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NACIONAL

A 37 AÑOS DEL GOLPE

Ayer también espiaban a los delegados de Terrabusi y a la izquierda

Enero 1974. “Al señor director de la SIPBA: adjunto informe y panfleto relacionado con la detención de un menor que, en el acceso a la empresa Terrabusi de Pacheco, difundía los mismos. Se ampliará toda novedad al respecto”.

Lucho Aguilar

14 de marzo 2013

Ayer también espiaban a los delegados de Terrabusi y a la izquierda

Enero 1974. “Al señor director de la SIPBA: adjunto informe y panfleto relacionado con la detención de un menor que, en el acceso a la empresa Terrabusi de Pacheco, difundía los mismos. Se ampliará toda novedad al respecto”. El cable estaba firmado por el responsable de la Delegación Tigre de la Secretaría de Inteligencia de la Policía de Buenos Aires (SIPBA).
Dos años después, otro informe: “Este establecimiento modelo no escapa al cuadro general de la zona (General Pacheco), lo que se ve agravado por su proximidad con la planta Ford, siendo eco de sus problemas. Algunos de sus delegados integraban la Coordinadora de Gremios, siendo los restantes y gran parte de las bases arrastrados por el criterio de los principales activistas zonales con el resultado de medidas de fuerza y constantes conflictos”1. El ‘establecimiento modelo’ era Terrabusi (hoy Kraft), y el informe está redactado por otro agente de inteligencia, a principios de 1976.

Los obreros de la planta alimenticia, junto a decenas de fábricas de la Zona Norte, eran parte del ascenso obrero que, además de enfrentar a las patronales y la burocracia, cuestionaba al gobierno peronista con ‘constantes conflictos’ y hasta huelgas generales. Por eso estaban en la mira de los servicios que trabajaban en la zona.

“Todas lo hacen”

- Mercedes Benz hacía espionaje en las asambleas-, reconoce el ex gerente de la automotriz.

- ¿Y quiénes eran los espías?-, le pregunta entonces el fiscal.
- Ay, no sé. Pero todas las empresas del mundo lo hacen cuando tienen problemas así…

El diálogo ocurrió en una audiencia judicial por los desaparecidos de la automotriz Mercedes Benz. El ex gerente, de apellido Cuevas, reconoció que había entregado los nombres de los integrantes de la comisión interna a la División Delitos Políticos de la Policía Federal. Varios de esos activistas fueron luego desaparecidos, con la colaboración de la empresa y del SMATA.

Así, uno a uno se repiten los casos de espionaje a quienes protagonizaban las luchas en los años 70, o luego resistían la dictadura.

Un nido de espías

En la Zona Norte, la cacería de los delegados combativos y la militancia tuvo un epicentro: Campo de Mayo. Allí funcionaba la Zona 4 del Ejército, que abarcaba Escobar, Tigre, San Martín, San Fernando, José C. Paz, y otras localidades. Dentro de la guarnición también funcionaban la Escuela de Inteligencia, el Destacamento de Inteligencia 201 y la Escuela de Gendarmería.

Pero el espionaje contó además con el aporte de la Comisaría 1ª y la Delegación Tigre de la SIPBA, y de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). Creada por Juan Domingo Perón en 1946, durante su tercer gobierno sumó a integrantes del peronismo de derecha y matones de la burocracia sindical (como el preferido de la Presidenta, Gerardo Martínez).
En Campo de Mayo se publicaba además la revista Manual de Informaciones, que se ocupaba de la formación de los agentes de la inteligencia militar, y era auspiciada por importantes empresas como Ford, Astarsa, Bunge y Born2. Hoy se sigue publicando. Y desde el mismo lugar.
Esta semana la justicia condenó a Reynaldo Bignone y otros diez represores por su actuación en Campo de Mayo. Pero por allí se estima que pasaron 5000 detenidos desaparecidos, y hubo sólo 43 sobrevivientes. Otros cientos de represores, del Ejército y Gendarmería, siguen impunes. Peor. A 37 años del golpe militar, formados seguramente por los que ayer perseguían a nuestros compañeros detenidos y desaparecidos, sigue funcionando desde ese mismo lugar un aparato de agentes destinados a investigar a los luchadores y la izquierda. El gobierno nacional los encubre y defiende. Así no hace más que confirmar el carácter estratégico y permanente que tiene el espionaje para el Estado capitalista.

Esta cuestión no puede escapar a las nuevas generaciones militantes. Debe servir para prepararse más conscientemente para las luchas que vienen, y para tomar en sus manos la pelea contra las persecuciones, y en defensa del derecho a manifestarse y organizarse.

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