Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
7 de julio de 2020

La Verdad Obrera N° 324

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MULTITUDINARIA MARCHA DE LA CGT

Sindicatos para los trabajadores. No detrás de políticos capitalistas

07 May 2009   |   comentarios

  • Acto de la CGT el pasado jueves 30 de abril.

El hecho político más importante de la última semana lo produjo un sector de los sindicatos. La CGT de Hugo Moyano, con una numerosa manifestación, se posicionó en apoyo al gobierno en el Plebiscito General del 28 de junio. Aunque basado sólo en una fracción de los grandes gremios, esencialmente los del transporte, el sector de empleados públicos de la CGT, como UPCN y Judiciales, y una alianza renovada con el ex -menemista Lescano de Luz y Fuerza, demostró el poder de movilización de los sindicatos en momentos de anemia de las estructuras de los viejos partidos patronales. Más allá del obvio agradecimiento de Cristina Kirchner por el espaldarazo electoral a un gobierno muy debilitado, la demostración de fuerzas apunta a una preparación para las negociaciones pos-electorales tanto con los empresarios como en la relaciones de poder dentro de la interna peronista. En cualquier resultado electoral y ante los preparativos de las patronales que, desde la UIA hasta la Sociedad Rural, reclaman “ajustar” los gastos fiscales y el dólar; Moyano se propone estar en la mesa de negociaciones, tanto del “pacto social” como de los “acuerdos de gobernabilidad” con el peronismo disidente y los gobernadores.

“Parias laborales”

Los dirigentes de la CGT se sumaron al discurso de campaña de los Kirchner, planteado como una cuestión de “defensa de los logros obtenidos” con “el proyecto nacional y popular” ante la amenaza de “volver a los 90”. El más importante, según el propio discurso de Moyano, fue haber “recuperado las paritarias” donde se puede discutir los salarios. Menos de una semana después, los metalúrgicos de la UOM se fueron con las manos vacías luego de protagonizar una marcha frente al Ministerio de Trabajo. “Los empresarios plantearon nuevamente que la crisis económica internacional no les permite ofrecer mejoras” dijo el secretario de la UOM, Antonio Caló, el mismo día que los bancarios volvían al paro sin tampoco lograr el aumento que reclama el gremio de Zanola.

En medio de este virtual congelamiento de las paritarias que acepta la conducción de la CGT, la situación es aún peor para los empleados precarios o los que están por fuera de los convenios colectivos, sin los cuales, dijo Moyano, los trabajadores son “parias laborales”. Así debería calificarse, entonces, a la mayoría de los trabajadores que pudo acceder a un empleo en estos años de “proyecto nacional y popular”, que lo hizo en negro y bajo contratos precarios. La dirigencia burocrática es la que ha naturalizado todos estos años esas condiciones laborales que son continuidad de los ’90, con cláusulas de contratación flexibles que permanecen de la legislación antiobrera del peronismo bajo Menem. Mientras se acuerda de “los parias” para la tribuna, acepta los despidos de trabajadores contratados en las automotrices de Córdoba o en las fábricas del Gran Buenos Aires (llegando a no considerarlos verdaderos despidos ante los empresarios, sino “finalización de contratos”).

Más de la mitad de la fuerza laboral de la Argentina trabajadora permanece sin plenos derechos laborales, y sólo un cuarto tiene alguna afiliación gremial: un nuevo “subsuelo de la patria” (como llamó el peronismo a quienes se movilizaron el 17 de octubre del 45) que está llamado a sublevarse si quiere cambiar de raíz su situación.

La primera condición para ello es promover la elección de delegados con plenos derechos sindicales en todos los lugares de trabajo, en los que participen y voten todos: efectivos, contratados y en negro.

“Una masa formidable de votantes”

