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Se llevó a cabo el debate "Los intelectuales y la crisis nacional"

Más de 150 personas asistieron al debate del que participaron Diego Tatián, filósofo, escritor y director de la editorial de la UNC; Darío Olmo, cofundador del Equipo Argentino de Antropología Forense y nuestro compañero Christian Castillo.

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15 de septiembre 2008

Más de 150 personas asistieron al debate del que participaron Diego Tatián, filósofo, escritor y director de la editorial de la UNC; Darío Olmo, cofundador del Equipo Argentino de Antropología Forense y nuestro compañero Christian Castillo. Hacemos aquí una síntesis de dicho debate. En La Verdad Obrera publicaremos una reproducción más completa y editaremos también la totalidad del debate próximamente.

La charla comenzó con una intervención de Diego Tatián que saludó la iniciativa de impulsar este tipo de debates, a la que calificó como "muy significativa", además de que se sentía "muy contento por esta convocatoria, entre otras cosas porque no son muchas las que se dan, en un clima de discusión de ideas".

En principio relató rápidamente el itinerario del espacio Carta Abierta en Buenos Aires y en distintos lugares de país y destacó que desde su punto de vista "por lo menos desde el año 1973-1974 no se producía un suceso intelectual de la envergadura que está tomando Carta Abierta". Espacio al que caracterizó como una respuesta en defensa de un gobierno "de características populares", ante un embate de un sector que tenía en el centro un actor político claro que es la Sociedad Rural. En ese marco aclaró que el partía de un principio (tomado de un dicho popular) que planteaba que "todo lo que sea contra la Sociedad Rural está bien, si a la Sociedad Rural le molesta, es porque hay un interés tocado".

Entrando ya en el debate más profundamente aclaró que iba a plantear que para pensar la intervención política había que partir de un dato, que es el desvanecimiento del "mito de la revolución", y aclaró que su planteo no era que la revolución era un mito en el sentido vulgar o peyorativo, sino un mito en el sentido de lo que es la Reforma Universitaria o el Cordobazo, un "mito político".
Planteó que esto era un problema que cambia las prácticas políticas en relación a lo que eran anteriormente. Y que no significaba un "fin de lo político", sino el estallido de combates y luchas que tienen que pensarse de una manera nueva en un mundo que no es menos injusto de aquel que dio lugar al "mito de la revolución". De allí planteó los fenómenos nuevos que surgieron en la Argentina, donde destacó el movimiento de desocupados y sobre todo al movimiento de DDHH, como otros fenómenos políticos que son parte de una pluralidad que "no se sintetizan en ninguna parte". Explicó que el desmoronamiento del "mito" era producto de una derrota. En ese marco señaló que lo que él considera "el invariante del comunismo", hoy busca reaparecer en la sociedad de otras maneras.

Definió además que hay que revalorizar el sentido emancipatorio que puede tener la democracia, formal y real, y de allí pensar que esta democracia también nos puede llevar a una democracia económica o a la justicia social. Pasó allí a afirmar que hay una derecha en la Argentina que quiere "tumbar" a la presidenta y que este (la derecha golpista) es un fenómeno latinoamericano, y que a eso hay que ponerle límites.

En ese marco señaló su simpatía con las propuestas del colectivo Situaciones que apoya iniciativas sociales en los márgenes del estado. Sin embargo, no lo ve contradictorio con la defensa de un estado que se proponga "redistribuir la renta y la riqueza". Afirmó que consideraba que este momento en la Argentina era mejor a todos los anteriores que él conocía y que había una serie de políticas públicas, insuficientes pero interesantes, y que todo eso se puede perder. Remarcó que la defensa de un gobierno, no implica suspender la crítica, por ejemplo la entrega "escandalosa" de la minería y los recursos naturales en Argentina, los negocios con la industria pesquera, el petróleo, la idea incomprensible de largar un "tren bala en el marco del estado del transporte".

Luego de eso, pasó a plantear que la izquierda podría "hacerse amiga" de una palabra, que no es muy de izquierda, que es la palabra "prudencia", que quiere decir que hay que dar los pasos muy bien dados. Afirmó que había una lucha con los medios, que son la derecha de hoy y no puede haber democracia si existe Clarín (aclarando que el gobierno se apoyó en Clarín para subir, al igual que en la producción de soja). Por último dejó planteada la pregunta a la izquierda de si era posible defender a un gobierno al que lo quieren voltear, sin apoyarlo políticamente.

Darío Olmo hizo una intervención muy breve planteando que no se sentía identificado con Carta Abierta, pero que lo consideraba un "emergente" en el ámbito intelectual de algo que faltaba, la conceptualización de la política en la Argentina del nuevo siglo. Criticó particularmente la falta de crítica de los integrantes de Carta Abierta cuando se produjo el encuentro con el ex presidente Kirchner en Buenos Aires y que en general le parecía que los planteos eran muy generales y que consideraba un problema que se hagan desde una especie de "corporación intelectual". Igualmente saludó el debate y la iniciativa de llevarlo a cabo.

Por último Christian Castillo, partió de afirmar que "no hay un sentido de la historia, el sentido de la historia será aquel que le dan los sujetos con su acción, las historia está abierta y el socialismo o comunismo es una construcción conciente a partir de determinadas condiciones materiales, pero es una posibilidad en la historia. En ese sentido señaló, con Benjamin, que el stalinismo y la socialdemocracia fueron totalmente pasivos en la noche negra de la historia, en la emergencia del fascismo, por sostener que había un sentido al cual la historia los llevaba, un sentido de progreso errado.

