Partido de los Trabajadores Socialistas

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6 de junio de 2020

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Marx y las revoluciones del siglo XIX

Revolución y contrarrevolución en Alemania - Tercera Conferencia (Parte II)

09 Nov 2006   |   comentarios

Antes de introducirnos en los acontecimientos de marzo en Berlín vamos a detenernos en dos preguntas: ¿cuáles eran las tareas fundamentales de la revolución alemana? y ¿cuál era el programa que Marx y Engels sostenían para resolverlas? 
Como señalábamos antes, Alemania lejos de ser un Estado unificado era un conjunto de principados, provincias y municipios. Este hecho y la supervivencia de grandes resabios feudales en el campo eran dos elementos estructurales que estaban en la base del atraso alemán. Por otro lado, la ausencia de derechos democráticos como la libertad de prensa o el sufragio universal caracterizaban tanto a la monarquía prusiana como a la austriaca.
Frente a esto, la Liga de los Comunistas (ver recuadro) elaboró un documento llamado Reivindicaciones del partido comunista alemán (ver recuadro), donde se adaptaron a las condiciones específicas de Alemania las principales tesis del programa plasmado en el Manifiesto Comunista. Esta adaptación consiste en la incorporación de una serie de medidas dirigidas contra las supervivencias del feudalismo y los elementos más atrasados de Alemania que en el programa del manifiesto ya se dan por realizadas.
En primer lugar, tomando el ejemplo de la revolución francesa de 1789, se planteaba una república “única e indivisible”: la lucha por la unidad alemana era en ese entonces una demanda de la extrema izquierda alemana. Para Marx y Engels esta consigna encerraba un planteo motor de la revolución, y será uno de los ejes de las polémicas que entablan dentro del movimiento democrático desde La Nueva Gaceta Renana: “No se puede concebir que el llamado partido demócrata radical proclame que la Constitución definitiva de Alemania deberá ser una federación de principados y minúsculas repúblicas; un Estado federal, integrado por elementos tan heterogéneos, con un gobierno republicano a la cabeza (…). Los Estados Unidos de América, sin hablar ya de que todos están constituidos de la misma manera, se extienden sobre un territorio tan grande como la Europa civilizada. Sólo una federación europea podría verse como análoga. Pero para que Alemania se federe con otros países es necesario ante todo, que se convierta en un país”1 .
En segundo lugar, esta república “única e indivisible” debía implicar para Marx y Engels el fin del régimen político reaccionario de las monarquías y la instauración de derechos democráticos como el sufragio universal y el armamento general del pueblo, y junto con esto la libertad de prensa y de reunión, la instrucción pública y gratuita, etc.
A su vez, como vimos en el caso de Hungría, la liberación de Alemania estaba indisolublemente ligada a la libertad de los pueblos que subyugaba, en este caso el pueblo polaco: “… mientras ayudemos –decían- a la opresión de Polonia, mientras encadenemos una parte de Polonia a Alemania y sigamos nosotros encadenados a Rusia2 y a la política rusa no podremos destruir radicalmente en Alemania el absolutismo patriarcal-feudal. La instauración de una Polonia democrática es la condición primera de la instauración de una Alemania democrática”3 .
Por otro lado, en las Reivindicaciones… elaboradas por la Liga de los Comunista, se planteaban una serie de medidas contra los resabios feudales en el campo: la expropiación de las fincas de los príncipes, de las minas, las canteras, de las hipotecas sobre las tierras, etc.
Junto con esto, planteaban otra serie de medidas contra la propiedad privada de los medios de transporte, canales, barcos, caminos, correos, etc., así como la supresión de la banca privada. Las Reivindicaciones… combinaban las demandas más radicales que podían concebirse en aquella Alemania desde el punto de vista del desarrollo burgués con demandas que rebasaban aquel marco e implicaban en los hechos el comienzo de la revolución proletaria.

