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EDITORIAL

PARA DERROTAR A LOS BUITRES Y CONQUISTAR LOS RECLAMOS OBREROS

Paro nacional activo

La ruta Panamericana recorre un cordón industrial estratégico para el capitalismo argentino. Allí las patronales yanquis decidieron atacar a los trabajadores de Lear y Donnelley, buscando dejar en la calle a más de 600 familias. La zona se ha convertido entonces en el epicentro de una de las grandes cuestiones nacionales: ¿quién defiende los puestos de trabajo? ¿cómo se lucha contra los despidos y suspensiones? ¿quién está realmente contra los buitres?

Lucho Aguilar

14 de agosto 2014

Paro nacional activo

La ruta Panamericana recorre un cordón industrial estratégico para el capitalismo argentino. Allí las patronales yanquis decidieron atacar a los trabajadores de Lear y Donnelley, buscando dejar en la calle a más de 600 familias. La zona se ha convertido entonces en el epicentro de una de las grandes cuestiones nacionales: ¿quién defiende los puestos de trabajo? ¿cómo se lucha contra los despidos y suspensiones? ¿quién está realmente contra los buitres?

Los hechos de esta semana fueron reveladores. El lunes, en su conferencia, el Jefe de Gabinete criticaba a los trabajadores en lucha y a quienes los apoyamos. A la misma hora, los obreros de Donnelley realizaban una asamblea y corte contra el cierre ilegal. El martes, Lear volvía a amanecer bajo un lockout que no logra quebrar la lucha. Los legítimos delegados empiezan a ingresar a la fábrica, tras varios fallos judiciales a su favor. Y contra quienes creían que iban a conformarse, dejan claro ante los medios: “queremos reafirmar que nuestra lucha es por la reincorporación de todos, no vamos a permitir que ningún compañero quede en la calle”.

Ese día, a la tradicional conferencia de prensa obrera en Lear se suman nuevos protagonistas. Uno de los delegados de Donnelley resume el motivo: “no vamos a permitir ningún despido ni suspensión. Por eso después de votarlo en asamblea, ingresamos y pusimos a funcionar la fábrica. Levantamos la consigna de los obreros de Lear: familias en la calle, nunca más”. Si la amenaza de despidos y después el cierre eran el ofensivo plan patronal, la salida obrera no se podía quedar atrás: ingresar y poner a producir la fábrica. Pocas horas después, mientras los gerentes fraguaban una quiebra, los obreros sacaban las mismas revistas que todas las semanas. Esta vez la noticia eran ellos: no sólo defendían sus puestos de trabajo, estaban demostrando que los patrones no son necesarios para hacer funcionar una fábrica. Ante las salidas que quieren cargar el peso de la quiebra sobre los trabajadores, su asamblea votó plantear la expropiación sin pago y la estatización bajo gestión obrera.
 
Pegando por derecha

Cruzado por un panorama de recesión económica y crisis de la deuda, en estos conflictos el gobierno muestra cómo encarará su último año de gestión.
La fórmula del ajuste incluye una cláusula política fundamental, a la que acude históricamente el peronismo en tiempo de crisis. Cuando ya no puede “contener” y enfrenta rebeliones obreras, endurece su discurso. Esta vez, acusando a la “izquierda siniestra” y “violenta” que “agita conflictos artificialmente”. Para Capitanich, Berni y Pignanelli, voceros oficiales, “los sindicatos son de Perón” y los delegados de izquierda deben ser erradicados. Ayer lo intentaron en Kraft, hoy en Lear y Donnelley.

Pero la realidad es que estas luchas se han mostrado como la única defensa seria de los puestos de trabajo, donde los delegados de base se ponen a la cabeza. La identificación de esos delegados y trabajadores con la izquierda y los sectores combativos se basa en un hecho simple: somos los que enfrentamos a las multinacionales buitres (y sus pichones locales), y a los intentos de que la crisis del “modelo” recaiga sobre los trabajadores.

Pero no son sólo discursos macartistas. El viernes 8 se realizó la quinta jornada de lucha de Lear. El gobierno llegó a reprimir y detener a una nieta restituida, Victoria Moyano, el mismo día que Estela de Carlotto presentaba a su nieto recuperado. El “relato” oficial de soberanía, empleo, no represión y derechos humanos, era desmentido en un solo acto. Y todo por cadena nacional.

