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Ciudad de Buenos Aires

POSSE SE FUE PERO HAY MÁS FASCISMO EN EL GOBIERNO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

“Nelly” Blaquier: entre la “cultura”, el elitismo... y el asesinato de obreros

Cinismo, hipocresía, descaro, desvergüenza... Todas estas palabras –y más, muchas más- no alcanzan para definir la política del gobierno de la Ciudad.

Demian Paredes

26 de diciembre 2009

Cinismo, hipocresía, descaro, desvergüenza... Todas estas palabras –y más, muchas más- no alcanzan para definir la política del gobierno de la Ciudad. Macri, además de “no tener diferencias” con el renunciante en Educación Abel Posse –según explicó Rodríguez Larreta en conferencia de prensa1-, nombró la semana pasada en el cargo de “embajador cultural de la Ciudad de Buenos Aires” a Nélida Arrieta de Blaquier ¡persona responsable del “Apagón del terror” de 1976, donde desaparecieron decenas de trabajadores del ingenio Ledesma y estudiantes!

Hay una costumbre de la burguesía en todas las latitudes: hacer “filantropía”2 a través de fundaciones y “proyectos solidarios”. Así, una parte –unas migajas, en realidad- de las grandes fortunas que amasan mediante la explotación de los trabajadores funciona como “pantalla” que los mostraría como “humanos” a través de las donaciones que hacen y aperturas de “espacios” –donde se hace asistencialismo hacia sectores desamparados, o se “fomenta” la “educación” o el “arte”–. Sin ninguna duda la Fundación Rockefeller es un verdadero paradigma de esto que decimos; o podemos ver el reciente ejemplo de la “cumbre ambiental” de Copenhague, donde los grande ricos del mundo –como Bennetton, que arrasa con los pueblos originarios en muchos países, convirtiéndose en una especie de “terrateniente global”- se muestran preocupados por los grandes problemas ambientales como la contaminación y la miseria (social) ¡que ellos mismos provocaron con la extracción y consumo insaciables de recursos, naturales y humanos (mano de obra)! En todo caso, cualquiera de estas actividades muestran que los grandes empresarios tienen –seguramente entre otros- este hobby: como “pasatiempo”, simulan ser solidarios en una sociedad que, creada “a imagen y semejanza” de ellos, es puro individualismo, competencia y brutalidad.

Nelly y el (asesino) ingenio Ledesma

Para volver al caso que nos ocupa, “Nelly”, como la conocen en los “selectos ambientes” que frecuenta, se dedica al arte. Desde hace décadas, cuando comenzó como vocal de la “Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes” en 1963, pasó por la vicepresidencia en 1974 y, a un año del ataque en los pueblos jujeños de Calilegua y Libertador General San Martín –con más de 400 detenidos y 40 desaparecidos-, llegó a la presidencia de dicha institución, el 6 de julio de 1977.

Y esto hay que remarcarlo: el ataque de los militares a los trabajadores (delegados y activistas), familiares y jóvenes estudiantes –que pasaban entonces sus vacaciones de invierno, venidos de provincias como Córdoba y Tucumán- fue planificado desde la misma empresa. Una de las (muchas) pruebas que corroboran esto son los testimonios de los sobrevivientes, que recuerdan los camiones del ingenio Ledesma donde cargaron a los detenidos las noches de junio y julio de 1976.

En ese entonces Nelly –hija del ingeniero Arrieta, antiguo patrón- y Pedro Blaquier eran el matrimonio dueño del ingenio. Muy pocos años antes, producto de una lucha tenaz por parte de los trabajadores, sindicato y profesionales solidarios, se había logrado algo histórico: que el ingenio pague impuestos al municipio, además de toda una serie de conquistas obreras. Como quedó asentado en muchos testimonios en investigaciones periodísticas, libros y documentales (como Sol de noche, de Milstein y Ludin3) esta “afrenta” a un gran monopolio capitalista –como ya era Ledesma- tuvo como venganza jurada el ataque y desaparición de luchadores cuando llegó la dictadura. No por nada Pedro Blaquier se carteaba durante el período videlista con su “dear friend”, su querido amigo, el ministro de economía Martínez de Hoz4.

¿Y Nelly? Alejada luego de Libertador General San Martín, donde sólo quedó explotación, hambre, miseria y contaminación –como ocurrió con la Madre de Plaza de Mayo Olga Arédez, muerta por bagazosis5- dejó la empresa en manos de Pedro Blaquier mientras se hacía pasar por solidaria con el Museo Nacional y el Teatro Colón. Terminó siendo presentada como una “empresaria apasionada por el arte”, con “compromiso con la cultura y la educación, ejes fundamentales para el desarrollo y engrandecimiento del país”. En realidad, mientras se la muestra “solidaria” con una institución estatal... lo que desarrolló y agrandó fue su “patrimonio artístico”, privado –tal como hizo con el económico, como dijimos, basados en el crimen, la opresión y la explotación6-. Veamos.

