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A 70 años de la fundación de la IV° Internacional

Trotsky y la perspectiva de la revolución proletaria en China

La lógica del desarrollo de la revolución china y las características de sus relaciones sociales internas mostraban que las tareas democráticas y de unidad nacional se presentaban indudablemente unidas a las tareas socialistas y al enfrentamiento del proletariado con la burguesía.

22 de mayo 2008

La lógica del desarrollo de la revolución china y las características de sus relaciones sociales internas mostraban que las tareas democráticas y de unidad nacional se presentaban indudablemente unidas a las tareas socialistas y al enfrentamiento del proletariado con la burguesía.

Veamos el análisis de Trotsky. En el campo, los terratenientes estaban íntimamente relacionados con los sectores burgueses. En China la revolución agraria debía adquirir tanto un carácter antifeudal como antiburgués, ya que ambas propiedades se enlazaban junto al capital extranjero para explotar al campesino pobre y al peón rural. La insurrección se alzará no sólo contra los terratenientes, sino contra los campesinos ricos y los usureros. En segundo lugar, la autonomía política y económica de la Nación, implicaba el enfrentamiento y la liberación del dominio imperialista, pero para la estabilidad del capitalismo europeo era crucial la sumisión de China, dándole a esta confrontación un antagonismo total. Para llevar adelante semejante tarea, era necesaria la movilización de las masas oprimidas del país, algo que la burguesía nacional temía más que al infierno mismo. Por otro lado la injerencia del capital extranjero, hacía imperioso ligar el programa de control obrero directamente al de expropiación de las empresas extranjeras y nacionales, como forma de afianzar el poder del proletariado. Por último, el carácter socialista de la lucha estaba dado también, por la madurez política de los polos de la contienda, la burguesía y el proletariado. La primera aliada al imperialismo con su aparato militar y el segundo teniendo contacto, desde un principio, con la Internacional comunista y la Unión Soviética. Todo esto determinaba que la burguesía ya no podía cumplir un rol revolucionario, ni siquiera para llevar adelante las tareas democráticas, y al mismo tiempo que la resolución de estas tareas en manos del proletariado estaban íntimamente enlazadas con las tareas socialistas.

¿Dictadura democrática o dictadura del proletariado?

Trotsky partía, como Lenin, de la base económica internacional, de la relación entre los Estados, para definir las características de cada país y las tareas que la revolución les imponía. Era preciso distinguir claramente entre naciones opresoras y oprimidas. En China la cuestión de la opresión nacional, la independencia del imperialismo, junto al derrocamiento de los Señores de la Guerra y el reparto de la tierra, constituían tareas burguesas inconclusas, que tomarían una importancia crucial en la revolución.

Lenin, hasta abril de 1917, tomando en consideración las tareas democráticas en Rusia, había formulado la consigna de “dictadura democrática de obreros y campesinos”, que planteaba la alianza de estos sectores contra la aristocracia y la burguesía, para instaurar un poder propio y resolver estas tareas pendientes, sin determinar si la alianza sería dirigida por obreros o por campesinos y cuales serían los límites de su lucha. Pero en abril de 1917, después de la revolución de Febrero y la caída del zar, Lenin abandona esta consigna, aún indeterminada, y se vuelve claramente a la consigna de dictadura del proletariado, que el proletariado acaudille a todo el movimiento y resuelva a su paso todas estas tareas y avance en imponer las suyas propias, planteando la necesidad que los soviets tomen el poder. La consigna había sido superada por la experiencia viva de Octubre. Sin embargo todavía estaba por verse, así lo planteaban las tesis de Oriente del IV Congreso de la IC en 1922, en vida de Lenin, si en los países coloniales y semicoloniales, por la debilidad de ese joven proletariado y la fragilidad de los partidos comunistas, no debía esperarse una etapa de lucha antiimperialista en un frente único de las fuerzas democráticas. Así llamaban a un Frente Único Antiimperialista, pero a diferencia de la política de Stalin para China, manteniendo en el mismo la independencia organizativa de la clase obrera: “Antes que nada, el movimiento obrero de los países coloniales y semicoloniales debe conquistar una posición como factor revolucionario autónomo en el frente antiimperialista común. Solamente si se le reconoce esta importante autonomía y si conserva su plena independencia política, son admisibles e inclusive indispensables acuerdos temporarios con la democracia burguesa.”1 Es Trotsky, quien tomando las lecciones en el mismo proceso de la revolución China y generalizando las enseñanzas de Octubre, concluye que estas tareas democráticas se ligaban a las socialistas, y debía ser la dirección del proletariado contra la burguesía quien las realice en su propia dictadura.

En cambio, la IC repetía la política de Lenin en forma dogmática y falsificada, buscando mantener a la revolución en los estrechos marcos de la república burguesa, estableciendo una alianza de las masas con la burguesía e impidiendo la independencia del proletariado, esta política llevó a la derrota de la revolución china. Lejos de actuar como los bolcheviques en Rusia, la política de Stalin respecto al KMT parecía un calco de la que habían sostenido los menchiviques subordinándose a la burguesía “liberal” rusa.

