Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
4 de junio de 2020

La Verdad Obrera N° 429

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SEGUNDA VUELTA ELECTORAL EN PERU (Sólo en internet)

¿Quién es Keiko Fujimori? ¿Quién es Ollanta Humala?

02 Jun 2011   |   comentarios

A una semana de la segunda vuelta electoral en Perú, y en medio de una extrema polarización política, todas las encuestas han declarado un empate técnico entre Keiko Fujimori y el nacionalista Ollanta Humala. La retórica ampliamente usada por ambos contendientes alrededor de la democracia y la concertación junto a promesas de aumentos salariales y desarrollo, así como contra la corrupción, inunda las calles y mítines de las principales ciudades y pueblos del país vecino.

Sin embargo la gran polarización desatada en el Perú, contrasta con las similitudes programáticas y de propuestas que tanto la hija del ex dictador y hoy preso Fujimori, como el ex oficial del ejército sostienen. Tanto Keiko como Humala adhirieron al Acuerdo Nacional, propuesto en 2002 como garantía de que todos los partidos respetarán las bases del régimen de "democracia para ricos" y el modelo económico para hacer un Perú "competitivo".

¿Quién es Keiko Fujimori?

Keiko Fujimori que ya fungió como primera dama durante el gobierno de su padre, pretende establecer una coherente continuidad con las políticas llevadas adelante en su gobierno y continuadas por Toledo y García actualmente. Nombró como parte de su equipo técnico al Dr. Alejandro Aguinaga, quien durante el gobierno de su padre fue el responsable de planificación familiar del Estado y afrontó un juicio, del cual salió impune, por ser el responsable de 300 mil esterilizaciones forzadas a mujeres de bajos recursos. Asimismo, mientras la retórica democrática está en boca de todos, Keiko ya anunció que no permitirá que se denomine “grupos beligerantes” a grupos “terroristas, es decir, todo aquél que cuestione la voluntad de los Fujimori será tratando como en la década de los ‘90, con cárcel y represión. Keiko es la continuidad orgánica del llamado neoliberalismo, garante de la impunidad a su padre y todos los genocidas de la dictadura fujimorista. De ganar las elecciones, muy probablemente su padre y algunos pocos generales condenados obtendrán su libertad. Ante este escenario, muchas organizaciones de izquierda (y centroizquierda, además de sectores burgueses como el que representa el ex presidente Toledo) de las más diversas corrientes ideológicas, se han juramentado impedir que Keiko llegue a la presidencia apoyando decididamente al nacionalista Humala.

Sin embargo, ¿Quién es Humala?

Con un discurso tibiamente nacionalista y anticorrupción, con vagas promesas de cambio, Humala y su coalición, sustentada PNP (Partido Nacionalista del Perú) intenta pintarse como “progresista”. Sin embargo, Humala fue Capitán del ejercito peruano durante la lucha contra Sendero Luminoso y el MRTA. Con el argumento de la lucha contra el terrorismo, el Estado peruano y sus respectivos gobiernos llevaron adelante uno de los más grandes genocidios que conoce el Perú, solo comparable con el de la dictadura argentina o chilena. Según la Comisión de Verdad y Reconciliación, organismo creado para justificar la lucha antiterrorista con la teoría de los dos demonios y exculpar a la mayoría de los militares al responsabilizar casi exclusivamente a Sendero Luminoso, el número de asesinados ascendería a casi 70 mil personas. Humala fue parte activa de todo este plan sistemático de aniquilación y tortura en las sierras del país vecino, y junto a su hermano, hoy preso, impulsaron el movimiento que hoy preside Ollanta. La familia de Humala reclama la pena de muerte para los homosexuales. En el plano económico, aunque empezó cuestionando el TLC, a lo largo de la campaña su discurso se ha moderado cada vez más, al punto que por ejemplo el reaccionario y derechista literato Vargas Llosa ha declarado que “Sin alegría, con muchos temores, voy a votar por Humala y voy a pedir a los peruanos democráticos que hagan lo mismo que yo” (La Tercera, 20/4), con el argumento que votar por Keiko sería legitimizar la dictadura de su padre. Es decir el capitán Humala, quien obedeció órdenes del plan antiterrorista al servicio de Fujimori, hoy se ha convertido en campeón nada menos que de la democracia.
Asimismo, el ex presidente peruano, el “Cholo” Toledo, continuador de las políticas de hambre y entrega llevada adelante por Fujimori, ha decidido brindar su apoyo a Humala y ha llamado a votar por él. Si este escenario es posible, es gracias a la moderación que ha mostrado Humala durante su campaña, prometiendo aumentos de salario y mejoras para la policía (al igual que Keiko), respetar los acuerdos pro imperialistas como el TLC, aunque afirmando que protegerá la industria nacional “por otros medios”, respetar la constitución del ‘93 que permitió la entrega del Perú y un ataque brutal sobre los trabajadores y el pueblo. Sobre las concesiones mineras que hoy alimentan el tesoro del estado peruano gracias a los altos precios, Humala a lo máximo que llega es a pedir más impuestos a las ganancias mineras.

