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Mundo Obrero

CONTRA LAS SUSPENSIONES Y DESPIDOS

¿Por qué el reparto de las horas de trabajo es la respuesta?

En nuestro país el sector más golpeado por la crisis económica mundial es el complejo metalmecánico, que incluye a la industria automotriz, autopartista y metalúrgica. La política de las patronales para “sobrepasar la crisis” es la de suspensiones con rebaja salarial o la modalidad del “banco de horas”1, apertura de retiros voluntarios o despido de obreros contratados.

Fernando Rosso

26 de febrero 2009

En nuestro país el sector más golpeado por la crisis económica mundial es el complejo metalmecánico, que incluye a la industria automotriz, autopartista y metalúrgica. La política de las patronales para “sobrepasar la crisis” es la de suspensiones con rebaja salarial o la modalidad del “banco de horas”1, apertura de retiros voluntarios o despido de obreros contratados. En Córdoba, donde el complejo metalmecánico es uno de los motores de la economía, son los trabajadores quienes pagan la crisis con los despidos de contratados (en varios casos de efectivos) y las miles de suspensiones.

Los primeros responsables de que esto pase son los dirigentes del SMATA y la UOM, promotores de acuerdos que implican el despido de miles de contratados y la rebaja salarial de los suspendidos. En el caso del SMATA la “Secretaría de prensa” es quien informa los planes de suspensiones de las empresas y ante la pregunta de cuál será la respuesta del sindicato dicen “esperemos que mejore la situación” o “que levante el mercado”.

La burocracia sindical busca dividir a los efectivos suspendidos de los contratados que están luchando y pretende ganarse a los obreros de planta permanente diciendo que “la clave es defender los puestos de trabajo de los efectivos, que también corren riesgo”. Pero ¿cómo defender los puestos de trabajo?

Una historia conocida…los trabajadores pagando la crisis

A fines de los ’90, cuando terminaba la “fiesta menemista” y se iniciaba la anterior crisis económica, esta política de aceptar los planes de las patronales con los despidos de contratados y suspensiones generalizadas con rebaja o congelamiento salarial fue llevada a cabo por los mismos dirigentes sindicales que hoy están a la cabeza de los gremios. Y se demostró completamente impotente: más de 20 mil despidos en esta rama, el cierre de decenas o cientos de empresas, un tendal de desempleados y el hundimiento en la pobreza y en la degradación social de cientos de miles de cordobeses. Cuando mermaron sus ganancias, las empresas se sacaron de encima a los trabajadores haciéndoles pagar su crisis. Miles y miles de desocupados fueron utilizados por los patrones para bajar el salario de los que quedaban trabajando, cercenar sus derechos, imponer mayores ritmos de producción, precarizar el empleo y permitir peores condiciones laborales. Cuando después de la devaluación, la economía comenzó a mostrar signos de recuperación, el retorno al empleo se hizo en base a salarios “planchados”, y una generalización de los contratos “basura”, la tercerización y el trabajo en negro.

Lo que ocurrió es la forma “normal” de funcionamiento del capitalismo. En momentos de crisis los desocupados son utilizados como un “ejército industrial de reserva”, tal como lo definió el maestro del socialismo, Carlos Marx. Dentro de ese ejército industrial de reserva que usualmente involucra a los desocupados Marx distinguía un sector de obreros que fluctúa, entran y salen de la producción de acuerdo a las necesidades de los capitalistas. Este es el rol que juega el trabajo precario institucionalizado en los ‘90. Pese al aumento del empleo en los últimos años las patronales contaron con una fuerza de trabajo dividida entre efectivos, precarizados, en negro. Estos dos últimos sectores, que hoy –al inicio de la nueva crisis- están siendo amenazados y empujados al desempleo, son utilizados por los capitalistas para presionar a los obreros de planta permanente para que aumenten la productividad, para contener los reclamos salariales y evitar que se pelee por mejores condiciones de trabajo, es decir, para mantener bajo el valor de la fuerza de trabajo y explotar lo más posible a los trabajadores en actividad. La única semana que se trabajó en Iveco el mes de febrero, un sector de obreros produjeron la misma cantidad de camiones que antes se hacía con el doble de trabajadores.

Las patronales, con la colaboración de los dirigentes sindicales burocráticos, están interesadas en presentar a los trabajadores que el funcionamiento del capitalismo es algo “natural” e inmodificable. Es necesario entonces desenmascarar esta forma perversa en que actúa el capitalismo para que la clase obrera no asuma sobre sus espaldas los costos de la crisis.

