Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
8 de abril de 2020

La Verdad Obrera N° 567

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Una polémica con el “Pollo” Sobrero

24 Apr 2014   |   comentarios

Rubén “Pollo” Sobrero, dirigente ferroviario del Sarmiento y referente de Izquierda Socialista se empeña en no decir que Hugo Moyano es la burocracia sindical. Antes del paro nacional del 10, diferenciándolo de Barrionuevo al que sí considera un burócrata. Pero en un largo reportaje en La Nación del día 16 insiste. No acordamos con el Pollo. Pegarle a quien se dijo “recontralacahuete” de Menem, cuando este liquidaba el país a precio vil y dejaba una secuela de millones de desocupados, es fácil. Pero el gastronómico de la CGT Azul y Blanca no dirige a la clase obrera.

Moyano por su pasado en el MTA y del enfrentamiento a Menem y después a De la Rua, se ganó un prestigio de dirigente que defendía los intereses obreros y que era distinto a los “gordos”. Él puede ser un nuevo Ubaldini. Por eso Néstor Kirchner fue a negociar con él para mantener al movimiento obrero controlado. A cambio de esto recibió, él y su gremio Camioneros, innumerables beneficios. Por eso Moyano fue el encargado de poner un techo a las paritarias durante los años que fue kirchnerista. Cuando fue el duro conflicto de Kraft-Terrabusi en el año 2009 Moyano salió a denunciar a sus dirigentes por “ultraizquierdistas” dándole argumentos a la Bonaerense de Scioli y Kirchner para reprimir y desalojar la planta. ¿Cómo se define a un dirigente así?

Un año después polemizando con la revista que su hijo Facundo editaba, el Poke Hermosilla criticando a Moyano padre escribía en julio de 2010: “El que acusa a los obreros de Kraft, por su parte hizo “política” a lo grande y meses después de nuestros conflicto recibió a la Embajadora de EEUU, VIlma Socorro en la CGT con un rico asado en un gesto político inédito”.

Para nosotros Moyano es uno de los mayores burócratas sindicales, con más poder y por eso su responsabilidad es mayor y la crítica tiene que ser implacable. En la convocatoria del Encuentro dice claro: “Ante esta situación han crecido las luchas sindicales y populares pero se encuentran aisladas ante la pasividad de las diversas centrales sindicales, donde sus dirigentes, parte de la burocracia sindical, dan una tregua a empresarios y gobiernos y se reúnen con políticos patronales, ajenos a los intereses de los trabajadores y apoyan e integran sus listas partidarias (…) Al no darle continuidad al paro nacional del 20 de noviembre del 2012, que fue contundente, con un nuevo paro y un plan de lucha nacional unificado, la CGT y CTA dejan pasar el ajuste”. Esta definición involucra a Moyano, pero el Pollo dice otra cosa. Esa es una de las causas por la que no integramos una corriente sindical común con el Pollo y con el Perro.

Cuando los socialistas hablamos de burocracia sindical no nos limitamos a criticar los aspectos antidemocráticos como: no convocar asambleas, apretar a los opositores, hacer fraude en las elecciones, tener estatutos que no permiten la representatividad de las minorías y que a su vez los dirigentes se atornillen a los sillones por décadas, entre otras tantas “burocrateadas”. Obvio, que la lucha por la democracia sindical es una de las grandes banderas contra estos burócratas, pero no la única diferencia.

Son agentes de la patronal en nuestra filas

La burocracia sindical surge como una necesidad de la burguesía (de nuestro país y a nivel mundial) de controlar desde adentro a las organizaciones obreras con agentes que le sean fieles. O sea no de defensores de los intereses obreros sino de ser una especie de “mediadores” entre el Capital y el Trabajo. Ese rol, que generalmente es de traidor, la burguesía se lo recompensa de varias maneras: con la estatización de los sindicatos, con la cuota sindical recolectada en forma compulsiva por los empresarios, con la distribución discrecional del dinero para las obras sociales, y de innumerables acuerdos y convenios, como el que tiene Camioneros sobre el examen para el carnet profesional. O la llamada cuota solidaria que le quitan a los que no son afiliados sin darle ningún beneficio. O los hacen socios de sus empresas como fue con las privatizaciones donde dirigentes metalúrgicos, ferroviarios, lucifuercistas, etc. se convirtieron en sindicalistas empresarios. Eso sin hablar de la guita que le pasan bajo cuerda para levantar una huelga o para despedir activistas. La burocracia sindical es un sector privilegiado, que no labura y muchos viven como millonarios (no sólo Barrionuevo, ¡Moyano también!).

Moyano no escapa a esta descripción sino que incluso es uno de sus máximos representantes. La lucha de los socialistas es para acabar con todos los burocratas sindicales. La primera condición es hablarle claro a los trabajadores, incluso chocando con la opinión de que Moyano no es un burócrata porque es distinto que Barrionuevo.

La burocracia sindical está detrás de los proyectos patronales

Pero además de su rol en la CGT, Hugo Moyano antes apoyó a Kirchner, en las elecciones del año pasado fue en la lista de De Narváez y ahora le simpatiza Massa, y puede jugar con Scioli con quien tiene una vieja relación. Todos estos dirigentes políticos tienen proyectos patronales, por lo tanto contrario a los intereses obreros. La burocracia sindical moyanista fue y es también parte de estos proyectos políticos. También la CGT oficialista, donde la mayoría estuvo con Menem y hoy son kirchneristas, como lo es la CTA de Yasky, mientras la CTA de Micheli se desvive por ser parte del frente que lleve a Binner u otra variante capitalista “potable”.

Los marxistas debemos luchar por la independencia política de los trabajadores. Esa es la esencia del clasismo. Ser clasistas no significa ser sectarios, como cree el Pollo. Por eso hacemos unidad en la acción hasta con burócratas como Barrionuevo (con la máxima “golpear juntos, marchar separados”) y no le exigimos a los sectores antiburocráticos y combativos que participaron en Atlanta que adhieran al clasismo, pero luchamos para que no sólo la vanguardia luchadora sino la mayoría de la clase obrera sea clasista.

La burocracia sindical de todo pelaje es enemiga de esta estrategia. Son la sífilis del movimiento obrero, como dijeran los maestros del marxismo.

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