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Tras la derrota, el gobierno de Hollande gira aún más la derecha

La segunda vuelta de las elecciones municipales confirma los resultados de la primera. La derrota del gobierno es aplastante, la derecha logra una victoria que le permite obtener la mayoría de las intendencias y el Front National (extrema derecha) realiza un importante avance electoral.

Martín Noda, CCR

3 de abril 2014

Tras la derrota, el gobierno de Hollande gira aún más la derecha

La segunda vuelta de las elecciones municipales confirma los resultados de la primera. La derrota del gobierno es aplastante, la derecha logra una victoria que le permite obtener la mayoría de las intendencias y el Front National (extrema derecha) realiza un importante avance electoral. Sin embargo, uno de los datos más destacados es la abstención record. En algunos barrios el clima era el de un domingo como otro, no el de uno de elecciones. Una gran franja de los trabajadores y sectores populares no fueron a votar, ya sea por ser extranjeros, ya sea por desinterés. El enorme mazazo contra las listas del gobernante Partido Socialista (PS) y la abstención son la expresión de la desconfianza de la mayoría de la población en el gobierno de Hollande.

Un voto de desconfianza al gobierno

Hollande había conseguido la victoria en las elecciones presidenciales gracias a la lógica del “mal menor”, prometiendo poco y diferenciándose en cuestiones menores del gobierno de Sarkozy. Sin embargo, a pesar suyo, encarnaba un fuerte sentimiento antisarkosysta. Pero Hollande demostró con hechos que las diferencias con la derecha son mínimas: Nombró a Valls ministro del interior y éste respondió como debía, batiendo el record de expulsiones de inmigrantes ilegales y de Rroms del gobierno de Sarkozy; había prometido volver atrás con la reforma de las jubilaciones y en su lugar la profundizó; el cierre de fábricas y el desempleo siguieron aumentando a tal punto que el gobierno se regocijaba, promediando el año pasado de un “baja en la suba del desempleo”; implementó políticas, como la ANI (reforma de los contratos de trabajo) que benefician abiertamente a la patronal; quiere imponer un “Pacto de responsabilidad”, que es un simple regalo de miles de millones de euros en rebajas impositivas a los empresarios; lo único que mantuvo de sus promesas fue la aprobación de la ley del matrimonio homosexual, aunque sin permitir “ciertos” derechos que implica, como la adopción o la reproducción asistida. Por eso la decepción con su gobierno en los sectores obreros y populares es enorme, cuestión que ya se expresaba en que la popularidad de Hollande es la más baja de un presidente bajo el régimen de la V República. La peregrina idea de que el gobierno podía ocultar esta realidad en las urnas, solo produjo que el golpe de las municipales haya sido devastador, obligándolo a reaccionar.

Avance de la extrema derecha, aunque la derecha tradicional es la que más se beneficia

Marine Le Pen festeja. Su partido ganó la intendencia en 12 ciudades y cerca de 1200 consejeros municipales. Respecto a 2008, año de la última elección municipal, es una gran victoria. No tanto respecto a su mejor elección, la de 1995. Sin embargo su repunte electoral viene acompañado de un cambio de estrategia de su partido. A diferencia de 1995 y de la extrema derecha histórica, el nuevo FN adopta un carácter republicano aunque manteniendo sus propuestas xenófobas, en especial su islamofobia. El resultado electoral le permite ganar una base más sólida en su estrategia de romper su aislamiento intentando presentarse como alternativa de poder, a través de alianzas con sectores duros de la derecha tradicional.

Por su parte la UMP, los ganadores de la elección, dejan que los medios hablen bien de ellos y elogien su gran victoria (Le Figaro habla del Tsunami azul, color con el que se reconoce a la derecha), pero evitan fanfarronear. Saben muy bien que su victoria es más por el desastre de la política del PS que por mérito propio.

Por último, las distintas variantes a la izquierda del gobierno no han sabido capitalizar el descontento. El Front de Gauche (FG) es un pálido recuerdo de la dinámica ascendente de las presidenciales, presentándose divido en una gran mayoría de casos, sobre todo en Paris. El Partido Comunista, a diferencia del PG (Partido de Izquierda) socialdemócrata de Melenchon, hizo en gran cantidad de casos alianzas con el PS para intentar conservar la mayor parte de las intendencias y de los consejeros municipales que aún tiene. A pesar de esta política, el PCF ha dado un nuevo salto en su retroceso institucional.

En lo que se refiere a la extrema izquierda, el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), atravesado por una gran crisis de su dirección, se presentó en listas a geometría variable, en muchos casos con el PG de Melenchon y hasta en algunas ciudades con los Verdes (ecologistas totalmente asimilados al régimen). Solo se presentó de forma independiente en una minoría de casos, como es el caso de la lista Saint Ouen Anticapitaliste, encabezadada por una camarada de la Corriente Comunista Revolucionaria. Sus resultados fueron modestos aunque mejor que en las presidenciales. Pero de conjunto perdió toda personalidad. LO, por su parte, realizó una campaña testimonial, sacando menos votos que el NPA.

Hollande acepta su derrota y va hasta el final con su política

Manuel Valls es considerado “el Sarkozy del PS”. Acaba de ser promovido a Primer Ministro. Esto significa que Hollande, a pesar del descontento obrero y popular expresado en la elección, está decidido a ir hasta el final con su política. Como recibía muchas críticas, sobre todo de la derecha, por el hecho de que no iba lo “suficientemente rápido”, nada mejor que Valls para llevarla adelante. Hollande habla de “gobierno de combate”. La nominación de un gobierno duro de Valls implica un llamado de atención a la juventud, que salió a las calles contra la expulsión de la joven Rrom Leonarda, a los habitantes de las banlieues estigmatizados por sus Zonas de Seguridad Especial y fundamentalmente a la vanguardia obrera ya que el gobierno está dispuesto a todo por hacer pasar sus política de ajuste y reformas estructurales a través del “Pacto de Responsabilidad”. La publicación de una circular, firmada por Valls cuando era ministro del interior, en la que le pide a los Servicios de inteligencia de seguir específicamente a los movimientos sociales, en especial frente a los desbordes como en Bretaña a fin de 2013, es todo un programa de esta nueva etapa de la presidencia de Hollande.

¡Derrotemos el Pacto de Responsabilidad de Hollande-Valls!

La situación económica de los trabajadores y de los sectores populares se degrada cada vez más. La política del gobierno busca que los trabajadores paguemos la crisis. Aunque diga que quiere acabar con la desocupación, su política es clara: deja pasar los cierres, ajusta todo lo que puede del lado de los trabajadores, exonera a los patrones, aumenta los impuestos de las clases medias. Es fundamental que los trabajadores paremos esta deriva anti obrera y reaccionaria. Hay que romper con la política de concertación social de las direcciones de las centrales sindicales que solo llevan a los trabajadores a resignar conquista tras conquista. Solo una lucha decisiva contra este gobierno y su política puede despertar el entusiasmo de los miles que no viendo ninguna alternativa en el régimen actual ni siquiera se desplazan a votar.

El 12 de abril, una serie de organizaciones sindicales y políticas entre ellas el Front de Gauche y el NPA, llaman a manifestar en las calles de Paris contra la política del gobierno, pero sin un programa claro. Podría ser un paso adelante, a condición que se exprese un polo obrero independiente y que el eje del reclamo sea la lucha contra el pacto de responsabilidad. Lo contrario a la política de la burocracia de la CGT o el FG que quieren “cambiarle el rumbo” al gobierno o que se conforme una verdadera mayoría de “gauche”.

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