La crisis internacional que vivimos hoy no tiene precedentes y hay que remontarse a los años ‘30 para encontrar una situación similar. Las “salidas” que propondrán los capitalistas serán peores aún que las conocidas hasta ahora.

La única perspectiva realista

La lucha por el reparto de las horas de trabajo sin rebajar el salario es la única perspectiva posible ante el plan de la patronal y la burocracia de dividir, atomizar, desmoralizar y enviar a la pobreza a parte importante de la clase trabajadora y sobre esa base intentar la “recuperación”. En esto, es obviamente ayudada por el Estado capitalista con nuevos préstamos y subsidios, tal como hace hoy el gobierno de Cristina Kirchner con las automotrices.

Los obreros de planta permanente deben comprender que la “táctica” de la burocracia de hacer “gestiones para mantener los puestos de trabajo”, aceptando despidos de contratados, suspensiones y “bancos de horas” para no entorpecer los planes de las patronales, lleva a debilitar la fuerza de los trabajadores y a darle ventajas a las patronales para dividir y luego avanzar con nuevos despidos, congelando o rebajando el salario y aumentando la productividad de los que quedan trabajando. En el caso de Volkswagen de Córdoba, ahora que los contratados están en la calle ya se plantea la cuestión concretamente: una de las plantas trabaja esencialmente para Brasil y otros mercados y está funcionando, pero la otra lo hace para el Estado Español y está totalmente parada y reina la incertidumbre. ¿Los compañeros a los que les tocó estar en la planta con mayor crisis deberán pagar por los malos negocios de los capitalistas y sus banqueros?

Las patronales tuvieron ganancias millonarias durante los últimos años y podrían mantener todos los puestos de trabajo “al 100%”, como afirman los compañeros en lucha y como votaron los trabajadores de Iveco en asamblea. Pero ¿es posible lograrlo?

Luchar para que la crisis la paguen ellos

Algunos compañeros, incluso entre los que dicen acordar con la perspectiva de luchar por el reparto de las horas sin rebaja salarial, se preguntan si esto no es exagerado, si es posible en esta situación.
En realidad es la única manera de enfrentar los despidos si lo que se quiere es preservar la fuerza de los trabajadores. La otra salida es la desocupación o un subsidio como hoy le proponen algunos funcionarios del gobierno y los políticos de la “oposición” que dicen apoyar la lucha. Que más de mil compañeros contratados estén a punto de ser despedidos gracias al rol traidor de la burocracia sindical, debilita estratégicamente al conjunto de los obreros.

Por eso, hay que cambiar los métodos de lucha e imponerle a los dirigentes asambleas en las fábricas y una asamblea general para dar una respuesta unificada, como reclamaron días atrás públicamente los contratados suspendidos de las distintas fábricas frente a la sede del SMATA.

Si un núcleo de trabajadores contratados de Córdoba que viene luchando hace tres meses, logró el apoyo de gran parte de la población, el conjunto de los metalmecánicos con una huelga general de toda la rama automotriz, con el método de las asambleas y movilizaciones, caravanas y piquetes podrían poner a la orden del día esta perspectiva. La posibilidad o imposibilidad de esta demanda depende de la relación de fuerzas y sobre todo de los métodos de lucha. Pero al margen de los avances que se puedan lograr, esta lucha por el reparto de las horas de trabajo tiende a unificar los intereses de la clase obrera a costa de las ganancias acumuladas por las patronales. Y en el curso de esa lucha los trabajadores harán su experiencia con la esclavitud capitalista en el camino por terminar con este régimen de explotación y su Estado, como planteamos los socialistas revolucionarios.

Lo que debe ser claro hoy para los trabajadores es que el reparto de las horas de trabajo sin disminución salarial, es la única forma de “defender sus puestos de trabajo”. De la mano de las conducciones burocráticas serán llevados a la superexplotación en el mejor de los casos, o a la desocupación y a la pobreza. Para los contratados en lucha significa plantearse el objetivo, como lo vienen haciendo en el marco de una gran lucha, de hacer todos los esfuerzos para ganar a los compañeros efectivos para esta pelea común y para que este programa se haga carne en el conjunto de los trabajadores. Para todos los trabajadores la disyuntiva es o el trabajo y el salario o las ganancias de las empresas.

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