Mientras algunos medios compararon el 30 de abril de la CGT con una vuelta al tipo de concentraciones de Ubaldini en los ‘80, en realidad aquellas eran sostenidas por un proceso de huelgas por el salario contra el gobierno de Alfonsín que la burocracia sindical utilizó para recomponer al peronismo en la oposición; y ésta, la primera manifestación de Moyano durante el gobierno de los Kirchner, fue, antes que nada, un acto de campaña electoral oficialista. A propósito, Moyano recordó la frase de Eva Perón, en ese mismo lugar, en el acto de la CGT en 1951 destinado a proclamar su candidatura: “renuncio a los honores pero no a la lucha”. A años luz de “la mística” creada entre los trabajadores y los líderes peronistas el día del “renunciamiento histórico”, cuando miles aguardaron concentrados en la calle durante horas hasta saber la decisión de que no integraría la fórmula electoral, el dispositivo de sonido del acto de la 9 de julio estaba armado exclusivamente para los medios y era imposible escuchar el discurso como manifestante. Más bien fue en cierta medida un homenaje a Felipe González que, como líder del Partido Socialista Español, sostuvo que cambiaba “diez mil militantes por un minuto de televisión”. Moyano llamó, por única acción militante, a que la clase trabajadora se exprese como “una fuerza formidable de votantes”. Sin ningún llamado a la lucha, los dirigentes de la CGT no renuncian a los honores. “La candidatura de Recalde es número puesto”, declaró días después, en las listas de Kirchner-Scioli (cierto que detrás de Nacha Guevara), además de la integración de Julio Piumato en la lista que encabeza “Corralito” Heller en la Capital, el banquero candidato del kirchnerismo.

Más en general, todas las cúpulas sindicales están participando de la política electoral. La dirección de la CTA que viene de realizar el pasado 22 de abril una jornada de protesta, debilitada por su negativa a convocar a un paro nacional que haga sentir el peso de otro gran gremio nacional como CTERA, impulsa alianzas de centroizquierda con “colectoras” del gobierno, como Sabatella en la provincia de Buenos Aires, o apoyando a los amigos de la Federación Agraria sojera, como Pino Solanas en la Capital. El duhaldista Barrionuevo de la CGT Azul y Blanca, tras una violenta refriega de los gastronómicos con la policía frente al Sheraton, se dispone a movilizarse por aumento de salarios; pero sobre todo para tomar protagonismo a favor del peronismo disidente de De Narváez, como también hace Venegas de la UATRE o Roberti de petroleros privados.

Una política hacia los sindicatos en la crisis capitalista

Aldo Ferrer, el economista afín a los empresarios de la UIA y representante del gobierno en el directorio de Siderar (Techint) acaba de declarar que “El fortalecimiento de la gobernabilidad no es posible con un tipo de cambio apreciado, donde el dólar es barato”. La “bonanza” económica de los últimos años le permitió al peronismo kirchnerista –con la ayuda de la CGT- conservar una adhesión pasiva entre la clase trabajadora. Pero, más temprano que tarde, esta relación entrará en cuestión. ¿Volverá a ser la CGT, como en el 2002, garante del pacto de “gobernabilidad” a la medida de los empresarios que buscan volver a hundir el salario?

La demostración de fuerzas de la CGT da apenas una idea del poder que pueden tener en la vida política nacional los sindicatos si son recuperados. ¿Cuántos millones podríamos ir a la huelga para defender el empleo y el salario, y cuántos centenares de miles nos movilizaríamos en todo el país si se convocara a una misma acción unificada?

El apoyo incondicional que el PTS está dando a las luchas de resistencia contra los despidos y suspensiones en las automotrices de Córdoba o los cierres de empresa como Mahle de Rosario, la constitución de oposiciones clasistas en los sindicatos como la que encabezan nuestros compañeros en FOETRA Capital, el nuevo sindicato que impulsamos en el Subte, o la campaña de agitación y propaganda por un programa para que la crisis la paguen los capitalistas que llevamos adelante en el Frente de Izquierda junto al MAS e Izquierda Socialista, tienen el objetivo de prepararnos para mayores enfrentamientos de clase y donde estarán en disputa las masas trabajadoras que deberán enfrentar a un gobierno peronista en el poder. En esta perspectiva es que impulsamos al interior de los sindicatos una corriente para recuperarlos para la lucha removiendo de abajo hacia arriba a los dirigentes burocráticos para reemplazarlos por una nueva dirección clasista, combativa y antiburocrática, que sostenga la independencia política de la clase trabajadora y sus organizaciones sindicales. Contra la actual subordinación de las direcciones de las centrales a uno u otro partido capitalista, impulsamos el debate amplio y democrático sobre la necesidad de construir un partido de la clase trabajadora, basado en la fuerza de sus propias organizaciones de lucha. El PTS es una corriente política, de obreros y estudiantes revolucionarios, que interviene en las organizaciones de masas para pelear por el frente único de lucha, por un programa para que la crisis la paguen los capitalistas y por la construcción de un partido propio de la clase trabajadora hacia la conquista de su gobierno.

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