El trabajo sucio lo hace Sergio Berni, un superagente anti-protestas. Sólo que ahora tiene su ‘carapintada’ con los colores yanquis. En su fin de ciclo, el kirchnerismo reformula la vieja consigna de la derecha peronista: ahora es “yanquis si, marxistas no”. La Embajada de EEUU agradecida: es otra de las interesadas en “barrer a la izquierda”.

El gobierno además insiste con el proyecto de “Ley Antipiquetes”. Para defenderlo, la cristinista Diana Conti volvió a atacar al diputado del PTS-FIT, Nicolás del Caño.
Esta política genera cortocircuitos dentro del propio oficialismo, que esta semana realizó un deslucido acto en el Luna Park bajo la consigna “Patria sí, buitres no”. ¿A quién le puede entusiasmar la prédica ‘antimperialista’ cuando ven a Berni y Pignanelli repartiendo palos y amenazas a pedido de otros buitres?

El CELS tuvo que volver a emitir un comunicado repudiando la nueva represión.
 
El temor a los delegados de base

El proceso que pone en discusión el “modelo sindical peronista” no sólo genera la furia del patotero Pignanelli. También es seguido con preocupación por los asesores empresarios. Es que también cuestiona el despotismo en las fábricas, en momentos que quieren usar el argumento de la “crisis” para aumentar la explotación obrera. Lo confiesa el abogado de Kraft, Julián De Diego: “los delegados gremiales y miembros de las comisiones internas se han convertido en una entidad con vida propia dentro de la estructura sindical, desafían los mandos naturales del gremio, y cuestionan las facultades de autoridades de dirección y de organización de la empresa. Si carecen de contención, se pueden convertir una fuerza autónoma que desoiga a cualquier autoridad…”. Quieren presentar como “anárquicos” reclamos tan simples como rechazar despidos masivos, o defender el derecho a organizarse democráticamente (esas “anárquicas” asambleas), por los cuales los trabajadores apoyan no sólo a los delegados de base de izquierda, sino crecientemente votan al Frente de Izquierda y su programa para que la crisis la paguen los capitalistas.

Más allá de los avances o retrocesos que tengan los conflictos actuales, es difícil que los ataques puedan desviar el proceso más general, en el que una nueva generación obrera se abre paso. El PTS tiene el orgullo de ser parte importante de ese sindicalismo clasista y antiburocrático, que pelea por organizar a los trabajadores no sólo sindical sino también políticamente. 

Coordinación y paro nacional

La izquierda y los trabajadores combativos tenemos la oportunidad de mostrar una salida ante el ajuste y los buitres. Ante todo, apoyando con todo las luchas en curso.

Para avanzar en la unidad de los que luchan, los obreros de Lear y Donnelley tienen una propuesta: este sábado 16 se realizará en las puertas de Donnelley un Encuentro Obrero a la que están convocados todos los sectores que se reclaman combativos y la izquierda obrera.

La convocatoria plantea la prohibición de los despidos y reparto de las horas de trabajo, la expropiación de toda fábrica que cierre y su puesta en funcionamiento bajo gestión obrera, el fin de la persecución a los delegados antiburocráticos, y una exigencia de paro nacional activo de 36 horas. Junto al reclamo del 82% a los jubilados, la eliminación del impuesto al salario y el no pago de la deuda (exigiendo “que el pueblo decida”), son la base de una salida obrera para que a la crisis la paguen los empresarios. 


Ante la convocatoria de la CGT Moyano

A pesar de los ataques y los reclamos obreros que todos conocen, las centrales opositoras no mueven un dedo. Hace meses dan vueltas con la convocatoria a un paro. Ahora dicen que será a fines de agosto, pero no se ponen de acuerdo en la fecha. Necesitamos un paro activo nacional ya. No un paro dominguero. Habrá que prepararlo con asambleas en las fábricas, donde votemos un programa para dar respuesta a los reclamos más sentidos de la clase obrera. Que sea activo, de 36 horas, con asambleas y movilización desde los lugares de trabajo a Plaza de Mayo. Y se convierta en el comienzo de un plan de lucha hasta conquistar todos los reclamos obreros.

 

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