La insurrección de Berlín
El 18 de marzo de 1848, la clase obrera inició la revolución en Berlín. Luego de una serie de fusilamientos, se había desatado la represión sobre los obreros dando lugar a un levantamiento basado especialmente en el proletariado de la ciudad. Los sectores de trabajadores, algunos artesanales, algunos ligados a la industria, enfrentan y derrotan una tropa de 14.000 hombres. Los combates duran cerca de 20 horas, donde el pueblo demuestra un enorme heroísmo. Al principio, los insurrectos combatieron solo con piedras. Luego asaltaron armerías y terminaron derrotando en las calles al ejército. Hubo 183 muertos en esa jornada, hasta que el ejército se retiró. El triunfo se expresó llevando los ataúdes de todos los caídos, la mayoría proletarios, a las puertas del Palacio Real, haciendo que el emperador tuviese que salir a rendir homenaje a los asesinados en la insurrección popular.
Frente a este gran levantamiento, Federico Guillermo IV prometió una serie de reformas que fundamentalmente favorecían el interés de la burguesía, buscando crear una división en la oposición. Tuvo que otorgar ciertas conquistas y sobre todo aceptar que Prusia encabece el llamado a una Asamblea Nacional para dictar una constitución. A partir de esta concesión, distintos Estados dieron su aprobación y votaron delegados para la Asamblea que se reuniría en Frankfurt. 
¿Qué significado tenían estas concesiones para Federico Guillermo IV? Antes que nada, quería ganar tiempo para reponerse, mejorar el estado de ánimo de las tropas, para después vengarse derrotando al proletariado berlinés. Coherentemente con esto, las medidas se limitaron a un cambio de ministros. Después de la insurrección cayó el viejo gobierno y asumieron ministros de la burguesía, entre ellos Camphausen era el que expresaba más claramente el sector de la burguesía liberal.
Pero todo el aparato del Estado se mantuvo intacto. Es más, una de las primeras medidas del nuevo gobierno fue destinar una partida de dinero para mejorar el armamento de las tropas, claramente destinada a preparar la nueva represión de la Berlín insurrecta. Así fue que, meses después, el ejército se recuperó y desató una represión brutal sobre Berlín, derrotando a los insurrectos de marzo.

1849: un nuevo momento revolucionario
Luego de la caída de Berlín, a fines de 1848, hay un nuevo momento revolucionario, que se inicia en marzo de 1849, en los Estados alemanes del sur, que va a tener lugar alrededor de la nueva Asamblea Nacional de Frankfurt. En torno a ella se había agrupado los sectores que aún continuaban en la lucha luego de la derrota de Berlín y la de Viena (que desarrollamos en la parte anterior de esta conferencia).
A principios del ’49, el gobierno austriaco se encontraba flanqueado por la contraofensiva victoriosa del ejército revolucionario húngaro, y el gobierno prusiano pretendía aprovecharse de la Asamblea de Frankfurt para avanzar en su hegemonía sobre el conjunto de Alemania. Sin embargo, en marzo el emperador austriaco promulga una constitución que refuerza la centralización del Imperio.
En este marco, la mayoría de la burguesía y la pequeñoburguesía representada en la Asamblea de Frankfurt lleva hasta el final el “pactismo” con el antiguo régimen, denunciado por Marx y Engels desde el principio de la revolución, y vota una constitución monárquica para la “pequeña Alemania” (sin incluir a Austria). En ella, las libertades democráticas conseguidas durante un año de luchas son sometidas a un régimen monárquico, ofreciéndole la corona de emperador a Federico Guillermo IV. Este rechaza la corona que califica despectivamente como de “fango y arcilla”. Luego la Asamblea es disuelta sin que sus representantes opongan resistencia. Dicho sea de paso, la Asamblea de Frankfurt jamás quiso llamar a conformar una milicia propia que pudiese hacer que sus resoluciones se transformasen en fuerza material.
Mientras tanto, el gobierno prusiano, basado en la fortaleza que implicaba haber derrotado Berlín, venía motorizando la reacción contra las libertades democráticas en los pequeños Estados alemanes. Parte de esta reacción fueron los procesamientos judiciales de Marx y Engels, y otros comunistas y demócratas.
De esta manera quedó demostrada la semblanza que Marx y Engels hacían de la burguesía prusiana cuando decían: “La burguesía prusiana no era, como la burguesía francesa de 1789, la clase que representaba a toda la sociedad moderna frente a los representantes de la vieja sociedad: la monarquía y la nobleza. Había descendido a la categoría de estamento tan opuesto a la Corona como al pueblo, pretendiendo enfrentarse con ambos e indecisa frente a cada uno de sus adversarios por separado (…), inclinada desde el primer momento a traicionar al pueblo y a pactar un compromiso con los representantes coronados de la vieja sociedad (…) revolucionaria frente a los conservadores y conservadora frente a los revolucionarios, recelosa de sus propios lemas, con frases en lugar de ideas (…), sin iniciativa, sin una vocación histórica mundial, un viejo maldito condenado a dirigir y a desviar en su propio interés senil los primeros impulsos juveniles de un pueblo robusto; sin ojos, sin orejas, sin dientes, una ruina completa: tal era la burguesía prusiana cuando, después de marzo, se encontró con el timón del Estado prusiano”4 .
En respuesta a la reacción, en los meses posteriores al rechazo de la corona por parte de Federico Guillermo, se desatan insurrecciones en Sajonia, Baden y el Palatinado, con algunos focos en Renania y otros lugares dentro de los Estados del sur de Alemania. Estos procesos tienen una gran profundidad en el campo. En Baden y el Palatinado se constituyen gobiernos revolucionarios. Estos levantamientos, paradójicamente se dan en defensa de la constitución imperial que había votado la disuelta Asamblea de Frankfurt, ya que la constitución contenía las conquistas democráticas obtenidas durante la revolución.

