Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
6 de junio de 2020

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Marx y las revoluciones del siglo XIX

La Comuna de París - Cuarta Conferencia (Parte III)

07 Dec 2006 | Realizamos la 12° entrega del seminario “Marx y las revoluciones del siglo XIX” dictado por Christian Castillo en el Instituto del Pensamiento Socialista “Karl Marx”. Con esta última parte de la cuarta conferencia concluimos la publicación de las cuatro charlas del seminario.   |   comentarios

Como vimos en la parte anterior, producto de la insurrección del 18 de marzo de 1871 surge la Comuna de Paris, el primer gobierno obrero de la historia. Decía Marx: “La forma al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo”1.

Los rasgos distintivos de la Comuna
Luego de la insurrección del 18 de marzo, el poder quedó inicialmente en manos del Comité Central de la Guardia Nacional, quien va a convocar a elecciones de delegados a la Comuna para el 26 de marzo. Ese día se votaron noventa y dos consejeros, de los cuales veintiuno eran republicanos, ya sea moderados o radicales; dieciocho internacionalistas, principalmente proudhonianos; y cuarenta y cuatro neojacobinos y blanquistas, mientras que nueve escaños quedaron vacantes, ya sea por doble elección o porque los electos no podían ocupar sus cargos, como ocurría con Blanqui y Garibaldi. Entre los electos estaban Varlin, Vallés, Rigault, Jourde, Ferré, Frankel, Vaillant, Tridon, Delescluze, Eude, Vermorel y Flourens, quienes eran algunos de los principales exponentes de las distintas tendencias mencionadas. La Comuna fue proclamada el 28 de marzo. El 16 de abril una elección complementaria para sustituir a 36 consejeros aportó nuevos delegados blanquistas, internacionalistas y neojacobinos.
El primer pilar del nuevo régimen era el armamento de todo el pueblo: suspensión del ejército profesional y de la policía y su reemplazo por el pueblo en armas organizado en la Guardia Nacional, donde muchos de sus jefes eran proletarios y también había extranjeros. Este era otro rasgo distintivo de la Comuna de París: el internacionalismo.
El segundo pilar de la Comuna era el principio de revocabilidad de los mandatos: quienes fueron electos como diputados eran revocables por sus electores. Un principio ausente de las constituciones burguesas o formulado de tal manera que su implementación se vuelve casi imposible. Este principio luego se repetirá en los soviets (consejos) de la Revolución Rusa.
Otra cuestión altamente revolucionaria fue que los diputados cobraran un salario igual al promedio de los salarios obreros. Es importante porque con esto se enfrenta una forma de cooptación propia de los regímenes parlamentarios burgueses. En ellos quien llega a diputado, a senador, recibe un ingreso varias veces superior al de un trabajador, junto con todo tipo de prebendas, que apuntan a formar una casta de políticos profesionales que puedan ser puestos a su servicio por la burguesía. Esta medida de la Comuna apuntaba a evitar el “carrerismo” político. Este principio se extendió a todos los funcionarios públicos, incluidos los jueces, que también pasaron a ser electos por voto popular y revocables.
A su vez, se decreta la separación de la Iglesia del Estado y la expropiación de sus bienes. “Una vez suprimidos –decía Marx– el ejército permanente y la policía, que eran los elementos del poder material del antiguo Gobierno, la Comuna tomó medidas inmediatamente para destruir la fuerza espiritual de la represión, el ‘poder de los curas’, decretando la separación de la iglesia del Estado y la expropiación de todas las iglesias como corporaciones poseedoras” 2.
El quinto elemento era que la Comuna se constituyó como una cámara única ejecutiva y legislativa a la vez. Por ello, cuando Marx se pregunta en qué superó la Comuna al parlamento burgués, responde en que dejó de ser una cámara donde se dan discursos y pasó a ser una “corporación de trabajo” donde las decisiones a tomar eran llevadas adelante por los mismos diputados electos a la Comuna. Con ello se atacaba el principio de la independencia de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), propia de toda democracia capitalista, cuyo objetivo fundamental no es garantizar los derechos democráticos del pueblo, como arguye la burguesía, sino evitar –o limitar al ejercicio del sufragio– la intervención, presión e incidencia de los trabajadores y el pueblo pobre en la vida política.
Para realizar su tarea de gobierno la Comuna funcionó en base a diez comisiones: Ejecutiva, Militar, de Subsistencia, de Finanzas, de Justicia, Seguridad General, Trabajo, Industria y Cambios, Servicios Públicos y Enseñanza. Un mes después de su promulgación, ante el agravamiento del enfrentamiento con Versalles, esta organización descentralizada fue modificada. El 28 de abril, el bloque mayoritario compuesto por jacobinos y blanquistas, con la oposición de la minoría de internacionalistas, aprobó la formación de un Comité de Salvación Pública, que pasaba a tener autoridad sobre el resto de las comisiones. Pero este Comité no llegó realmente a concentrar el poder: sus disposiciones frecuentemente se contradecían con las tomadas por las distintas comisiones de la Comuna y por el Comité Central de la Guardia Nacional. Esta superposición dificultó la eficacia en la toma de decisiones, fundamentalmente en lo que hace a la organización de la acción militar, algo que sufrieron los sucesivos jefes militares de la Comuna (Flourens, Rossel, Cluseret y Dombrowsky).
Durante su existencia, la Comuna también se encargó de emprender una serie de medidas sociales y económicas, que expresaron su carácter de clase proletario. Entre otras, abolió el trabajo nocturno, las multas patronales a los obreros y se impuso que las fábricas abandonadas por sus propietarios y ocupadas por los trabajadores se pongan a producir inmediatamente para la Comuna. Según Marx la “Comuna aspiraba a la expropiación de los expropiadores. Quería convertir la propiedad individual en una realidad, transformando los medios de producción, la tierra y el capital, que hoy son fundamentalmente medios de esclavización y de explotación del trabajo, en simples instrumentos de trabajo libre y asociado. ¡Pero eso es comunismo, el ‘irrealizable’ comunismo!”3 . Y mostrando como la dinámica de los hechos empujaba a los responsables de las medidas económicas tomadas por la Comuna a ir más allá de sus planteos cooperativistas originales, señalaba a quienes querían disminuir el contenido revolucionario de la experiencia realizada: “si la producción cooperativa ha de ser algo más que una impostura y un engaño; si ha de sustituir al sistema capitalista; si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, más que comunismo, comunismo ‘realizable’?”.

