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Notas

Un programa para defender y extender las conquistas de la revolución

PTS

2 de octubre 2010

Si a principios de la década de 1990 la restauración del capitalismo en la ex URSS, Europa del Este y China reforzó la ofensiva neoliberal profundizando el retroceso de la capacidad de organización y lucha de la clase obrera y la crisis de la perspectiva de la revolución social, el triunfo de la restauración capitalista en Cuba significaría sin ninguna duda una derrota de gran magnitud para los trabajadores, los campesinos y los sectores explotados de la región y abrirá las puertas a una política más agresiva del imperialismo en toda América Latina.

La única forma de evitar esta perspectiva es luchar por una revolución política encabezada por los trabajadores, en alianza con los campesinos y sectores populares, que partiendo de la defensa de las conquistas de la revolución, derrote el bloqueo imperialista y ponga fin a la burocracia y sus privilegios. Esta revolución está íntimamente relacionada con las perspectivas de la revolución social en todo el continente.

Los revolucionarios no podemos dejar que el imperialismo, los gusanos y la disidencia pro capitalista, como la de las Damas de Blanco, usurpen demagógicamente las banderas de los derechos humanos y de la situación de los llamados “presos políticos” para sus fines reaccionarios. Contra los abusos y acusaciones arbitrarias del régimen castrista, nos pronunciamos por la conformación de comisiones obreras y campesinas independientes y por la libertad de aquellos presos políticos que no estén vinculados con actos de terrorismo o apadrinados por la CIA, sin ningún tipo de solidaridad con sus posiciones políticas. A la vez nos pronunciamos por la libertad inmediata de los cinco cubanos presos en Estados Unidos, que el imperialismo usa como rehenes y parte de su chantaje.

El régimen de partido único implica que no puede existir otra organización política legal más que el Partido Comunista ni organizaciones sindicales o sociales que no sean las afines al aparato partidario. De esta forma se prohíbe cualquier tipo de organización independiente de los trabajadores, mientras da vía libre para que se organice la Iglesia católica que no es más que la avanzada de la restauración capitalista, un papel que ya cumplió con creces en la Polonia de los años ’80, donde después de contribuir durante décadas con el régimen burocrático a mantener las condiciones de opresión de los trabajadores, fue uno de los pilares de la restauración.

La dirección oficial de la central sindical, la CTC, es la encargada de que los trabajadores acepten las condiciones impuestas por la burocracia. Incluso llegó al colmo de ser la encargada de anunciar el plan de reducción de la plantilla estatal en un comunicado público, en el que reproduce los conceptos del régimen hostiles a los trabajadores y a la tradición igualitaria que acompañó a la revolución cubana.

Los revolucionarios luchamos por el pleno derecho de reunión, expresión y organización sindical de los trabajadores cubanos, imprescindible para enfrentar este ataque a las condiciones de vida y empleo. La experiencia de Solidaridad en Polonia en 1980-81, mostró que los sindicatos pueden jugar un rol central en la organización de la lucha de la clase obrera para enfrentar las medidas de la burocracia gobernante, pero que también pueden tener una dirección partidaria de la restauración capitalista, aunque su programa se presente bajo la forma de autogestión obrera como alternativa a la planificación burocrática.

Incluso al interior del PCC han surgido sectores críticos de la burocracia que ven como salida la autogestión empresarial y la introducción de ciertas medidas de mercado como corrección a los problemas económicos, recreando en cierto sentido un programa similar al de la perestroika rusa.

Sin embargo, este programa autogestionario en lugar de democratizar las relaciones de producción, socava los mecanismos de planificación y alienta el desarrollo de la competencia y las tendencias capitalistas de la acumulación por parte de los directores y gerentes de las empresas en detrimento de la organización de la economía de conjunto, lo que finalmente lejos de facilitar el control de los trabajadores sobre la producción, termina favoreciendo a los sectores restauracionistas de la burocracia. Por eso es necesario pelear en los sindicatos y en los organismos de autodeterminación obrera y popular que eventualmente surjan en el curso de la lucha, por un programa que parta de la defensa de la nacionalización y centralización de los principales medios de producción como condición para enfrentar la restauración del capitalismo y planificar democráticamente la economía.

Contra el régimen burocrático de partido único y contra el programa de establecer una democracia burguesa parlamentaria, luchamos por tirar abajo el régimen burocrático y establecer un estado obrero revolucionario basado en consejos de trabajadores, campesinos y soldados, y por la plena legalidad para los partidos que defiendan las conquistas de la revolución y los que se reivindiquen anticapitalistas.

La primera tarea de estos consejos de obreros, campesinos y soldados, apoyados en milicias populares, es revertir las medidas de ajuste, como los despidos y los recortes de beneficios como los comedores obreros, revisar de manera exhaustiva y radical las medidas adoptadas durante el “período especial” y el gobierno de Raúl, incluyendo las concesiones al capital extranjero, y orientar la economía en beneficio de los intereses de la revolución y de los trabajadores, los campesinos y las masas populares cubanas, estableciendo una planificación democrática de la economía.

Para esto es indispensable el control obrero de la producción y de las empresas, hoy en manos de la burocracia y los altos mandos de las FAR; terminar con los privilegios de funcionarios estatales y toda la burocracia, permitiendo así un aumento general del salario obrero que, junto a la eliminación de la dualidad monetaria, disminuya las desigualdades sociales; y recuperar plenamente el monopolio del comercio exterior, seriamente socavado durante las últimas décadas, para contrarrestar las fuertes presiones del mercado mundial capitalista.

Para llevar a cabo este programa es necesaria la construcción de un partido obrero revolucionario internacionalista, es decir trotskista, que enfrente todas las falsas opciones que se le presentan al proletariado cubano tanto desde el imperialismo como de la propia burocracia gobernante.

El Partido Comunista Cubano confía en la negociación y los buenos oficios de los “gobiernos amigos”, como el gobierno capitalista de Lula o el de Chávez y apuesta a que el gobierno de Obama termine abriendo un canal de diálogo para negociar el levantamiento del bloqueo a cambio de la introducción gradual de “reformas” procapitalistas. Nos pronunciamos contra todo diálogo o negociación con los gusanos y el imperialismo. Frente a esta política que llevará a la derrota decimos que los aliados del pueblo cubano en su lucha contra el imperialismo y el bloqueo son los trabajadores y campesinos de América Latina y no las burguesías cipayas de la región, socias menores del imperialismo. Llamamos a las masas explotadas y oprimidas latinoamericanas y de todo el mundo a expresar su solidaridad activa con el pueblo cubano contra el imperialismo y los intentos de restauración capitalista, para que Cuba vuelva a ser una inspiración de lucha en todo el continente y se transforme en un motor del combate por la revolución socialista internacional.

Prensa

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