Patrimonios privados (inmobiliarios, fabriles, artísticos) de una burguesa

Dice una nota periodística: “a la hora de determinar cuál es la colección de arte más importante de la Argentina, los nombres que suenan casi de manera indiscutida son los de Nelly Arrieta y Carlos Pedro Blaquier. Separados desde hace varios años (aunque no divorciados, lo que evitó que la colección se dividiera), Nelly Arrieta –presidenta desde hace treinta años de la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes– vive en uno de los cuatro pisos que su familia posee en un lujoso edificio frente a la Plaza San Martín. Acostumbrados a aparecer en el selecto ranking de los coleccionistas internacionales más importantes que realiza periódicamente la revista Art Review (émulo de la lista que la revista Forbes arma con las personas más ricas del mundo), los Blaquier tienen repartida su colección entre la residencia del barrio de Retiro, el campo de la familia en la ciudad de Lobos y que bautizaron La Biznaga, y un palacete en San Isidro, en donde Carlos Pedro suele organizar fiestas y recepciones, llamado La Torcaza. ‘Los Blaquier tienen varias colecciones separadas’, dice un conocido de la familia, que pide mantenerse en el anonimato: ‘Poseen una colección muy importante de armas antiguas, otra de platería criolla y de platería francesa del siglo XVIII, otra de bronces del Renacimiento y también arte precolombino. Dentro de su colección de arte, quizá lo más importante sean los cuadros impresionistas, entre los que hay joyas de Gauguin, Degas, Rendir y Monet’.

Reacios a mostrar su colección a personas ajenas a su círculo íntimo, los Blaquier (...) son también dueños de una impresionante colección de arte rioplatense del siglo XIX (...). En lo que hace a arte argentino del siglo XX, es famosa su colección de pinturas de Emilio Pettoruti, una de las confesadas debilidades tanto de Carlos Pedro y de Nelly Arrieta como de sus cinco hijos. Algo que quedó a la vista cuando ella organizó a fines de 2004, en el Museo Nacional de Bellas Artes, la mayor retrospectiva sobre la obra de Pettoruti hasta el presente, en la que varios de los cuadros de su colección privada (entre ellos, el Quinteto) fueron expuestos al público”7.

¿Qué tal? Al menos alguna vez parte de esta riqueza fue expuesta al público. ¡Qué caradurez: los asesinos de obreros son la “elite” que “salvaguarda” el patrimonio de las artes!8

Los Blaquier, junto a otros grandes empresarios como Constantini (del MALBA) y Amalia Fortabat hacen grandes negocios privados y con el Estado, y además acumulan, entre otras fortunas, estas “fortunas artísticas” –y privadas, como vimos-, que son, en realidad –o deberían ser- patrimonio de la humanidad.

¿Cuáles son las “virtudes” que reconoce el gobierno de Macri?

La resolución del Ministerio de cultura porteño –que encabeza Hernán Lombardi9- dice que “Nelly Arrieta de Blaquier representa, en el país y en el exterior, los más elevados valores de la cultura argentina”. Cultura de la muerte y el exterminio, decimos nosotros. Cultura de una sola clase, explotadora: la burguesía, que no duda, ante la rebelión y la lucha, en cambiar de “modo de dominio” (régimen político) para poder mantener la explotación de millones de hombres, mujeres y niños. “Nelly” representa a un sector de la clase dominante nativa: su apellido de casada (que como vimos mantiene sólo por cuestiones de negocios), Blaquier, estará por siempre unido, indisolublemente, a los campos militares de concentración y exterminio de una vanguardia militante, obrera y estudiantil. Por ello, todo el arte acumulado, todos los “bellos eventos” de “fomento” que pueda hacer palidecen, se marchitan, no valen nada, ante el despiadado asesinato de aquellos luchadores y luchadoras de los ’70.

“Nelly Arrieta de Blaquier recibió muchas distinciones a lo largo de su vida, pero es la primera vez que recibe una desde un organismo público de su país”, dice una nota10. Pues bien: queda claro que el “discurso PRO” que encandiló a muchos sectores de las clases medias acerca del supuesto “apoliticismo” de estos “jóvenes (?) empresarios” y tecnócratas, viró a lo que es su “esencia ideológica” (pocas veces explicitada y muchas camuflada): la reivindicación de la dictadura militar, de los métodos de matanza y exterminio de los luchadores obreros y populares. No es casual que este “nombramiento pionero” lo hiciera Macri: éste ya compartía la “filantropía” con Nelly desde hacía varios años, como lo mostraba, entre otras, la revista de los “ricos y famosos”, Caras11.

Ahora, cuando emergen tendencias en el movimiento obrero de resistencia, organización y lucha, clarificar y conocer los planes de los políticos capitalistas se hace vital para toda la opinión pública obrera, juvenil, popular y de los sectores medios empobrecidos.

Las designaciones de (el ahora renunciado) Posse y Nelly Blaquier por parte del gobierno de la CABA, en momentos en que la crisis económica y las penurias populares continúan –y se agravarán-, son como “el símbolo” de la “política de Estado” que tendrán todos los partidos patronales cuando las luchas se generalicen. Una política que para ello debe ir en contra, fundamentalmente, de los sindicatos: por ello Posse se quejó en el trámite de su renuncia de las marchas y reclamos por parte de sindicatos y personalidades del arte y la cultura. Dijo: “ganó la prepotencia disfrazada de democracia”, aunque es indudable que la cosa es más bien al revés: Macri y su séquito quieren, disfrazados de demócratas, eliminar la protesta y reclamos docentes y sindicales en general12.

Aunque (aún) no sean quienes “primen” en los planes y la dirección del gobierno (¡aunque no podemos dejar de mencionar la UCEP y el espionaje que hizo en los sindicatos docentes!), los Posse y Blaquier son la quintaesencia, la expresión más descarnada (y explícita, como podemos ver y oír las últimas semanas) del sistema de explotación y opresión capitalista.

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