Partido de los Trabajadores Socialistas

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14 de julio de 2020

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Marx y las revoluciones del siglo XIX

La perspectiva trazada por Marx en el Manifiesto Comunista - Primera Conferencia (Parte II)

28 Sep 2006 | Realizamos hoy la segunda entrega del seminario “Marx y las revoluciones del siglo XIX” dictado por Christian Castillo en el Instituto del Pensamiento Socialista “Karl Marx”. La Verdad Obrera publicará íntegramente las cuatro charlas del seminario.   |   comentarios

Centrémonos ahora en ese genial texto de Marx que es el Manifiesto Comunista, no para hacer un análisis acabado del mismo, sino sobre todo para ver cuál era el punto de vista de su autor en los momentos anteriores a las revoluciones de 1848. El Manifiesto es un brillante texto anticipatorio, del cuál los propios Marx y Engels opinan varias décadas después, en prólogos realizados para nuevas ediciones, que en sus elementos centrales prácticamente habría que cambiarle muy poco, salvo aquello que refería a cuestiones coyunturales y a sus predicciones inmediatas sobre el nivel de madurez alcanzado por el capitalismo. Incluso lo leemos ahora, y en algunas cuestiones parece a veces que nos habla más de la realidad actual del capitalismo que aquélla que enfrentaba Marx, donde muchos de sus señalamientos referían las tendencias del desarrollo capitalista que sólo se habían materializado en un puñado de países, principalmente en Inglaterra.
En el Manifiesto, sólo en el tercer capítulo Marx va a polemizar directamente con otras corrientes socialistas y comunistas de las cuales se quiere diferenciar. Para hacer esa diferenciación y dar algunas tácticas a los partidarios de la Liga de los Comunistas va a plantear, primero, algunas cuestiones que sintetizarían de un modo original las ideas más avanzadas de la época.
En primer lugar, la noción con la que comienza el capítulo inicial del libro llamado Burgueses y proletarios de que la historia de todas las sociedades es la historia de la lucha de clases. Un planteo que Marx había tomado de los historiadores franceses y estaba presente también en Saint Simon, pero que extiende al análisis del capitalismo, estableciendo una línea de continuidad del antagonismo de clases desde la antigüedad hasta llegar a nuestros días: “Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de la sociedad y el hundimiento de las clases en pugna”. Como es sabido, Engels va a agregar posteriormente, en la edición inglesa de 1888, una nota donde aclara que la existencia de clases es un fenómeno propio de las sociedades que han alcanzado cierto grado civilizatorio, ya que en las sociedades primitivas no había propiedad privada sino una posesión colectiva de la tierra. La diferenciación de la sociedad en clases antagónicas surgió a partir de la disolución de estas sociedades que Marx y Engels llamaban “comunistas primitivas”.
Como vemos en la cita mencionada, el Manifiesto… plantea un pronóstico alternativo sobre el devenir del enfrentamiento entre burguesía y proletariado. Puede ser que triunfe el proletariado y que las contradicciones de la sociedad burguesa sean superadas en forma progresiva o bien, pueden hundirse las dos clases en pugna y que caiga la sociedad en una completa decadencia. En ese sentido, el Manifiesto Comunista desmiente la idea que algunos han querido adjudicarle a Marx de que veía un destino inexorable hacia el comunismo. Para Marx es una posibilidad histórica, en cuanto única superación progresiva posible de las contradicciones del capitalismo, pero no un proceso automático ni inevitable. Por otra parte, toda su vida como teórico y organizador revolucionario del proletariado no tendría sentido si su concepción hubiese sido que el comunismo era un destino prefijado. ¿Para qué utilizar el tiempo en ello si igualmente el comunismo llegaría pase lo que pase?
Lo que sí es cierto es que Marx piensa que la crisis que se inicia en 1846/47 marca el inicio del agotamiento del capitalismo. Creía que la concatenación de una revolución burguesa en Alemania, con una serie de guerras y el factor del contagio revolucionario podían llevar, en ese momento histórico, a crear las condiciones favorables para la superación del modo capitalista de producción. Posteriormente, Marx y Engels señalarán que subestimaron la potencialidad de desarrollo que, todavía, tenía el modo de producción burgués. Trotsky, en A noventa años del Manifiesto Comunista dice que Marx confundió entonces los dolores de parto del capitalismo con los dolores de su agonía, ya que no se trataba de la crisis última del régimen burgués sino una de las crisis de sobreproducción de la que el capitalismo se sobrepondría y tendríaun fuerte crecimiento. En 1851/52 comienza una importante expansión burguesa, tanto en Francia como en Alemania, Gran Bretaña y EE.UU. Pensemos que Marx aún no ha escrito su obra teórica fundamental, El Capital, y que incluso en el Manifiesto… no está explícitamente formulado el concepto que el proletariado no vende su trabajo, sino su fuerza de trabajo al capitalista, algo que Marx consideraba como uno de sus principales hallazgos teóricos.

