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Debates

A PROPOSITO DEL LIBRO DE LA CORREPI

“Represión en democracia”

En la misma semana que se conoció el fallo que absolvió a los policías asesinos de Gastón Duffau, salió a la venta el libro de María Del Camen Verdú, dirigente de la CORREPI, “Represión en democracia”. Esta “coincidencia”, revela la cotidianeidad de la represión policial, la tortura, el gatillo fácil y la impunidad asegurada por el andamiaje judicial y con el amparo del poder político: “del 10/12/1983 al 30/11/2008 el Estado argentino, en aplicación de sus políticas represivas, mató por lo menos 2.587 personas”

Armando Mouzo

11 de junio 2009

En la misma semana que se conoció el fallo que absolvió a los policías asesinos de Gastón Duffau, salió a la venta el libro de María Del Camen Verdú, dirigente de la CORREPI, “Represión en democracia”. Esta “coincidencia”, revela la cotidianeidad de la represión policial, la tortura, el gatillo fácil y la impunidad asegurada por el andamiaje judicial y con el amparo del poder político: “del 10/12/1983 al 30/11/2008 el Estado argentino, en aplicación de sus políticas represivas, mató por lo menos 2.587 personas”.

Este libro, como demuestra la autora, es producto de una lucha militante contra la represión policial e institucional. Le cabe a la CORREPI el mérito de haber introducido el gatillo fácil como uno de los puntos a luchar en el ámbito de los derechos humanos, y más aún teniendo en cuenta que comenzó su lucha en el auge del neoliberalismo menemista, los años ´90. De ahí que no se quede sólo en el análisis y la descripción de los “casos”, sino que define el objeto de esta represión: “Los fusilamientos perpetrados por las fuerzas de seguridad que se presentan como falsos enfrenamientos, la aplicación sistemática de torturas a detenidos legal o ilegalmente, y las facultades policiales para detener personas arbitrariamente, son las tres modalidades básicas de una forma represiva que tiene por objetivo imponer el control social sobre las grandes mayorías que deben ser disciplinadas para que acepten, como natural, su subordinación a la clase dominante”.

Este es uno de los grandes aciertos del libro y la actividad de la CORREPI, la denuncia del control social sobre las grandes mayorías, como elemento indispensable para mantener la dominación de la burguesía sobre los explotados.

Sin embargo, en el régimen democrático burgués, la burguesía también naturaliza su dominación mediante los mecanismos de la democracia, como afirmó Lenin, en “El Estado y la Revolución: “La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo, y por lo tanto el capital, al dominar (...) esta envoltura, que es la mejor de todas, cimenta su poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa, hace vacilar este Poder”. Lenin no deja dudas de las limitaciones del voto en este régimen, significa “Decidir una vez cada cierto numero de años que miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués”. La represión cotidiana que ejerce el control social acompaña y es complementaria a este régimen.

La autora define este tipo de represión como “preventiva”, y distingue una represión “selectiva”, “la que se abate en forma selectiva sobre esos mismos sectores populares cuando ya se han organizado”, esta es la represión a las movilizaciones, la promoción de causas judiciales sobre militantes, los presos políticos, entre otras formas de represión. Y define el objeto del libro: “si bien trataremos ambas vertientes, la “preventiva” y la “selectiva”, abundaremos más en la primera, precisamente por ser la más imperceptible y tolerada”.

En este sentido, demuestra que, desde 1983 hasta ahora, los casos de gatillo fácil, la tortura, la prisión, no es originada en alguna “manzana podrida”, o un “loquito suelto”, sino una práctica de toda la institución policial; también expone que esta institución participa de los hechos delictivos.

Con respecto a la política represiva afirma: “la inmensa mayoría de los policías imputados, procesados y condenados por gatillo fácil, tortura o desapariciones (...) habían sido reclutados, instruidos, formados, armados y puestos en funciones después de 1983 (...) presentar el gatillo fácil o las torturas como un resabio de la dictadura, que la democracia no ha sabido resolver, aprovecha, por una parte, alguna verdad a medias, y fundamentalmente despega de la responsabilidad directa, como autor de una política de estado, al gobierno de turno”. Este es otro de los puntos fuertes del libro, la represión es inherente a la opresión capitalista, independientemente del gobierno de turno. Pero también hay que afirmar que los gobiernos “democráticos”, mantuvieron en lo esencial lo actuado por la dictadura; que hasta el día de hoy mantienen la impunidad de los genocidas, sus cómplices y sus beneficiarios la burguesía local e imperialista.
Así como también mantuvieron la estructura y las prácticas de la policía moldeada por Ramón Camps (en el caso de la Bonaerense), en los años de plomo. Como se demostró en la desaparición de Jorge Julio López, aún hoy permanecen en la Bonaerense más de nueve mil policías que vienen de aquella época. Y fueron los policías que venían de la dictadura los encargados de instruir, en las academias o en las comisarías, a los nuevos reclutas en la represión, así como también en todos los delitos conocidos.

