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INTERNACIONAL

Ucrania a sangre y fuego

En la noche del 18 al 19 de febrero se vivieron en Kiev, la capital ucraniana, las escenas más violentas desde el comienzo de las protestas y movilizaciones encabezadas por la oposición de derecha contra el gobierno de ese país en noviembre del 2013.

20 de febrero 2014

En la noche del 18 al 19 de febrero se vivieron en Kiev, la capital ucraniana, las escenas más violentas desde el comienzo de las protestas y movilizaciones encabezadas por la oposición de derecha contra el gobierno de ese país en noviembre del 2013. La violenta lucha enfrenta dos proyectos capitalistas, el pro ruso y el pro Unión Europea (con apoyo de EEUU). Hubo por lo menos 26 muertos, de los cuales 11 policías, y más de 240 heridos, muchos luego de ser baleados. Esto es producto de un giro represivo del presidente Viktor Yanukovich en el medio de una situación de profunda crisis económica, política y social que atraviesa el país y de la que nadie ve claramente una resolución.

Si bien las movilizaciones ya habían tomado un tono más violento a mediados de enero cuando el gobierno ucraniano había hecho votar en el parlamento leyes que restringían fuertemente el derecho a manifestar, desde hacía por lo menos dos semanas la situación parecía estar apaciguándose y entrando en una fase de negociaciones. La anulación de estas leyes antidemocráticas, consecuencia de las movilizaciones, y las presiones internas y externas sobre el gobierno, así como la renuncia del entonces primer ministro Mycola Azarov, contribuyeron a establecer esta “tensa calma”. De hecho, los manifestantes no evacuaron las plazas y edificios públicos ocupados en distintas ciudades como Kiev y otras en el oeste del país.

Sin embargo, una brusca maniobra de los diputados del partido oficialista (el Partido de las Regiones), que se negaron a inscribir en el orden del día la discusión de una serie de leyes que conducirían a la reforma del régimen político, provocó la reactivación de las protestas. Cerca de 20 mil manifestantes se dirigieron hacia el parlamento ucraniano y ocuparon un edificio del Ejército situado cerca de éste. Luego de un ultimátum por parte del gobierno, el servicio de subterráneo fue interrumpido y se instalaron controles en las rutas que conducen a Kiev, en un intento claro de aislar a los manifestantes.

En la tarde-noche del martes 18 las fuerzas de represivas, apoyadas por tres tanques blindados y camiones hidrantes, lanzaban el asalto a la Plaza de la Independencia (Maidan), ocupada desde noviembre por los manifestantes opositores. Los ocupantes de la plaza los recibieron con bombas molotov, piedras, pirotecnia e incluso algunos con armas de fuego. Es a lo largo de estos enfrentamientos que se produjeron la mayoría de los muertos y heridos. Finalmente, la policía pudo ingresar a la plaza pero por el momento solo ocupa un tercio de la misma.

En otras ciudades del oeste del país como Lvov, según fuentes, los manifestantes habrían ocupado los edificios de la administración local. También, habrían atacado comisarías y edificios militares. Un depósito de armas estaría bajo control de los manifestantes, que en esta región están ampliamente dirigidos por la extrema-derecha nacionalista del partido Swoboda.

¿Solo un giro represivo del gobierno?

En estos últimos días Yanukovich y sus allegados se veían divididos en la actitud que se debía adoptar frente a los manifestantes. Por un lado, un sector apoyado (o más bien impulsado) por Moscú se inclinaba más por una actitud represiva; mientras que por otro lado, sectores de la oligarquía nacional presionaban al gobierno para que adoptase una línea más “dialogante” con la oposición y el imperialismo. Este sector, amenazado por los dirigentes imperialistas, teme ver sus intereses afectados y sus fortunas bloqueadas en los bancos occidentales.

