Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
29 de mayo de 2020

La Verdad Obrera N° 482 (sólo en internet)

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La crisis "energética" de una economía que pierde marcha

05 Jul 2012   |   comentarios

Todos los pronósticos sobre la economía local se vienen ajustando a la baja. A los efectos de la crisis económica mundial y el desgaste del “modelo”, el kirchnerismo agrega los métodos de Guillermo Moreno que profundizaron la desaceleración. Aunque la situación aún no es de catástrofe el gobierno optó por hostigar a los trabajadores con la idea que el “mundo se nos vino encima” para que el ajuste caiga sobre el salario y las condiciones de vida de la clase obrera.

Los privilegiados del “modelo” contra los trabajadores

A pesar de la supuesta industrialización de la que hablan los K, la escasez de dólares no se profundizó gracias a los altos precios de la soja que prometían una campaña no muy mala pese a la sequía. Igualmente, pasados los meses de mayor comercialización, grandes exportadores sojeros, como Cargill y Bunge, retienen ventas especulando con que aumente el tipo de cambio. Lo mismo hacen las mineras.
La industria muestra crecimiento cero y el consumo se desacelera. Las automotrices ya no pueden compensar en el mercado interno (como hacían hace algunos meses) la fuerte desaceleración de las compras de Brasil. En lo que va del año se hundió 10% la producción. El declive de la inversión también es del 10% y más profundo en la construcción. La destrucción de empleo alcanza los 328.518 puestos de trabajo entre el último trimestre de 2011 y el primero de 2012 (Boletín Estadístico del Mercado Laboral, Junio 2012). Las suspensiones llegan a 5.000 en las automotrices. El parate de la industria amenaza los empleos existentes: a los más de 30 mil que ya cuentan con un subsidio estatal (los Repro), otros 20 mil entraron en zona de riesgo en las últimas semanas.

Es la crisis mundial, pero también el desgaste del “modelo”

Esta situación es producto de la crisis, pero también de las crecientes contradicciones acumuladas en la economía argentina, además de las políticas para enfrentarlas. Las dificultades tienen su mayor expresión en una inflación que hace años supera el 20% (con excepción del 2009 bajo el impacto de la crisis mundial). El gobierno quiso remendar este problema sin hacer grandes cambios, aplicando controles de precios, techos a las paritarias, subsidios y adulterando las estadísticas del Indec. Las medidas no sirvieron para frenar la inflación, pero sí significaron enormes recursos para subsidiar las ganancias de los empresarios. Los subsidios también crecieron por otras “rigideces”, como la producción decreciente de hidrocarburos (la de petróleo viene cayendo desde 1998 y la de gas desde 2004). Las empresas energéticas se la “llevaron con pala” produciendo cada vez menos, y el Estado cargó con la cuenta mientras dejó que estas hicieran su negocio, hasta el repentino (y tardío) brote “nacional y popular” que llevó este año a la expropiación parcial de YPF.
Gracias al brutal ajuste de la devaluación de Duhalde (un gran servicio al “modelo” K), mejoró la situación fiscal, el saldo comercial, la competitividad de las exportaciones y también las ganancias capitalistas sobre la base del saqueo al salario. Pero las dificultades crecientes fueron agotando estos pilares. Para sostener el gasto público en ascenso por los subsidios, el gobierno debió financiarse con los fondos de distintos organismos e instituciones públicas (Banco Nación, PAMI, Banco Central), recurrir a nuevas “cajas” (como la del ANSES al costo de negarles el 82% móvil a los jubilados), y confiar cada vez más en las mejoras de la recaudación que permite la inflación (una forma de ajuste encubierto soportado por los “contribuyentes” y que afecta mayormente a los asalariados y el pueblo pobre, ya que el principal impuesto es el IVA), licuando de paso las partidas presupuestarias del “gasto social”.