Marx y Engels frente al movimiento de 1849
Para este entonces Marx y Engels habían culminado el giro que venían desarrollando desde meses anteriores en su táctica de intervención política, que como vimos anteriormente consistía en propagar sus ideas comunistas trabajando desde el ala izquierda de los demócratas radicales. Este giro se concretó en abril del ’49, cuando Marx se retiró del Comité regional de los demócratas renanos que para ese entonces presidía. Engels y Marx, que desde principios de año era el presidente también del Comité de la Asociación Obrera de Colonia, concentraron todas sus energías en agrupar y cohesionar las asociaciones obreras de la provincia. Inmediatamente la Asociación Obrera de Colonia abandonó el partido demócrata y se afilió a la Fraternidad Obrera, convocando a un congreso de todas las asociaciones obreras de Renania y Westfalia.
Sin embargo, a principios de mayo es aplastada la insurrección en Sajonia y una sublevación en Elberfeld (Renania), de la cual participó Engels, también es derrotada. Para mediados de mayo Marx es expulsado de Prusia y se dicta una orden de detención contra Engels. Ambos deciden dirigirse a Baden y el Palatinado, donde los dirigentes demócratas de la insurrección les ofrecen puestos de dirección. Ambos se niegan a participar de la dirección, planteando la necesidad de independencia política de los comunistas, aunque apoyando militarmente a los demócratas frente a la reacción. Engels personalmente se queda en el Palatinado combatiendo en uno de los destacamentos revolucionarios. Mientras tanto, Marx se dirige a París donde ambos consideraban que se desataría el próximo auge revolucionario.
En este último posicionamiento frente a los gobiernos provisionales revolucionarios de Baden y el Palatinado, ya comienzan a quedar plasmadas las conclusiones que sacaran ambos revolucionarios de proceso alemán, que luego desarrollarán en toda su magnitud. Con estas lecciones continuaremos en la próxima parte de esta conferencia.

1 Citado en: F. Claudín, Marx, Engels y la revolución de 1848, Ed. Siglo XIX, Madrid, 1985, p. 97.
2 Polonia se encontraba en aquel entonces dividida y ocupada por Rusia, Prusia y Austria.
3 Citado en: F. Claudín, Marx, Engels y la revolución de 1848, Ed. Siglo XIX, Madrid, 1985, p. 100.
4 C. Marx, y F. Engels, “La burguesía y la contrarrevolución”, en Obras Fundamentales Tomo 5, Ed. FCE, México, 1989, pp. 216-217.
5 Riazanov, D., La vida y el pensamiento revolucionario de Marx y Engels, Ed. IFM, Bs. As., 2003, p. 73.
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La Liga de los Comunistas