Hoy venimos de treinta años de una "restauración conservadora", con la derrota de la ola revolucionaria del ‘70 y allí no hubo sólo perdidas materiales, sino también una restauración conservadora desde el punto de vista ideológico. La adaptación a que no hay otro horizonte posible más que alguna reforma dentro del sistema también es una consecuencia de esto. Esto no afectó sólo a los conservadores, sino también puso un límite desde el cual cierta intelectualidad que fue de izquierda se adaptó para pensar. Y polemizando apeló a la necesidad de una mayor "imprudencia" que debería tener la intelectualidad crítica.

Afirmó que la intelectualidad social liberal impuso un sentido común de lectura sobre los setentas planteando que fueron el producto de una voluntad subjetiva, de una concepción de la política en términos de guerra que "se pasó de rosca" con la violencia, negando que fueron producto de contradicciones objetivas, de antagonismos de clases que explotan en la lucha de clases o entre los estados.

Este discurso tenía una resolución política de la democracia como único modelo posible. Esto fue acompañado con un retiro de la política por parte de la intelectualidad, hacia un academicismo que encubría posicionamientos políticos. Con el conflicto con las patronales del campo hay un cambio de todo el escenario, en el marco de la repolitización, es un nuevo momento.

Señaló que, desde su punto de vista, había dos grandes afluentes de Carta Abierta. Un sector al que llamó reincidente, que se "autoengañó" con Perón en los ‘70 y ahora se autoengaña con Kirchner, planteando que es algo distinto. Y otro afluente nuevo que es aquel que ve que todo lo que hubo hasta ahora fue terrible y que Kirchner es algo mejor. Este sector toma más lo que Kirchner dice que lo que hace y sólo algunos discursos que ni siquiera llegan a los discursos incendiarios de Perón, apoyando a la guerrilla por ejemplo, como política de seducción para contener que nada se vaya por izquierda.

En ese sentido Kirchner es peronista, tiene gestos discursivos hacia izquierda para quitarse un elemento crítico y llevar adelante una política que beneficia a ciertas facciones de la clase capitalista: el sector industrial y la "nueva burguesía K". Aunque en realidad la clase capitalista ganó de conjunto y la industria se apoyó particularmente en la devaluación que barrió con los salarios que bajo el kirchnerismo apenas se recuperaron al nivel del 2001. Y los sectores sociales en que se apoya el kirchnerismo quieren que eso no cambie, por lo tanto en este esquema es imposible distribuir la riqueza, el patrón de acumulación no lo permite, por eso es un autoengaño.

El esquema del kirchnerismo es la consolidación de una clase obrera con un 43% de trabajo precario, un nivel de pobreza importante, con el único elemento que ahora hay trabajo de mala calidad. Su alianza con la burocracia es para contener que no surjan direcciones díscolas que cuestiones el tope puesto a los salarios y actúan en consecuencia atacando a las direcciones con tendencias al clasismo como ocurrió en las luchas de Casino, Fate o el Subte, entre otras.

Luego, graficó con algunos datos como la redistribución del gobierno fue entre sectores capitalistas (como afirma la "Tercera posición"), por ejemplo el subsidio a los desocupados en cinco años de gobierno de los K, no aumentó ni un peso y la participación de los trabajadores en la renta nacional en estos cinco años bajó del 33% al 28%. Desafió a responder a los que defienden el gobierno, por que éste en su "enfrentamiento" con el campo, no planteó anular la videlista ley del peón rural, para ganar base social contra la Sociedad Rural.

Planteó que la cuestión de las retenciones, el gobierno la hizo ante la crisis internacional, para mantener el esquema de subsidios y pagar la deuda externa, como se muestra con el compromiso de pago al Club de París.

Resaltó que había que ver los intereses esenciales, sin negar que hubo un enfrentamiento, pero que era entre capitalistas, donde lamentablemente no hubo una fuerza social que se enfrente a estos dos proyectos. Criticó duramente a la izquierda que se alineó con las patronales del campo, pero planteó que había que reconocer que mientras el gobierno hablaba de golpistas contra la Sociedad Rural, estaba rodeado de industriales también golpistas.

Afirmó que "imprudentemente" contra la ilusión de que este gobierno iba a "distribuir", había que expropiar a la oligarquía (que muchos dicen que no existe), para que los recursos que surjan de la nacionalización y una explotación racional de la producción agrícola-ganadera, vayan a mejorar la salud, la educación, el transporte, los salarios y alimentación digna para todos.
Esto hay que plantearlo si se quiere cambiar algo de la sociedad, ya que no estamos condenados a lo que hay, donde una clase dominante se apropia de la gran riqueza nacional.

Explicó que hay que plantear estos temas, la nacionalización de las grandes empresas, de la banca, en el marco de que EEUU nacionaliza sus dos grandes financieras en el marco de la crisis, la nacionalización del comercio exterior. Estas cuestiones plantean la perspectiva de sociedad a la que, por lo menos nosotros queremos ir, y apostar a la fuerza social de la clase obrera para llevar adelante este programa.

Por último aclaró, que si hay un golpe de estado, desde ya que hay que movilizarse contra la derecha y para derrotarlo, pero que este no era el caso en la Argentina, como si por ejemplo lo es en Bolivia, donde sin apoyar políticamente al gobierno de Evo, hay que movilizarse unitariamente para derrotar a la derecha.

Luego de varias preguntas se abrió un interesante debate esencialmente entre Castillo y Tatián que recorrió nuevamente estos temas e incluyó nuevas cuestiones como el balance de los ‘70 e incluso sobre la relación entre violencia y política, con la promesa de un nuevo debate que intervenga en la discusión abierta por Oscar del Barco y su "No matarás", debate en el que intervinieron Tatián y muchos otros intelectuales y militantes.

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