La inflación o cómo el “modelo” se erosiona

La inflación aumentó, entre otros factores, por la escasa inversión para sostener el crecimiento a “tasas chinas” y la demanda en ascenso, y por los sucesivos ajustes de precios. La inflación, al encarecer lo que se produce en el país, carcomió una parte de las ventajas de competitividad logradas por la devaluación. Por esto, los precios locales medidos en dólares comenzaron hace unos años a aproximarse a los internacionales, y si esto ocurrió lentamente, no fue por las virtudes del “modelo”, sino porque otras monedas quedaron sobrevaluadas respecto al dólar. Esto ocurrió con el Real, pero se empezó a revertir en los últimos meses porque la moneda brasileña fue devaluada por el gobierno de Dilma Rousseff. La inflación hizo emerger una contradicción entre rentabilidad (que los empresarios se garantizarían ajustando los precios) y competitividad (que se reduce a medida que se ajustan los precios).

Moreno fogonea la desaceleración

Este es el trasfondo de la creciente especulación sobre un ajuste del tipo de cambio y de la salida de capitales. Además de otros “detalles” estructurales como que se siguen yendo enormes cantidades de dólares por la deuda y por las remesas de las empresas extranjeras que dominan el aparato productivo. Si en otros momentos el kirchnerismo pudo soportar salidas de capitales aún sin mayores preocupaciones (como en 2008 y 2009), la necesidad de usar los dólares del Banco Central para pagar la deuda, y las crecientes exigencias de dólares para comprar combustible, hicieron sonar las alarmas. Guillermo Moreno, impuso sucesivas trabas a la compra de dólares a la vez que empezó a frenar las importaciones, “sintonía gruesa”, para enfrentar a martillazos la escasez de dólares.

El desdoblamiento del mercado cambiario tuvo un fuerte efecto negativo en el sector inmobiliario, que creció de la mano del agropower, que recicló sus dólares comprando propiedades. Las trabas a las importaciones crearon problemas a numerosas industrias (el 80% de lo importado son bienes de capital e insumos básicos necesarios para producir), lo que se sumó al estrechamiento de los márgenes que viene causando la inflación, los problemas creados por la devaluación del Real y la menor perspectiva de crecimiento del país vecino. De esta forma, el “éxito” de Moreno fue fogonear la desaceleración económica.

No es “mala praxis”, los K defienden las ganancias

Varios consultores y (en off) algunos empresarios, hablan de “mala praxis” por la responsabilidad del gobierno en frenar aún más la economía. La ilusión alimentada por el progresismo K de que la intervención estatal puede conciliar las contradicciones que aquejan a la economía capitalista, se da de bruces con la realidad. Y está empezando a crear problemas en todos los frentes: una situación fiscal estrecha, que se traduce en el ajuste “tercerizado” a las provincias (como vemos en estos días en la Provincia de Buenos Aires) mediante la reducción de los fondos transferidos discrecionalmente (que compensaban la baja participación de las provincias en la coparticipación); dólares que no alcanzan para todo; y, finalmente, producto de la “sintonía gruesa” de Moreno, se acentúo la desaceleración.

Algunos sectores comenzaron con timidez a circular la receta empresaria de siempre: “ajustar” el tipo de cambio, es decir devaluar, un ajuste directo sobre la clase trabajadora. Los consultores del establishment y medios periodísticos como ˜ámbito Financiero y El Cronista, más ligados a las finanzas, tienen el programa de volver a endeudarse en los “mercados”, de ajuste profundo desarmando los subsidios “sincerando” las tarifas y contener la inflación. Pero, por ahora, no tienen carnadura en segmentos significativos de la burguesía. Si la “sintonía fina” implica subas de tarifas y otras medidas de ataque “en varios pasos” sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora, las propuestas alternativas incluyen un mayor ajuste de un solo saque; esta es la diferencia. Los K vienen practicando una devaluación administrada, el ajuste inflacionario del salario y el enfriamiento de la economía. Es decir, un programa para defender la ganancia y la competitividad de los capitalistas.

Ante los preparativos de la burguesía que frente a la crisis mundial y el desgaste del “modelo” quiere descargar los costos sobre la clase trabajadora, debemos prepararnos para enfrentarlos luchando por un programa que comience por la exigencia de un salario igual a la canasta básica, ajuste automático del salario según la inflación real, ningún despido ni suspensión, y que levante las demandas de toda la clase trabajadora, efectivos, contratados, precarios y desocupados. Este programa sólo puede imponerse si los trabajadores ponemos en pie un gran partido sin patrones, que mediante su propio gobierno encare la expropiación de los expropiadores que fugan los dólares y manejan los principales recursos económicos del país.

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