Ninguno de los contendientes ha anunciado que todos aquellos que han participado en violaciones, asesinatos, torturas, esterilizaciones forzosas, expropiación de tierras, asesinatos de indígenas, van presos. Y no lo pueden hacer, ya que ambos han participado de una u otra manera, como jefes o como subordinados, de una de las páginas más negras de la historia del país vecino. Es decir, se plantea una polarización entre “corrupción vs. honestidad” por importantes personeros de la burguesía y del gorilaje latinoamericano que apoyan a Humala (al mismo tiempo que nacionalistas y progresistas, desde Chávez a los kirchneristas), no por la eventualidad de reformas democráticas, sino por cierto temor a que Keiko reedite los métodos dictatoriales y represivos de su padre, incluso ajustando cuentas con otros sectores burgueses, lo que en una situación histórica distinta a la de principios de los ‘90, podría tener consecuencias desestabilizadoras para el régimen.

El oportunismo “critico” de la LIT-CI

Frente a este escenario, es lamentable que algunas organizaciones que se reclaman trotskistas como la LIT-CI y su sección peruana el Nuevo PST, hagan una particular interpretación del resultado electoral en la primera vuelta donde tanto el ascenso de Humala como de Keiko Fujimori sería la expresión distorsionada de un triunfo obrero y popular: “la derrota de los candidatos patronales más promocionados y de la representación aprista representa un triunfo, distorsionado por su naturaleza electoral, de los sectores obreros y empobrecidos. Ellos votaron por Ollanta venciendo la inmunda campaña de toda la derecha, y apoyaron su propuesta reformista de cambio del modelo económico neoliberal, de Asamblea Constituyente para cambiar la Constitución de la dictadura, de fin a la explotación de los servicios, de gas para los peruanos a precio justo, de aumento del salario mínimo a 750, entre otras, que marcaron su diferencia respecto a los demás que se reclamaban continuistas. (…) El voto por Keiko Fujimori, también de origen popular, al reivindicar al ex dictador Fujimori refleja otro fenómeno: frustración de otros sectores populares con el sistema ‘democrático’, para quienes sólo ha traído más pobreza, desigualdad y desatención del estado a sus necesidades básicas.” Esta visión de un triunfo de los trabajadores y el pueblo que se manifestaría en la derrota de los principales candidatos, no solo que no se puede sostener desde ningún punto de vista ya que la clase obrera, el campesinado y los pobres urbanos no tuvieron alternativa independiente y de clase, sino que está al servicio de establecer una visión no marxista de una lucha de “campos”, según la cual, en la primera vuelta el campo obrero y popular habría derrotado al campo burgués e imperialista –en forma distorsionada, por supuesto- y de lo que se trata en esta segunda vuelta es que ese mismo campo obrero y popular vuelva a expresarse, y la única fórmula que permitiría esto es la de Ollanta Humala. Esta concepción campista, es decir oponer el campo “progresivo” al campo “reaccionario”, conduce a liquidar cualquier atisbo de independencia de clase. Además, lleva a que cualquier organización obrera que sostenga lo que propone la LIT-CI se transforme en consejero y “grupo de presión” sobre un representante de la burguesía como es Ollanta Humala. Por eso la LIT-CI mientras critica el cada vez más