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MACRI Y EL FINO PALACIOS

Una restauración noventista

Con la designación al frente de la nueva policía porteña de Jorge “Fino” Palacios, Mauricio Macri se ha puesto en evidencia. El designado Palacios es uno de los represores de la Plaza de Mayo el 20 de diciembre del 2001, co-responsable del asesinato de cinco manifestantes y decenas de heridos. Pero su prontuario no se reduce al papel de represor, sino que tiene causas abiertas por las sospechas de complicidad con el atentado de la AMIA y los secuestradores de Axel Blumberg.

Facundo Aguirre

30 de julio 2009

Con la designación al frente de la nueva policía porteña de Jorge “Fino” Palacios, Mauricio Macri se ha puesto en evidencia. El designado Palacios es uno de los represores de la Plaza de Mayo el 20 de diciembre del 2001, co-responsable del asesinato de cinco manifestantes y decenas de heridos. Pero su prontuario no se reduce al papel de represor, sino que tiene causas abiertas por las sospechas de complicidad con el atentado de la AMIA y los secuestradores de Axel Blumberg.

El papel a jugar por la nueva fuerza que va a encabezar Palacios fue definido por el ministro de Justicia y Seguridad de la Ciudad, Guillermo Montenegro, quien declaró a Radio 10 que la Policía Metropolitana tiene que erradicar los piquetes “(...) hay que hacer cumplir la ley. Hay leyes que dicen que las calles no pueden ser cortadas. (...) La falta de respeto a las leyes, ha hecho muy complejo moverse por la Ciudad (...)”. Recordemos además que Mauricio Macri fue el único representante de la nueva derecha que se animó a defender públicamente el retorno a las privatizaciones indiscriminadas de los ’90 durante la campaña electoral. Como declara Montenegro, su posición está justificada porque “La gente está reclamando que haya orden en la Ciudad de Buenos Aires”.

Democracia de los propietarios

Macri encarna en este sentido una restauración noventista que garantice el orden contra las movilizaciones populares, la tranquilidad de los sectores acomodados y los grandes negociados empresariales en la Ciudad de Buenos Aires. Está haciendo real, dándole carnadura en la figura de un represor declarado, su viejo llamado del 2007, cuando triunfó por primera vez en la ciudad de Buenos Aires, a dejar atrás “el siglo de los derechos humanos” para iniciar “el siglo de las obligaciones ciudadanas” (Página 12 25/06/07). El macrismo encarna los principios de aquel viejo pensador reaccionario, Edmund Burke (1729/1797), para quien los pretendidos “derechos del hombre” que instauró la Revolución Francesa, permitieron la destrucción de las mejores tradiciones francesas dando lugar al gobierno de la plebe. Burke, para quien el “dinero es el sustituto técnico de Dios” era partidario de un gobierno de las elites que garantizaran la mayoría del principio de propiedad contra el principio de la democracia “como las fuerzas ideales representan una vivísima y poderosa expresión de actividad, mientras que el principio de la propiedad es un factor por naturaleza inerte y tardo, este último no podría seguramente hacer frente a la violencia de las primeras, sino a base de estar representado en mayoría predominante, por encima de todo criterio proporcional” (Reflexiones sobre la Revolución francesa).

Macri se ofrece como representante de los sectores acomodados de las clases medias y altas que crecieron y fortalecieron gracias al usufructo de la renta agraria e inmobiliaria beneficiándose de la política del progresismo kirchnerista. Estos sectores protagonizaron el cacerolazo fashion del 2008 en apoyo a los sojeros, en clara oposición y rebeldía contra lo que consideran la demagogia populista y ante el temor de que la crisis social amenace su tranquilidad y la seguridad de sus bienes. El PRO representa la prepotencia social de las elites que pretenden que la democracia para ricos los considere a ellos los únicos y exclusivos ciudadanos.

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