corresponden a: K. Marx y F. Engels, “Mensaje del comité central a la Liga de los Comunistas”, en L. Trotsky, La Teoría de la Revolución Permanente, Bs. As., CEIP-LT, 2000.
2 Alain Brossat, En los orígenes de la revolución permanente, México, Siglo XXI Ed., 1976, p. 9.
3 Extractos de: L. Trotsky, “La Revolución Permanente”, en La Teoría de la Revolución Permanente, Bs. As., CEIP-LT, 2000.

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