Guerra civil
La osadía de los comuneros no sería perdonada por la burguesía que se mantenía refugiada en Versalles, a pocos kilómetros de París. Durante el mes de Marzo, el movimiento había amenazado con extenderse al interior de Francia. Se dieron levantamientos en diferentes ciudades de provincia como Lyon –donde se establece una Comuna-– y Marsella. También hay enfrentamientos en Toulouse, Carbona, Saint Etienne, y Creusot. Pero las acciones locales aisladas sin perspectiva nacional son derrotadas una por una.
Para principios de abril, el movimiento en el interior había cesado. Así es que el 2 de abril, Thiers, en su carácter de jefe de gobierno nombrado por la Asamblea de “los rurales”, rompe toda negociación con los comuneros, anuncia que el ejército ha sido reconstituido y está listo para la represión. La burguesía había ganado tiempo, ahora estaba lista para el contraataque.
Thiers había constituido un ejército de 170.000 hombres a partir de las negociaciones con Bismarck que accedió a liberar a los soldados prisioneros de guerra para reprimir la Comuna. La solidaridad de clase de los gobiernos contrarrevolucionarios supera las divisiones nacionales para masacrar a los obreros insurrectos.
Luego de seis meses de estar sitiada por las tropas prusianas, París sufrió una ofensiva sin cuartel por parte del gobierno burgués. Thiers lanzó una verdadera guerra de exterminio. Finalmente, el 20 de mayo las fuerzas de Versalles entraron en París. Los comuneros resistieron heroicamente durante 8 días peleando calle por calle pero no pudieron revertir la situación.
En esa semana de enfrentamientos fueron asesinados entre 25 y 30.000 comuneros. Fusilan a niños, a mujeres obreras que resisten hasta el final, combatiendo como pueden. También los que se entregan son fusilados. Toda la burguesía francesa iba a mirar los cadáveres. Otros varios miles fueron deportados o encarcelados. Thiers afirmó: “Yo seré despiadado; la expiación será completa y la justicia inflexible… Hemos alcanzado el objetivo. El orden, la justicia, la civilización obtuvieron al fin la victoria… El suelo está cubierto de sus cadáveres: ese espectáculo horroroso servirá de lección”. Al General Gallifet, uno de los perpetradores de los asesinatos en masa se le atribuye la siguiente frase: “Acabamos con cualquier posibilidad de insurrección en Francia por muchos años”.
 
