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Pan y Rosas N° 4

TRABAJADORAS RURALES

“Nos criamos viendo cómo esclavizaban a nuestros padres, pero no queremos que nuestros hijos agachen la cabeza”

En el campo se encuentran las peores condiciones de trabajo y los más bajos salarios, además de altos índices de trabajo “en negro”. Conversamos con Viviana y Antonia, que cosechan ajo en Mendoza y vienen de protagonizar una heroica lucha de varios meses contra la explotación y por el derecho a organizarse.

7 de agosto 2008

“Reclamar contra el trabajo en negro no nos costó poco. Hablamos con legisladores, intendentes y funcionarios y hasta le pedimos personalmente a la presidenta, que sólo queríamos trabajar…” Así comienza su relato Viviana, una trabajadora rural de Mendoza que conoce las terribles condiciones en las que se cosecha el ajo. “La Sociedad Rural, la Federación Agraria o la Cámara del Ajo, que son los que impulsaron el paro del campo, son patrones que demuestran estar unidos sólo para defender sus ganancias.”

Antonia también trabaja en la cosecha del ajo, desde 1999: “la gente trabajaba calladita y engañada, porque siempre hemos trabajado engañados.” Así fue como les descontaron dinero del sueldo para aportes que nunca se realizaron, le cambiaron el nombre a la empresa e intentaron desconocer la antigüedad de las trabajadoras y trabajadores; pero surgió la rebelión desde abajo. Antonia nos cuenta que entraban a las 7 de la mañana y no salían hasta las 9, 10 u 11 de la noche. “Ahí recién regresábamos a ver los hijos, los nietos, todas cansadas, y siendo que al otro día teníamos que regresar a la misma hora, a seguir con la lucha.”

Viviana denuncia que, incluso, hay mujeres embarazadas “que al término del embarazo hombrean cajas de 20 kilos, se trabaja como un animal, incluso hay mucho trabajo infantil.” Ella misma trabaja en el campo desde los 8 años, “como cuadrilleros y como yo y mis hermanos, y como muchos en el campo que trabajan así, y ya estamos para jubilarnos con 29 años”. Dice que los llevaban para pelar ajo en los galpones, “que ese es un trabajo mucho más pesado”. Antonia la interrumpe: “o si no, te llevan a las chacras donde no tenés nada, no hay comodidad, tenés que hacerte sombra porque el sol es muy fuerte, y a veces no tenés nada para hacer sombra y, además, tenés que llevarte las mesas para trabajar.” Sigue Viviana: “aparte es muy peligroso porque te cortás con el filo de las tijeras, hay bichos que si te pican te podés agarrar enfermedades.” Y Antonia sintetiza tajantemente: “no te dan agua, no hay baño, todo eso es el trabajo en el campo.”

Hoy, después de una larga lucha que incluyó la feroz represión policial que se cobró la vida de un compañero, acaban de poner en pie un sindicato que reúne a miles de trabajadores del sector.

Viviana nos dice que, desde que empezó esta lucha en noviembre del año pasado, siente que despertó “veo a mis hijos y no quiero que les pase lo mismo. Nos estamos organizando entre nosotros y tratando de despertar a las otras personas, porque a nosotros nos costó muchísimo despertarnos. Nosotros nos criamos así, viendo cómo esclavizaban a nuestros padres, los veíamos agachar la cabeza y así nos acostumbraron a agachar la cabeza a nosotros. Pero no queremos ver a nuestros hijos que agachen la cabeza así, queremos enseñarles de otra manera, que tienen que estar con la cabeza en alto, porque nosotros trabajamos, no mendigamos ni robamos, queremos enseñarles a trabajar, pero con dignidad, no como esclavos.”

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