Los Soviets en la Revolución China

Para Trotsky durante todo el proceso de la revolución china, los comunistas tendrían que haber impulsado la formación de soviets obreros y campesinos, es decir organismos independientes de las masas, sobre todo durante la campaña que se realiza hacia el norte.

Frente a esto la IC respondía que la consigna de soviets era válida solamente en vísperas de la insurrección, y calificaba de “trotskysta” toda tentativa de organización independiente de las masas. La orientación de soviets hubiese podido oponer a la burguesía del KMT, la organización independiente de los obreros y campesinos, haber avanzado en la influencia del PCCh en cada ciudad conquistada, y consolidado el poder obrero en la insurrección de Shangai. Como dice Trotsky “La tarea de los soviets no consiste simplemente en exhortar a las masas a la insurrección o en realizarla, sino más bien en conducir las masas a la sublevación a través de las etapas necesarias.”2. Los soviets como organismos de poder no podían ser impulsados el día de víspera de la insurrección, se debía consolidar su dominio a través de la experiencia adquirida en semanas, meses incluso años, ya que en realidad, es en la misma acción donde la masa debe sentir y comprender que el soviet es su propia organización.

Contra la idea reaccionaria de partidos obreros y campesinos bipartitos
La línea de la IC para China3, era impulsar partidos comunes de obreros y campesinos, para agrupar a todas las clases, como decíamos antes, detrás de la perspectiva de una revolución democrática. Pero esta era una política falsa.

Como explicaba el marxismo, los campesinos se habían incorporado a la sociedad capitalista como resabio de la sociedad feudal, sus intereses (distintos a los del proletariado) estaban puestos en acrecentar o conquistar su propiedad, su fin no estaba en liquidar al capitalismo y constituir una sociedad sin clases. Al mismo tiempo esta era una clase heterogénea, sus capas superiores eran las mas beneficiadas, mientras el capitalismo hacía caer en la bancarrota a sus sectores bajos, por lo tanto tendía a dividirse. De este modo no podían constituir un partido independiente, sus capas altas seguían a los burgueses y sus capas más pobres podían seguir al proletariado en su lucha por el poder.
Así “las organizaciones calificadas de partidos campesinos son, en realidad, una variedad de los partidos burgueses”.4 La burguesía para “apoyarse” o arrastrar tras de sí a las masas debía ocultar sus intereses detrás de un ropaje “progresivo”. “La célebre idea de los partidos “obreros y campesinos” parece haber sido especialmente creada para disfraz de los partidos burgueses obligados a buscar apoyo en los campesinos, que también pueden englobar en sus filas algunos obreros”5. El KMT reflejaba como todo partido burgués las características de la sociedad de clases, por un lado en la cima estaba la dirección minoritaria, que tenía el poder e imponía su programa burgués, y por el otro había una gran base que se ubica más a la izquierda que la dirección, más democrática. Pero esto no podía confundir a los revolucionarios a tal punto de considerar al KMT como “un campo neutro de lucha para conquistar las masas” ya que esto “significaba consolidar la valía y poderío de la ‘esfera superior’ ayudándola a transformar las masas cada vez más numerosas en ganado y preparar para esa cima, en las más favorables condiciones, el golpe de Estado de Shangai”.6

Frente a esto Trotsky planteaba que la tarea de los revolucionarios era fortalecer al Partido Comunista, mantener su independencia de clase, y enraizarse en la clase obrera con una perspectiva revolucionaria que permitiera verdaderamente al proletariado acaudillar a las capas más explotadas del campesinado.

Conclusiones

Estas enseñanzas serán las bases sobre las que Trotsky generalizará su teoría programa de la revolución permanente7. Esta, en esencia, planteaba que, en la época imperialista había que borrar la distinción entre países maduros y no maduros para la revolución socialista. La burguesía de los países atrasados es incapaz de llevar a cabo las tareas de la revolución democrático burguesa debido a su dependencia del capital imperialista; es el proletariado, encabezando a la nación y a las masas de campesinos pobres, el que tiene en sus manos la resolución de estas tareas: la reforma agraria, el desarrollo industrial, y la independencia del imperialismo8. Para llevar a buen puerto estas medidas, el proletariado tiene que expropiar política y económicamente a la burguesía nacional y sus aliados, los grandes terratenientes y los imperialistas. La revolución empieza abordando las tareas democráticas y continúa con las socialistas, no existe una división artificial entre ambas. Por otro lado, la revolución, que empieza dentro de las fronteras nacionales, adquiere una dimensión internacional. La contención de la revolución proletaria en los límites de las fronteras nacionales no puede ser más que una fase transitoria, para sobrevivir necesita del triunfo socialista en los países más avanzados.


CLAVES

Kuo Min-Tang: Partido burgués nacionalista. Este partido había surgido en 1911, en la instauración de la República de Sun Yat-sen (su líder). Era un partido burgués, que luchaba por la unidad nacional, dividida entre su gobierno en la zona costera sur y el gobierno de los Señores de la Guerra al norte, y que por las características de la penetración de múltiples potencias imperialistas en China, tenía ciertos roces con algunos de estos países (centralmente Inglaterra) simplemente para negociar mejor con los restantes. Su programa y su dirección (en manos de Chiang Kai Chek) tenían claramente un contenido burgués.