Marx y el balance de la Comuna
Muchos miembros de la Asociación Internacional de Trabajadores participan activamente de la Comuna y caen asesinados por la represión. La Internacional se propone aprender las lecciones de esta gran gesta y su significado para la clase obrera, que Marx definía como “la hazaña más gloriosa” del proletariado desde la insurrección de junio del ’48.
Marx redactará el documento conocido como La Guerra Civil en Francia, un manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). Lo escribe haciendo un muestrario de las lecciones de esta derrota. Es una gran expresión de cómo la clase obrera no aprende filosóficamente y en una escuela, ni se educa políticamente en la universidad sino en la lucha de clases, y también de cómo cada derrota debe ser aprovechada por el proletariado sacando conclusiones que fortalezcan la estrategia revolucionaria. La Comuna de París va a ser la gran insignia del proletariado hasta 1905, su principal fuente de aprendizaje.
Durante la Comuna, sus dirigentes cometerán una serie de vacilaciones políticas que tanto Marx en el Manifiesto de la AIT, como luego Lenin y Trotsky señalarán como fuente de los principales errores políticos que contribuirán a la derrota del movimiento.

El más importante fue no lanzar inmediatamente después de la insurrección del 18 de marzo la ofensiva sobre Versalles. Cuando se produce la insurrección, la Guardia Nacional queda dueña de la situación mientras los versalleses están desorientados y no tienen muchas tropas porque la mayoría están en los campos de prisioneros de los alemanes. Pero los comuneros vacilan en marchar sobre Versalles, disolver la Asamblea Nacional y dejar a la burguesía sin ningún punto de apoyo. Esto fue decisivo porque le dio tiempo a la burguesía francesa para negociar un acuerdo con Bismarck para liberar los prisioneros, reorganizar el ejército y marchar sobre París. Los comuneros pagaron caro este error político militar. Según Marx: “En su repugnancia a aceptar la guerra civil iniciada por el asalto nocturno que Thiers realizó contra Montmartre, el Comité Central se hizo responsable esta vez de un error decisivo: no marchar inmediatamente sobre Versalles, entonces completamente indefenso, para acabar con los manejos conspirativos de Thiers y de sus “rurales”. En vez de hacer esto, volvió a permitirse que el Partido del Orden probase sus fuerzas en las urnas el 26 de marzo, día en que se celebraron las elecciones a la Comuna. Aquel día, en las mairies4 de París, ellos cruzaron blandas palabras de conciliación con sus demasiado generosos vencedores, mientras en su fuero interior hacían el voto solemne de exterminarlos en el momento oportuno”5.
Otro error grave fue no utilizar a discreción las reservas del Banco de Francia para los objetivos de defensa de la revolución. Decía Engels al respecto: “Lo más difícil de comprender es indudablemente el santo temor con que aquellos hombres se detuvieron respetuosamente en los umbrales del Banco de Francia. Fue éste, además, un error político muy grave. El Banco de Francia en manos de la Comuna hubiera valido más que diez mil rehenes. Hubiera significado la presión de toda la burguesía francesa sobre el Gobierno de Versalles para que negociase la paz con la Comuna”6 .
Estos errores no se dan en cualquier momento, sino en medio de una batalla de clases feroz. Entre el poder de Versalles y el poder de la Comuna había escaramuzas militares permanentes. Fusilamientos en masa de los primeros prisioneros tomados por Versalles. Fusilamientos antes de generales hechos por parte de la Comuna. Finalmente, los fusilamientos en masa realizados por los versalleses, que empalidecieron completamente las medidas de represalia tomadas contra el Arzobispo de París y otros rehenes, las que a su vez eran inmediatamente magnificadas por la prensa burguesa para calumniar a la Comuna.
Estas lecciones fueron fundamentales para las próximas revoluciones. De hecho, el Estado Obrero surgido de la revolución de octubre de 1917 tendrá como antecedentes, además de la revolución de 1905, la gesta de los comuneros de 1871. Marx no se equivocaba cuando decía que: “Con la Comuna de París la lucha de la clase obrera contra la clase capitalista y su Estado ha entrado en una nueva fase. Cualesquiera sean sus resultados inmediatos, se ha conquistado un nuevo punto de partida de importancia histórico universal” 7. Los dirigentes y cuadros del Partido Bolchevique, un tipo de organización cuya carencia se hizo sentir durante los poco más de dos meses que duró la Comuna, fueron justamente forjados en base al aprendizaje de estas conclusiones.