Denunciar también esto, permite desenmascarar a los gobiernos de la democracia como cómplices y continuadores, bajo otras formas, de la política represiva de entonces.

La autora también denuncia el instrumento policial para detener indiscriminadamente: los Códigos de Falta: “El sistema de detenciones arbitrarias en su conjunto, y sus componentes normados, las contravenciones y la Doble A (Averiguación de Antecedentes), no pueden justificarse satisfactoriamente aplicando los principios de derecho liberal burgués. No se puede explicar, desde la llamada “lógica jurídica”, que una norma permita arrestos preventivos y castigue con penas privativas de la libertad conductas que no son delito”.

Una mirada parcial

La autora destaca que “Aprendimos a diferenciar cuidadosamente las nociones de “estado” y “gobierno”, entendiendo al primero como “producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase”, como un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, la creación del ‘orden’ que legaliza y afianza y esta opresión: los gobiernos en cambio son los eventuales gerentes de ese aparato de dominación; “una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa. Desde ese punto de vista, concluimos que el sistema de detenciones arbitrarias (...), los fusilamientos de gatillo fácil, el uso sistemático de torturas en cárceles y comisarías, las muertes en lugares de detención (...) son diferentes modalidades de una única política de estado que encuentra su origen en la necesidad del estado burgués –gobierne quien gobierne- de garantizar la opresión a través del control y el disciplinamiento social”.
Si bien este análisis es correcto, deja de lado el régimen, entendido éste como las instituciones en las que se apoya la burguesía para ejercer su dominación, la dictadura en las Fuerzas Armadas, y la democracia burguesa en el voto.

De ahí su afirmación: “La realidad continental y nacional demostraba (...) que, lejos de tratarse de una conquista popular, la retirada de los militares y el advenimiento del funcionamiento institucional era una clara derrota de la lucha popular (...) no gobernaban más los militares porque ya no hacían falta”. No nos parece que estuviese dentro de los planes de la burguesía el oprobio de los militares ante la inmensa mayoría popular, así como la publicidad de los sus actos más deleznables, y los juicios, aunque muy parciales y acotados, de los jefes más emblemáticos de la dictadura. Y más aún, una mirada “continental”, demuestra lo contrario de lo que afirma la autora, la transición de dictadura a democracia burguesa en Argentina está muy lejos de lo ocurrido en Chile, donde los Pinochetistas siguen teniendo una enorme influencia en el Estado, o Uruguay y Brasil, donde no se ha juzgado a nadie y los militares tienen su poder intacto.

Por otra parte, si fue una derrota de los trabajadores y el pueblo ¿Cómo se explican las enormes movilizaciones populares demandando el juicio y castigo a los genocidas?, ¿O las masivas luchas obreras por sus reivindicaciones?

Es por esto que la autora considere que participar en los juicios contra los jerarcas de la dictadura es hacerle el juego a la política kirchnerista: “el impulso a los juicios, que (...) prácticamente no apareja costo grave alguno para el gobierno, sino que es pura ganancia, tuvo consecuencias importantes para desarticular la combatividad de parte del movimiento de derechos humanos”. (...) “Para peor, esta tarea los coloca, literalmente, codo a codo con los organismos oficiales encargados de querellar en nombre del gobierno, como los ministerios de Justicia o las secretarías de DD.HH., los organismos, insistimos, aún los menos o nada cooptados funcionan como factor de legitimación permanente del kirchnerismo, con el único consuelo de llegar a juzgar algún represor más antes de que se muera o lo maten...”

Por el contrario, no participar en estos juicios le deja el terreno libre al gobierno sin nadie que lo cuestione. Ahí esta el ejemplo de Justicia Ya, que justamente en el juicio a Etchecolatz, jerarca policial de la dictadura, demostró que lo que hubo durante los años de plomo fue un genocidio, algo que el libro no menciona, que es un nivel de represión muy superior al control social que se ejerce en todas las “democracias” del mundo. En estos juicios el CeProDH dejó en claro que no fueron sólo unos militares fascistas, sino que hubo cómplices y beneficiarios “civiles”, las burguesías locales e imperialistas, así como la burocracia sindical y los partidos políticos como el PJ, la UCR y otros como el PS y el Partido Demócrata Progresista, que aportaron funcionarios a la dictadura, y que todos deben ser enjuiciados como cómplices y “participes necesarios” de la sangrienta dictadura.

La participación en estos juicios, con esta política, lejos de ser funcional a los intereses del kirchnerismo, va a favor de la lucha contra la represión de hoy, es por esto que los miembros de Justicia Ya, fueron proscriptos como querellantes en varias de las causas que se están llevando adelante.

No obstante estos puntos de debate, consideramos que es una muy buena noticia la aparición del libro de la CORREPI, y un gran aporte a la lucha contra la represión, e invitamos a leerlo.

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