El desarrollo político del proletariado
En este primer capítulo del Manifiesto… se señala que el dominio económico de la burguesía vino acompañado por su dominio político. Se separa de los republicanos diciendo que el estado representativo moderno no es más que “una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”. Luego destaca los distintos momentos por los que pasa la evolución política de la clase obrera, que van acompañando al propio desarrollo capitalista. Por ejemplo, en Inglaterra el avance del maquinismo va junto al surgimiento del movimiento luddista, integrado por obreros artesanos que se organizaban para destruir las máquinas, a las que consideraban causantes de su malestar y del desmejoramiento de sus condiciones de vida y de trabajo. Luego, el desarrollo de la industria, al acrecentar el número de obreros y concentrarlos en masas considerables, favorece el surgimiento de coaliciones obreras contra la burguesía y en defensa de sus salarios y condiciones de vida, formando asociaciones permanentes como las “cajas obreras” y los primeros sindicatos. Finalmente, la organización obrera va más allá, pasando al terreno nacional y al estadio de lucha política. Marx pensaba que el desarrollo social de la clase trabajadora iba a venir acompañado de su organización en tanto clase políticamente independiente, en forma más o menos orgánica. Algunos autores denominan a esta concepción presente en el Manifiesto como la de “clase-partido”, donde la clase obrera como conjunto se va constituyendo en partido político. Pero yo creo que el concepto de partido que maneja Marx en el Manifiesto, es doble: por un lado señala que una clase tiene un interés histórico diferenciado de otra; una clase que existe objetivamente, logra constituirse subjetivamente como tal, y expresar un interés distinto al de sus opresores; por otro lado, también se refiere al concepto de “partido” en sentido más restringido, destacando el rol de vanguardia de los comunistas, que si bien no constituían un “partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros”, eran “el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a los demás”; los que tenían la ventaja de “su clara visión de las condiciones, de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario”. Por ello debían tener su propia organización, en este caso la Liga de los Comunistas. Luego, el propio desarrollo del capitalismo, que en el surgimiento de su etapa imperialista dio lugar a una “aristocracia obrera” que daba base material al reformismo, como planteaba Lenin, mostró la necesidad de la conformación de partidos revolucionarios de la clase obrera, independientes política y organizativamente de las corrientes reformistas y centristas.
Como dijimos, para Marx, el proletariado requiere de su organización en tanto clase “y, por lo tanto, en partido político”. En esto, Marx se separa de otras corrientes que pensaban en la organización del pueblo en general, como las tendencias republicanas o democráticas que se oponían a los regímenes absolutistas, que sostenían la subordinación política dela clase obrera a sectores de la burguesía y la pequeñoburguesía. Marx nunca dice que sólo la clase obrera es la que se rebela contra la buguesía; pero sí distingue al proletariado como la única clase “verdaderamente revolucionaria”, ya que “las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar”. En un pasaje célebre señala: “El progreso de la industria, del que la burguesía, incapaz de oponérsele, es agente involuntario, sustituye el aislamiento de los obreros, resultante de la competencia, por su unión revolucionaria mediante la asociación. Así, el desarrollo de la gran industria socava bajo los pies de la burguesía las bases sobre las que ésta produce y se apropia lo producido. La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros”. La clase obrera es además la única que para conquistar las fuerzas productivas sociales debe terminar “con su modo de apropiación en vigor y, por lo tanto, todo modo de apropiación hasta nuestros días”.

Abolición de la propiedad capitalista
El Manifiesto, en su segundo capítulo, también tiene una clara explicación de cuál es la perspectiva programática que se plantea la Liga de los Comunistas. Dice que los comunistas son acusados de querer liquidar toda propiedad. Entonces, dialogando con el pequeño propietario al que la burguesía asusta con el espectro del comunismo, Marx dice que la pequeña propiedad está liquidada históricamente por la propia tendencia del desarrollo capitalista. Lo que los comunistas queremos abolir, dice Marx, es aquella propiedad de la cual casi toda la sociedad está privada: la propiedad capitalista. Por el contrario, había otras tendencias socialistas y comunistas que cuestionaban la propiedad capitalista, pero decían que debía ser reemplazada por un orden de pequeños propietarios basado en la cooperación. Contra ellas discute Marx en el tercer capítulo del Manifiesto.
Otro de los puntos programáticos centrales que Marx considera que la clase obrera tendrá que asumir con la conquista del poder –y que mantiene vigencia- es el pasaje de los medios de producción de propiedad de la burguesía, a propiedad nacionalizada: “El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas”. Es decir ¿para qué es necesaria una revolución proletaria? Para expropiar los medios de producción que estaban en manos de la burguesía y empezar una reconstrucción económica y social en un régimen basado en la propiedad nacionalizada de los medios de producción.
Para ir terminando, creo que hay que señalar otras dos cuestiones muy importantes del Manifiesto.... Primero, la convicción de que el comunismo es un proyecto universal. La idea de que no es posible construir el socialismo en un solo país no la inventa Trotsky. Está presente en Marx desde el inicio. Porque el capitalismo ha constituido su dominación sobre el terreno internacional, es decir, el capitalismo no es una suma de países capitalistas, sino un mercado mundial estructurado, algo propio del desarrollo del dominio burgués y estadio del cual debe partir todo sistema histórico superior a ése. Pero esta concepción no implica un internacionalismo abstracto, a la manera de quienes hoy sostienen que se puede evitar la lucha por el poder estatal. Marx escribe que “por su forma, aunque no por su contenido, la lucha del proletariado es primeramente una lucha nacional. Es natural que el proletariado de cada país deba acabar en primer lugar con su propia burguesía”.
Segundo, debemos señalar que Marx no juzgaba por igual a todo nacionalismo. Por ejemplo, al nacionalismo polaco contra la dominación prusiana y rusa, lo considera progresivo. Lo mismo con el nacionalismo húngaro, el italiano o la lucha por la unidad alemana. Pero al mismo tiempo, señala los límites que tiene toda lucha nacional conducida por la burguesía, cuestionamiento que se va a profundizar con la derrota de los procesos revolucionarios de 1848. Al calor de estos mismos procesos, fundamentalmente en los enfrentamientos que se dan en Francia en junio de ese año, Marx va a incorporar la fórmula de “dictadura del proletariado”, que aunque presente como contenido, no está literalmente incorporada en el Manifiesto.



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