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Claves N° 6

Un primer balance de la asonada

Aunque el MAS y sus seguidores caracterizaron la arremetida autonomista como un “golpe cívico-prefectural” y sin dudas muchos cívicos hubieran querido sacarse de encima a Evo Morales, los objetivos prácticos del movimiento fueron más modestos y apuntaban a restablecer una relación de fuerzas favorable a la derecha, en un esfuerzo por revertir las secuelas del triunfo electoral de Evo el 10 de agosto, con 2/3 de los votos nacionales y frenar la nueva CPE o imponer una negociación en mejores condiciones.

18 de septiembre 2008

Aunque el MAS y sus seguidores caracterizaron la arremetida autonomista como un “golpe cívico-prefectural” y sin dudas muchos cívicos hubieran querido sacarse de encima a Evo Morales, los objetivos prácticos del movimiento fueron más modestos y apuntaban a restablecer una relación de fuerzas favorable a la derecha, en un esfuerzo por revertir las secuelas del triunfo electoral de Evo el 10 de agosto, con 2/3 de los votos nacionales y frenar la nueva CPE o imponer una negociación en mejores condiciones.

Es por ello que lo hemos caracterizado como una “asonada autonomista” apoyada en la acción de grupos fascistas como su “vanguardia militar”. Pese a su violencia (intentando compensar con la radicalización de sus métodos los límites sociales y políticos) los autonomistas no pudieron superar los límites de la “media luna”, la derecha está muy debilitada en Occidente y por ahora no cuentan con suficiente apoyo entre los militares para fines más ambiciosos. Además, no pudieron revertir la erosión de su dominio en su “retaguardia departamental”, control que viene erosionándose (como reflejaron distorsionadamente los resultados electorales del 10 de agosto).
Tampoco es realista hablar de que la respuesta haya sido un levantamiento o insurrección de masas, comparable a los de 2003 y 2005. Debido al rol del MAS y sus aliados, no hubo una intervención generalizada de masas que descalabrara a los autonomistas aunque estos, que “pegaron primero” en sus regiones y masacraron en Pando, tampoco lograron aplastar a los movimientos sociales más combativos de Santa Cruz y otras zonas. Finalmente, los hechos de Pando, conmoviendo a la opinión pública nacional e internacional, se volvieron contra la propia “media luna” cuando la arremetida autonomista comenzaba ya a perder fuerza.

Desde el punto de vista político, el gobierno vuelve a la mesa de negociaciones en una posición favorable, mientras que los prefectos del CONALDE quedan políticamente debilitados y han perdido el control de Pando.

Sin embargo, el terreno del diálogo y el papel “facilitador” de la Iglesia y la “comunidad internacional” los benefician para buscar en las negociaciones lo que en las calles no lograron consolidar... contando a su favor con la política conciliadora del MAS, como adelanta la letra del “preacuerdo”.
El MAS y sus aliados impidieron que en el momento álgido de la crisis irrumpieran las masas de conjunto, lo que podría haber volcado a su favor el resultado. Por eso, y aunque no hay que descartar nuevos fenómenos de lucha u organización en los sectores avanzados, los elementos que posiblemente más pesen en la nueva coyuntura sean “por derecha”: el proceso de diálogo buscando un “gran acuerdo nacional” con la reacción, un papel más activo (y reaccionario) de las FF.AA., una mayor ingerencia al servicio del orden semicolonial a través de UNASUR, OEA y ONU; todo en el clima de “pacificación y diálogo” desmovilizador que intentan imponer, desde la Iglesia, prensa y TV, a las ONG, con aval del MAS, para girar todo el escenario de negociación lo más posible a la derecha.

Desde ya que pese al diálogo el conflicto no puede darse por cerrado. La crisis política es crónica y se alimenta de las profundas contradicciones económicas, sociales y políticas que han llevado a la situación de “régimen fracturado” entre el poder central y los departamentos autonomistas; esto en el marco de la enorme polarización social y política nacional.

Aunque finalmente se allane el camino al referéndum sobre la nueva CPE, cualquier acuerdo con los Prefectos y la derecha parlamentaria sería sobre la base de hacer mayores concesiones. Si no se llega a un pacto, la derecha mantendrá las manos libres para hostilizar el proceso de la nueva CPE y lejos de “aislar a la derecha golpista” como pretende el MAS, el diálogo habrá servido para legalizar las agresiones de la reacción autonomista, darle nuevo aliento y preparar nuevas ofensivas más envalentonados... como ha pasado hasta ahora en dos años de intentar conciliar.

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