La cuestión es que este “giro represivo” podría ser el signo de algún tipo de acuerdo entre el presidente Yanukovich y Rusia. Lo que pudo haber acelerado esto es sin lugar a dudas la situación económica catastrófica del país, que se degradó profundamente desde principios de este año. Ya desde antes del inicio de las protestas, Ucrania se encontraba al borde de la bancarrota. En este sentido, la promesa de un préstamo de 15 mil millones de dólares, así como una baja en la tarifa del gas, por parte de Rusia había jugado un rol determinante para que Yanukovich tomase la decisión de no firmar el acuerdo de asociación con la UE en noviembre pasado.

Un primer tramo de 3 mil millones fue entregado a Ucrania en diciembre. En enero, luego de la renuncia del primer ministro Azarov, el gobierno ruso condicionó el desembolso del resto del préstamo a la formación de un nuevo gobierno que le sea favorable. Pero el lunes 17 febrero, dirigentes rusos declaraban que Rusia concedería un nuevo tramo de 2 mil millones de dólares de los 15 mil millones que le prometió a Kiev. Aun no se sabe en qué se comprometió el gobierno ucraniano. A esto hay que agregarle que el imperialismo no es capaz actualmente de ofrecer algo siquiera cercano a la oferta rusa, ni siquiera una integración de Ucrania a corto plazo a la UE.

Por su parte, los dirigentes imperialistas de la UE, sobre todo Alemania, que mantenían una posición más “cautelosa”, ahora realzan el tono amenazando con sanciones individuales “contra los responsables de la violencia y la represión”. Al mismo tiempo, para mantener abierta la negociación y no adentrarse en una situación de violencia incontrolable, llaman a la calma, al dialogo y a la búsqueda de una solución común con Rusia.

El gobierno ruso justamente habla de complot e “intento de golpe de estado” por parte de los occidentales y los culpa por la violencia. Al mismo tiempo llama a la oposición ucraniana a retomar las negociaciones con el “gobierno legitimo”, el de Yanukovich. Es por esto que no podemos excluir la posibilidad que este vuelco represivo no sea algún tipo de intento de inclinar la relación de fuerzas a favor de Yanukovich y los aliados de Rusia para negociar desde una posición más confortable. De hecho, mientras cerramos esta nota, el presidente Yanukovich declara haber establecido una “tregua” con la oposición.

¡Luchar por una perspectiva de clase!

Actualmente ningún escenario puede ser excluido en Ucrania, incluso los más “catastróficos”. Claro que el imperialismo, por el momento, aun apuesta a una salida negociada entre el gobierno ucraniano, la oposición y Rusia. Pero la represión contra los ocupantes de Maidan podría estar reactivando y radicalizando la resistencia tanto en la capital como en las regiones de oeste del país.

En este sentido, de intensificarse la lucha, un escenario de tipo “yugoslavo” no debería excluirse. De hecho, ciertos dirigentes rusos ya empiezan a hablar de crear una Ucrania “federativa”. Así, Serguei Glaziev, consejero de Putin, explica que “hay que dar más derechos a las regiones de Ucrania para que puedan tener sus propios presupuestos y determinar parcialmente su propia política extranjera” .

Pero frente a estas alternativas reaccionarias tanto del poder pro-ruso, como de la oposición pro-UE y los grupos de extrema-derecha nacionalistas lo que falta es una alternativa claramente de clase que defienda y luche por los intereses de los trabajadores y las clases populares. En las zonas más industrializadas del Este los trabajadores se muestran escépticos, cuando no apoyan a Yanukovich.

Mas en general, el movimiento obrero organizado no intervino por el momento en la crisis ucraniana. Esto sería fundamental para darle otro contenido a esta explosión social. Una explosión social que es evidentemente mucho más profunda que el pedido de un “acercamiento” a la UE, pero que lamentablemente por el momento logra ser capitalizada ya sea por la oposición pro-UE o por grupos neofascistas.

Los trabajadores y las masas de Ucrania podrían inspirarse de la revuelta en Bosnia en donde las reivindicaciones obreras y populares son centrales. Tomar esa senda sería también una forma de disputarle sectores importantes de las clases medias a las tendencias reaccionarias y burguesas y crear una alianza de clase explosiva capaz de cuestionar profundamente el capitalismo semi-colonial ucraniano.

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