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NACIONAL

EL CONGELAMIENTO DE PRECIOS ES TRUCHO

Ganancias sin control

El congelamiento de precios de febrero y el actual acuerdo sobre 500 productos es un montaje del gobierno para generar la sensación de que la inflación está contenida y hacer pasar las paritarias a la baja. El salario se sigue deteriorando con la inflación mientras nadie controla las ganancias empresarias

Pablo Anino

6 de junio 2013

Ganancias sin control

El congelamiento de precios de febrero y el actual acuerdo sobre 500 productos es un montaje del gobierno para generar la sensación de que la inflación está contenida y hacer pasar las paritarias a la baja. El salario se sigue deteriorando con la inflación mientras nadie controla las ganancias empresarias.

Los supermercados “juegan” con los precios

Los listados de precios “controlados” de los 500 productos fueron fijados por las empresas y Guillermo Moreno. Son una ínfima parte de los más de 30.000 productos que ofrecen y siguen remarcando sin control. No solo eso. El listado es una burla. Hay escasa presencia de variedades de productos básicos como la leche, a la vez que exceso de otros que no son de primera necesidad. Otros productos como el azúcar que tieneprecio acordado no se consiguen y la marca de los listados (Dominó) no aparece en ningún lado. Lo mismo ocurre con harinas, aceites y otros productos. De esta forma se obliga a consumir productos con precios más caros.
Ahora las empresas productoras comenzaron a hacer pequeñas trampas variando levemente los envoltorios y características de los productos de modo de ofrecer variedades casi similares, saltear los controles y cobrar más caro. La “creatividad” patronal no tiene fin.

El salario bajo control, las ganancias en libertad

El salario promedio de los trabajadores en negro es de $3400 y el mínimo, vital y móvil de $2.875. No alcanzan ni a la mitad de la canasta familiar. La gran mayoría de los registrados tampoco alcanza la canasta. Las llegadas tarde, las idas al baño y los tiempos de descanso son cronometrados milimétricamente en las fábricas. A fin de mes descuentan el impuesto a las ganancias fijado por el gobierno. El Ministerio de Trabajo hace estadísticas de días de huelga, de huelguistas, días perdidos por las empresas, que muchas veces son descontados. El salario, las horas de trabajo, las condiciones laborales, son objeto de una escrupulosa estadística empresarial y estatal.

Un puñado de grandes supermercados facturó 104 mil millones de dólares en 2012. Equivale a que a más de un millón de trabajadores se les pague la canasta básica de $7.000 durante todo un año. En 2012, Arcor (la más importante alimenticia) ganó más de $267 millones, Ledesma (el principal productor de azúcar) $203 millones, la aceitera Molinos $30 millones. En 2011 Kraft Foods tuvo ganancias por $35 millones. Y la lista sigue. ¿Quién los controla? Nadie. Los contrastes de clase aparecen hasta en estos “detalles”. Los obreros desposeídos de todo son objeto de todo control, los capitalistas de ninguno. Incluso esos números de millonarias ganancias tienen mucho dibujo que los capitalistas utilizan para subdeclarar y evadir impuestos. Mientras los militantes K “miran para cuidar” los precios, por su costado van los camiones de caudales llenos de ganancias empresarias.

Control obrero y popular

Un verdadero control es una cuestión de clase. Es decir, está asociado a la acción e intereses de los trabajadores y sectores populares organizados en comités para controlar precios, pero también el stock de las empresas para poner a disposición de los consumidores todos los productos de los bienes de la canasta. Los trabajadores de las principales fábricas de la alimentación organizados en comités de control si exigieran la apertura de los libros de contabilidad de las empresas en las que trabajan develarían los costos permitiendo ver las ganancias capitalistas. Por otro lado, esto contribuiría a determinar verdadera diferencia entre el costo de los productos y sus precios en las góndolas, a la vez exponer lo que se embolsan los supermercados e intermediarios. Se habla de remarcaciones siderales. Hay que acabar con el secreto comercial e imponer que las grandes cadenas de supermercados abran sus libros de contabilidad para dar a conocer sus ganancias. No sólo eso. La estatización de todos los bancos y una banca estatal única permitiría dar crédito barato a los trabajadores y el pueblo pobre, acabando con las gigantescas ganancias financieras, eliminando entre otras muchas estafas todas las cargas financieras que se establecen para los pagos con tarjeta, sumas enormes que los supermercadistas recargan sobre los precios para luego hacer los días de “descuento”. Un engaño.

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