En aquella época había varias sociedades obreras. Marx y Engels formaban parte de un agrupamiento llamado Liga de los Comunistas. La Liga de los Comunistas se había originado a partir de la Liga de los Proscriptos, fundada en 1826 por exiliados alemanes. Luego va a tomar el nombre de Liga de los Justos. Uno de sus principales dirigentes, era un obrero alemán al que Marx tenía alta estima. Se trataba de Wilhelm Weitling, un obrero artesano autodidacta. Marx, a pesar de debatir con él, decía que la burguesía en su decadencia no tenía ningún escritor que pudiera siquiera acercarse a lo que mostraba el proletariado cuando daba sus primeros pasos, a través de la obra de Weitling. Este era un comunista utópico, pero a diferencia de los que sostenían que una sociedad más justa iba a venir “desde arriba”, Weitling pensaba que iba a ser producto de la acción revolucionaria de la clase obrera: “nuestro mejor programa –decía- será forjado con sangre”. Esta idea de la acción directa, de la acción propia del proletariado en la lucha revolucionaria era lo que Weitling ponía por delante, a diferencia de otros teóricos comunistas y socialistas de la época. Sin embargo, su punto débil era que desconfiaba, o más bien se oponía a la idea de que el programa que debía levantar la clase obrera surgiera de un estudio científico de la realidad del capitalismo. Este punto lo llevó a distanciarse de Marx, y luego de la Liga, para terminar cayendo en el misticismo.
Posteriormente, la Liga de los Justos asume el nombre de Liga de los Comunistas. Desde su fundación proclamaba: “La liga persigue el derrocamiento de la burguesía y el dominio del proletariado, la supresión de la vieja sociedad burguesa, basada en el antagonismo de las clases, y la instauración de una nueva sociedad sin clases ni propiedad privada”1 . En su segundo Congreso, realizado a fines de noviembre de 1847, es encargado al "ciudadano Karl Marx" la redacción de un manifiesto que pasó a la historia como el Manifiesto Comunista.

1 Riazanov, D., La vida y el pensamiento revolucionario de Marx y Engels, Ed. IFM, Bs. As., 2003, p. 73.

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Reivindicaciones del Partido Comunista Alemán

Extractos

“¡Proletarios de todos los países, uníos!”

• Toda Alemania será declarada una e indivisible. […]
• Los diputados serán retribuidos, a fin de que los obreros alemanes puedan formar parte también del parlamento del pueblo alemán.
• Armamento general del pueblo. […]
• Las fincas de los príncipes y demás posesiones feudales, todas las minas, canteras, etc., se convierten en propiedad del Estado. En las fincas se organizará la explotación en gran escala y con los recursos más modernos de la ciencia, en provecho de la colectividad.
• Las hipotecas sobre las tierras de los campesinos se declaran propiedad del Estado; los campesinos abonarán al Estado los intereses de esas hipotecas. […]
• En lugar de los bancos privados será instituido un banco del Estado, cuyos títulos tendrán curso obligatorio. Esta medida hará posible la regularización del crédito en interés de todo el pueblo y quebrantará, por consiguiente, el poder de los grandes financieros. […]
• El Estado tomará en sus manos todos los medios de transporte: ferrocarriles, canales, barcos, caminos, correos, etc. convirtiéndolos en propiedad del Estado y poniéndolos a disposición de la clase desposeída.
• Las retribuciones de todos los funcionarios del Estado serán idénticas, salvo en los casos de familia numerosa, que recibirán una retribución mayor.
• Completa separación de la Iglesia y del Estado. El clero de todas las confesiones será pagado exclusivamente por las respectivas comunidades de creyentes.
• Reducción del derecho a herencia.
• Implantación de fuertes impuestos progresivos y abolición de los impuestos sobre los artículos de consumo.
• Organización de talleres nacionales. El Estado garantiza a todos los trabajadores medios de subsistencia y asume el cuidado de los incapacitados para trabajar.
• Instrucción general pública y gratuita.

En interés del proletariado alemán, de la pequeña burguesía y de los campesinos, hay que laborar con toda energía por la implantación de las medidas que quedan apuntadas, pues solamente la aplicación de estas medidas asegurará a los millones de hombres que hasta ahora venían siendo explotados en Alemania por una minoría insignificante, y a los que se pretenderá seguir manteniendo en la opresión, los derechos y el poder que les pertenece como creadores de toda riqueza.

El Comité: C. Marx, K. Schapper, H. Bauer, F. Engels, J. Moll, W. Wolff.

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GLOSARIO

Weitling, Wilhelm (1808-1871). Socialista alemán. Con un ideario comunista religioso, se unió en Londres a la Liga de los Comunistas en 1844, pero en 1846 rompió con Marx. Posteriormente fundó en Nueva York la Liga de la Emancipación (1847) entre sus compatriotas artesanos. Escribió La humanidad tal como es y tal como debiera ser (1838), Las garantías de la armonía y la libertad (1842), Evangelio de un pobre pecador (1844).

Camphausen, Ludolf (1803-1890). Banquero de Colonia, uno de los dirigentes de la burguesía liberal renana; en 1847 fue miembro de la Dieta Unificada; de marzo a junio de 1848 fue primer ministro de Prusia.

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