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Claves N° 5

Vuelve a escena el movimiento obrero

Desde hace unos tres años se asiste a un lento pero profundo proceso de recuperación del proletariado boliviano, animado por la gran politización nacional y la mejora relativa en el empleo de los últimos años.

14 de agosto 2008

Desde hace unos tres años se asiste a un lento pero profundo proceso de recuperación del proletariado boliviano, animado por la gran politización nacional y la mejora relativa en el empleo de los últimos años. El surgimiento de sindicatos en numerosas empresas y fábricas, elementos de un nuevo sindicalismo combativo en El Alto, la renovada combatividad de sectores como los maestros y los trabajadores de salud, son expresión de este proceso que tiene su vanguardia más destacada en Huanuni, con el fortalecimiento y creciente protagonismo de los mineros.

El gobierno del MAS ha hecho muy escasas y mínimas concesiones a los trabajadores, a fin de no afectar sus compromisos con la patronal grande, mediana y pequeña que prospera con la brutal superexplotación obrera. A pesar de los discursos y promesas, los bajos salarios (el promedio nacional está en apenas 100 US$), la precarización laboral, el despotismo empresarial, las agotadoras jornadas de 10, 12 y más horas de trabajo, el incumplimiento de horas extras, bonos, descansos, etc., no han cambiado. El ministro “obrero” Walter Delgadillo, con la colaboración de las burocracia sindicales más afines al MAS hace todo lo posible para mantener el statu quo e impedir que se desarrollen movilizaciones obreras más avanzadas. Más aún, son varias las luchas obreras que han sufrido la represión bajo el gobierno de Evo, siendo la última los recientes hechos en Caihuasi donde dos mineros de Huanuni fueron asesinados por las balas policiales y varios resultaron heridos.

Las movilizaciones de las últimas semanas, con paros y bloqueos de diversos sectores laborales (maestros urbanos y rurales, mineros, municipales de Cochabamba, grandes marchas de las CODes de Oruro y Potosí, etc.), levantaron progresivas reivindicaciones por el salario, las jubilaciones, y otras.

Estas luchas son un síntoma de que el movimiento obrero empieza a resurgir como un sujeto social diferenciado, perfilándose una “oposición obrera” por izquierda y progresiva que expresa un avance en la experiencia de los trabajadores avanzados con el MAS y sus promesas.

Esto, pese a la política confusa, burocrática y aventurera de la COB. La cúpula burocrática mantuvo excelentes relaciones con el Palacio Quemado durante dos años, dándole la espaldas a las luchas por el salario y la reorganización obrera. Luego, ante el descontento de las bases y por motivos propios, llamó a una “huelga general indefinida” sin ninguna preparación ni un claro posicionamiento político, lo que no podía sino confundir y aislar la lucha de los sectores movilizados, para luego de la represión, suspender todo sin más y firmar un nuevo acuerdo con el gobierno.

Está planteado el desafío de pelear por poner a la clase obrera a la vanguardia y sellar su alianza con los combativos “movimientos sociales” de base campesina, indígena y popular, que fueron los grandes protagonistas en años anteriores y hoy están contenidos por el MAS, impulsando una política independiente de los trabajadores, e internamente, en la COB y los sindicatos, uniendo la lucha contra la burocracia, por la democracia obrera y la independencia frente al Gobierno, el Estado y los capitalistas.

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