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Notas de Tapa

Cristinismo o el bonapartismo de la “Louis Vuitton”

La elección de Cristina Fernández de Kirchner a Amado Bodou (un liberal formado en las filas de la UPAU y el menemismo) como su vicepresidente, termina de confirmar al cristinismo como la “etapa superadora” del kirchnerismo.

30 de junio 2011

La elección de Cristina Fernández de Kirchner a Amado Boudou (un liberal formado en las filas de la UPAU y el menemismo) como su vicepresidente, termina de confirmar al cristinismo como la “etapa superadora” del kirchnerismo.

La designación a dedo de los candidatos en las listas del FpV indica que la Presidenta decidió dar una clara señal a la clase dominante de que su autoridad política es indiscutida. Muestra también la voluntad de constituir una fuerza propia que sustente su poder a partir del manejo del aparato de Estado capitalista. La elección del ex “Chicago Boy”, Bodou, es un aviso al establishment empresarial de continuidad del modelo económico. La imposición de Gabriel Mariotto como Vice de Daniel Scioli, tiene el objetivo de imponer un “comisario político” al gobernador y constituye un ninguneo ejemplar para el PJ bonaerense. La burocracia sindical moyanista, el aliado estratégico del fallecido Néstor Kirchner, fue otro de los sectores relegados, confirmando que, más allá de las declaraciones de compromiso para no “sacar los pies del palto”, esa alianza clave está en crisis y el enfrentamiento se mantiene en estado latente. El próximo periodo kirchnerista no va a contar con la incondicionalidad absoluta de los sindicatos. Los movimientos sociales han sido los más ninguneados de todos. D’Elia llegó a decir que eran “kelpers” dentro del FpV. Los gobernadores también tuvieron lo suyo y fueron obligados a aceptar el veto de sus candidatos por el Secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zanini. La novedad ha sido el encumbramiento de los “pibes” de La Campora, presentado como un “recambio generacional”. Pero más que esto, es la demostración de que se intenta construir fuerza propia a partir de la utilización una nueva burocracia del Estado burgués, sin entrenamiento político, sin lazos fuertes con los aparatos tradicionales y menos que menos con las luchas sociales.

Fin del ciclo populista

El cristinismo ha decretado el fin del kirchnerismo “populista” para dar lugar a una coalición “moderna” e “institucional” donde los mismos viejos actores se esconden tras las figuras de los funcionarios públicos y aceptan a regañadientes las órdenes de CFK. A diferencia de Néstor Kirchner, el cristinismo busca aprovechar el momento para imponerse desde arriba y subordinar al peronismo o aggiornarlo promoviendo a su propia tropa reclutada entre una varieté de carreristas, transformistas de derecha e izquierda y burócratas del Estado.

La nueva coalición K tiene una impronta pequeñoburguesa conservadora por donde se la mire. Su programa es la creación de una fuerza política de funcionarios públicos rentados, impuesta en frio, desde arriba. Su fin es evitar toda acusación de populismo -pecado original del kirchnerismo para la burguesía-, mientras se le pone un freno más represivo a la protesta social, para presentar una imagen de institucionalidad y apego al orden. Es por último un intento de recuperar el voto y el apoyo de la pequeñoburguesía que había migrado del kirchnerismo tras el lockout agrario de 2008.

Cristinismo y bonapartismo

La ofensiva cristinista se apoya en las grandes condiciones de conservadurismo social creadas por el crecimiento económico, en el desprestigio de los dirigentes del peronismo y de los sindicatos, en una oposición desperdigada y a la deriva, y en la derrota estratégica de la “corpo” mediática. Boudou y Mariotto (sobre todo éste último), son a su vez dos leales soldados de la causa anti Clarín. El cristinismo, es una especie de bonapartismo de la “Louise Vuitton” (reformulando la expresión “bonapartismo con faldas” del marxista argentino Milcíades Peña). CFK erigida como la heredera de la “causa nacional y popular”, y por la “autoridad” incontestable que le dan las encuestas, y el manejo de la caja, se permite humillar a sus aliados, obligándolos a ir al pie. La cantidad de heridos y resentimientos que deja la decisión presidencial, las luchas de las camarillas pejotistas desplazadas, hace que la coalición que surge sea, en este sentido, exponencialmente más frágil y explosiva que la que llevó al poder a la Presidente en 2007.

El “mal menor” gira a la derecha

El escándalo Schoklender, la represión a los docentes de Santa Cruz, la designación de Bodou, es de conjunto un desmentido categórico a los que plantean la teoría del “mal menor” frente a la amenaza derechista. Cristina se corre a la derecha copiándole la agenda. El anuncio sobre el desembarco de la Gendarmería para militarizar el sur de la Capital y la decisión de reprimir a los docentes de Santa Cruz son directivas emanadas de la presidencia. CFK dio la voz de orden cuando atacó a los piquetes de docentes y petroleros. Las patronales lo han comprendido y por eso aprovechan para pegar contra los luchadores y las posiciones avanzadas que ha conquistado el sindicalismo de base (como es el caso de la patronal de Kraft). Históricamente ha sido la movilización popular la que frena a la reacción. Por el contrario. la política de “colonización” del kirchnerismo sobre las viejas organizaciones populares ha resultado en su esterilización como fuerzas de oposición social, facilitando el campo de acción para un próximo rearme de la derecha. En este sentido, el daño asestado a la legitimidad del movimiento de los DD.HH. por el escándalo Schoklender, no es posible aún mensurarlo en toda su gravedad.

El único programa de independencia política de las organizaciones obreras, sociales y populares, el único que defiende los derechos democráticos del pueblo trabajador y que se apoya -y apoya- en la lucha de clases, es el del Frente de Izquierda y los Trabajadores.

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