1 K., Marx, La Guerra Civil en Francia, Moscú, Ed. Progreso, 1980, p.67.
2 Idem., p. 63.
3 Idem., p. 68.
4 Las subprefecturas en que se dividía políticamente París en ese entonces.
5 Idem., p. 56.
6 F. Engels, “Introducción”, en K., Marx, op. cit., p.16.
7 K. Marx y F. Engels, Correspondencia, Bs. As., Ed. Cartago, 1987, p. 257.
_______________________________________________
Las lecciones de la Comuna (extractos), León Trotsky, 1921

“La cuestion de la electividad de los mandos fue uno de los motivos del conflicto entre la Guardia nacional y Thiers. París rehusó aceptar el mando que había designado Thiers. Varlin formuló inmediatamente la reivindicación de que todos los mandos de la Guardia nacional, sin excepción, fueran elegidos por los propios guardias nacionales. Ese fue el principal apoyo del Comité Central de la Guardia nacional.
“Esta cuestión debe ser considerada desde dos perspectivas: la política y la militar. Ambas están relacionadas entre sí, pero es preciso distinguirlas. La tarea política consistía en depurar la Guardia Nacional de los mandos contrarrevolucionarios. El único medio para conseguirlo era la total electividad, ya que la mayoría de la Guardia nacional estaba compuesta de obreros y pequeño burgueses revolucionarios. Más aún, la divisa de electividad debía ampliarse también a la infantería. De un solo golpe Thiers se hubiera visto privado de su principal arma, la oficialidad contrarrevolucionaria. Pero para realizar este plan al proletariado le faltaba un partido, una organización que dispusiera de adeptos en todas las unidades militares. En una palabra, la electividad, en este caso, no tenía como objetivo inmediato dotar a los batallones de mandos adecuados, sino liberarlos de los mandos adictos a la burguesía. Hubiera sido como una cuña para dividir el ejército en dos partes, a lo largo de una línea de clase (…).
“Pero cuando el ejército se libera del antiguo aparato de mando inevitablemente se produce un debilitamiento de la cohesión en sus filas y la disminución de su espíritu de combate. El nuevo mando elegido es a menudo bastante débil en el terreno técnico-militar y en lo tocante al mantenimiento del orden y la disciplina. De manera que cuando el ejército se libera del viejo mando contrarrevolucionario que lo oprimía, surge la cuestión de dotarle de un mando revolucionario capaz de cumplir su misión (...).
Antes que la gran masa de soldados pudiera adquirir la suficiente experiencia para seleccionar a sus mandos la revolución sería aplastada por el enemigo, que ha aprendido a escoger sus mandos durante siglos. Los métodos de democracia informe (la simple electividad) deben ser completados, y en cierta medida reemplazados, por medidas de cooptación. La revolución debe crear una estructura compuesta de organizadores experimentados, seguros, merecedores de una confianza absoluta, dotada de plenos poderes para escoger, designar y educar a los mandos. Si el particularismo y el autonomismo democrático son extremadamente peligrosos para la revolución proletaria en general, son aún diez veces más peligrosos para el ejército. Nos lo demostró el ejemplo trágico de la Comuna.
“El Comité Central de la Guardia Nacional basaba su autoridad en la electividad democrática. Pero cuando tuvo necesidad de desplegar al máximo su iniciativa en la ofensiva, sin la dirección de un partido proletario, perdió el rumbo y se apresuró a transmitir sus poderes a los representantes de la Comuna, que necesitaba una base democrática más amplia. Y jugar a las elecciones fue un gran error en ese momento. Pero una vez celebradas las elecciones y reunida la Comuna, hubiera sido preciso que ella misma creara un órgano que concentrara el poder real y reorganizara la Guardia Nacional. Y no fue así. Junto a la Comuna elegida estaba el Comité Central, cuyo carácter electivo le confería una autoridad política gracias a la cual podía enfrentarse a aquella. Al mismo tiempo se veía así privado de la energía y firmeza necesarias en las cuestiones puramente militares que, tras la organización de la Comuna, justificaban su existencia. La electividad, los métodos democráticos no son más que una de las armas de las que dispone el proletariado y su partido. La electividad no puede ser de ningún modo un fetiche, un remedio contra todos los males. Es necesario combinarla con las designaciones. El poder de la Comuna procedía de la Guardia Nacional elegida. Pero una vez creada, la Comuna hubiera debido reorganizar toda la Guardia Nacional con mano firme, dotarla de mandos seguros e instaurar un régimen disciplinario muy severo. La Comuna no lo hizo, privándose por ello de un poderoso centro dirigente revolucionario. Por ello fue aplastada.
“Podemos hojear página por página toda la historia de la Comuna y encontraremos una sola lección: es necesaria la enérgica dirección de un partido”.

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