lavado programa de Humala debido a la búsqueda de una nueva mayoría que supere el 31% obtenido en la primera vuelta, le aconseja: “Por supuesto que necesita (Humala, N de R) construir una mayoría, pero eso lo debe hacer con las organizaciones obreras, populares y campesinas que votaron por él y que son los únicos que defienden su programa, y no sacrificar su programa sólo para obtener apoyo o la condescendencia de los empresarios, sus partidos y sus poderosos medios de prensa” (www.litci.org/inicio/newspaises/peru). Con estas afirmaciones la LIT-CI abandona toda pelea por la independencia de clase al exigirle a un representante de la burguesía, como la misma LIT afirma, que construya una mayoría con la clase obrera y el pueblo y termina sembrando confianza en la fantástica posibilidad de que el capitán Humala realice esta formidable labor. Por eso el PST y la LIT-CI terminan afirmando que “Sin embargo, el Nuevo PST respeta la esperanza de amplios sectores obreros y populares en Ollanta Humala, y estamos dispuestos a acompañarlos en su experiencia votando críticamente por él. Y lo hacemos también acompañando a otro amplio sector juvenil y popular que sin ilusionarse en Ollanta Humala piensan votar por él sólo para cerrarle el paso a Keiko Fujimori, a la que ven como una amenaza mayor. Si bien acompañamos a los trabajadores en la esperanza que triunfe el candidato nacionalista, con la moral de no haberle dado ningún apoyo político reafirmamos nuestro compromiso de estar, desde el primer día, impulsando en primera fila la lucha obrera y popular para exigirle que cumpla sus promesas” (ídem.). Esta visión de campos burgueses progresivos, sin embargo en este caso adquiere su manifestación más vulgar que es la de apoyar “al mal menor”, como nos lo dicen los mismos compañeros de la LIT-CI: “La candidata fujimorista puede ser derrotada. Su triunfo sólo se explicaría por el blanqueamiento de Ollanta Humala y la complicidad de la dirigencia de la CGTP y los llamados partidos de “izquierda” (PC, Patria Roja, PS) que justifican y acompañan todos sus retrocesos. Y si este caso se diera, los trabajadores y el pueblo que ya hemos dado múltiples pruebas de combatividad, retomaremos las calles para defender las libertades y no permitiremos que el dictador y los ladrones y asesinos sean liberados. (…) Es más: para que esta historia de elegir por el “mal menor”, que muchas veces termina siendo un fraude mayor, no se repita, necesitamos construir nuestro propio partido obrero independiente, con programa y dirigentes clasistas, que defienda nuestros intereses inmediatos y luche por una alternativa de gobierno obrero y popular” (ídem.). Aquí las alusiones a la independencia de clase, de un partido independiente y al gobierno obrero y popular es simplemente un taparrabos retórico sin ningún valor. Si con la LIT-CI venimos discutiendo su ubicación política que consideramos crecientemente democratizante sobre diversos eventos de la política latinoamericana, creemos que la adopción de la concepción del “mal menor” en Perú, concepción ajena al marxismo y a toda política de independencia de clase, no ayuda a preparar la pelea que tanto menciona la LIT que vendrá luego del 5 de junio y peor aun ya que siembra elementos de filosofía de la resignación, de la cual proviene esa idea de apoyar al “mal menor”.

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