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16 de diciembre de 2019

La Verdad Obrera N° 476

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La escasez de dólares pone al desnudo el "modelo” K

24 May 2012   |   comentarios

¿Qué pasa con el dólar?

En los últimos días el gobierno puso en práctica nuevas trabas para la compra de dólares en los bancos. Esto refuerza las que empezaron a aplicarse en los últimos meses del año pasado y se complementan con las barreras para las importaciones que viene aplicando Guillermo Moreno (exigiendo declaraciones juradas para evaluar cada compra). Estas trabas elevaron el precio del dólar paralelo (el que no se compra en los bancos) a más de seis pesos.

Esta escasez de dólares se da cuando el saldo comercial es positivo. Lo que exporta el país supera a las compras realizadas en el extranjero. Además, aunque desde el año pasado el Banco Central empezó a perder reservas, estas aún son altas y esto también marca una diferencia con otros momentos de la historia donde hubo corridas cambiarias. Por eso el gobierno busca gestionar una devaluación a cuenta gotas, antes que suba fuerte el dólar porque esto aceleraría la inflación.
Esta carencia de dólares es muy reveladora de cómo ha venido funcionando la economía argentina. Y además, desmiente muchas de las transformaciones que se supone se habrían producido con el "modelo” K.

¿A dónde se van los dólares?

Uno de los principales motivos que explican la salida de dólares es la elevada presencia de capital extranjero en el país. Las multinacionales que controlan buena parte de las principales instalaciones productivas y recursos fundamentales, han aumentado su presencia en el país en la última década. Si en 1997 había, dentro de las 500 grandes empresas 289 de capital extranjero y 211 de capital nacional, para 2009 la relación era de 324 extranjeras contra 176 de capital argentino. El gobierno que se proclama nacional y popular convivió gratamente con esta presencia incrementada del capital extranjero, al cual le dió importantes subsidios y beneficios. Y estas empresas han destinado la mayor parte de sus ganancias, no a realizar inversiones, sino a girar remesas de utilidades al exterior. En 2010, las utilidades y dividendos representaron 7.100 millones de dólares. Si el año pasado no superaron por mucho esa cifra, fue porque el gobierno realizó fuertes presiones sobre varias empresas, que sólo en parte fueron exitosas.

Si la profundización de la extranjerización de la economía durante los años K es un primer aspecto crucial en la salida de dólares, el segundo es el acelerado crecimiento de las compras al extranjero. Desde comienzos de la década pasada Argentina tuvo un fuerte crecimiento de las exportaciones en gran medida por los precios de los granos (principalmente soja) que aumentaron mucho más que las cantidades exportadas. Pero también son muy altas las compras al extranjero. Hoy, se importa per cápita un 33% más que en 1998 porque no se revirtió sustancialmente la desarticulación productiva que acompañó la reestructuración empresaria de los años ’90, que lanzó a millones de trabajadores a la desocupación. Esto se expresa en que por cada auto que se produce en las terminales locales, se importan autopartes por un valor equivalente al que tiene en promedio cada auto que se exporta. Es decir, que en el mejor de los casos, el saldo de exportaciones que deja esto es igual a cero. Cuanto más produce la industria automotriz, más tiene que importar. Esto es el resultado de una década de altas ganancias industriales (conseguidas en buena parte por un ajuste a los salarios), de las cuales sólo una pequeña parte fue reinvertida en la producción. En el “modelo” K se desarrollan las ganancias, no la estructura productiva.
Y finalmente, lo que más deterioró el balance comercial son las importaciones de combustible. Esto nos ilustra otro aspecto del "modelo K", que fue dejar que los sectores empresarios muy desprestigiados luego de 2001, como son las privatizadas, conserven todas sus posiciones en la economía argentina, poniéndole sólo algunos límites. El resultado es que en la mayoría de los casos las empresas conservaron ganancias (en algunos casos, como el del petróleo, muy elevadas), pero con un esquema de escasa inversión. En el caso de Repsol-YPF esto llevó a que el país tuviera que comprar en el extranjero cantidades crecientes de combustible, mientras caían la producción y las reservas locales.

Por último, hay que señalar que a pesar del discurso de desendeudamiento, año a año son miles de millones los dólares que se pagan de deuda. El gobierno orientó todas las medidas para defender los dólares en función de afrontar los vencimientos de deuda muy altos, y por eso se dice que hasta que no se garanticen los pagos de Boden en agosto no se van a relajar las restricciones.

La falta de dólares muestra desde todos los ángulos que las transformaciones estructurales que se le adjudican al llamado “modelo K”, no se han producido. Ni se revirtió la extranjerización, ni se dió la mentada recuperación productiva, aunque sí la de las ganancias capitalistas, ni la deuda dejó de tener un peso enorme en el presupuesto estatal. A esto se debe la escasez de dólares. Para evitar la fuga de dólares hay que dejar de pagar la deuda, establecer el monopolio estatal del comercio exterior y expropiar al capital imperialista que expolia los recursos nacionales. Todas estas medidas tienen que ser integradas en un plan que se oriente a satisfacer las necesidades del pueblo trabajador.

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