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Claves N° 6

LA CUMBRE DE LA UNASUR

Manteniendo el “orden” regional

Frente a la convulsiva situación en Bolivia fue convocada una reunión extraordinaria de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) en Santiago de Chile.

Milton D’León

18 de septiembre 2008

Frente a la convulsiva situación en Bolivia fue convocada una reunión extraordinaria de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) en Santiago de Chile. Asistieron a la misma representantes de 12 gobiernos de la región: entre ellos, el lacayo del imperialismo Uribe, “social liberales” como Lula y Bachelet, “progresistas” como Cristina Fernández y Lugo y los ”nacionales y populares” Chávez y Morales, además de Insulza de la OEA.

El objetivo de la reunión fue buscar una “solución” política al conflicto abierto en Bolivia entre el gobierno de Morales y los prefectos de la derecha autonomista, buscando contener la crisis y evitar así mayores riesgos para el “orden” regional. La recién creada UNASUR, iniciativa de Brasil apoyada por Venezuela para intervenir activamente en la región, tuvo su bautismo de fuego: como afirmó la presidenta chilena Bachelet, trata de “evitar la violencia como forma de resolución a conflictos en democracia”. Este organismo se propone como garante del orden sudamericano, desplazando parte del rol que jugaba tradicionalmente la OEA.

La llamada “Declaración de la Moneda” no presenta ninguna resolución a favor del movimiento de masas y sus reivindicaciones históricas, y no podría hacerlo, ya que su objetivo es mantener el llamado “orden institucional”.

Cabe recordar que bajo ese mismo pretexto, los gobiernos “progresistas” latinoamericanos ya habían actuado de manera “responsable” cuando en la reunión del grupo Río dejaron sin ninguna condena a Colombia tras el criminal bombardeo del gobierno proyanqui de Uribe sobre el campamento de las FARC en territorio ecuatoriano a principios de marzo. Peor aún, desde hace 4 años tropas de Argentina, Bolivia, Chile y Uruguay, lideradas por Brasil, mantienen una ocupación militar en Haití a pedido de EE.UU. que lejos de la supuesta “misión de paz” que dicen representar, han sido acusadas de abusos, torturas y violaciones contra mujeres y niñas de los barrios más pobres, mientras cumplen una función coordinada en la represión interna junto a la Policía Nacional Haitiana.

Por eso en la reunión no se pasó de afirmaciones generales como el respaldo “constitucional” a Morales, respeto a la soberanía, desconocimiento de cualquier golpe o la división del país, cese de la violencia o la condena a la masacre de Pando. También se votó una Comisión para el diálogo político... ¡con los mismos personajes reconocidos como golpistas y fascistas que asesinan a los campesinos!, cuando debería haberse exigido la cárcel inmediata para los responsables del genocidio. No hay resolución que pueda conciliar los intereses de los asesinos y los masacrados. Pero hay que ser claros, el argumento de defensa del “orden institucional democrático”, que ahora se utiliza contra la derecha autonomista, en el futuro será utilizado contra los trabajadores, masas pobres urbanas y campesinas ante cualquier intento de querer desafiar el orden burgués en función de sus intereses fundamentales e históricos.

El balance que hacían los “insignes” representantes era que “por primera vez en la historia, los latinoamericanos resolvemos nuestros propios problemas” como afirmó Chávez al final del Encuentro, y en el mismo tono se pronunciaron Evo, Lula y Cristina Fernández entre otros. Chávez en sus argumentaciones públicas en Caracas, afirma que con la reunión de UNASUR se le pone cierto límite a las pretensiones norteamericanas de apoyar más abiertamente a las tendencias más derechistas. Pero lo que no afirma –y lo corroboran algunos analistas internacionales– es que con UNASUR, al mismo tiempo que destacan el rol de Brasil y Chile, que son vistos como interlocutores más confiables por EE.UU., se le pone límites al rol de Chávez tal como se expresó en la negativa por parte de éstos de que se hiciera referencia explícita a EE.UU. (lo que era pedido por Venezuela), habida cuenta que la injerencia del imperialismo norteamericano ha sido clara y notoria, a tal grado que se llegó a expulsar de Bolivia y Venezuela a los embajadores yanquis.

Si bien es cierto que la reunión se desarrolló sin la presencia directa de EE.UU., también lo es que las resoluciones tomadas no apuntan en ningún sentido a la liberación del sometimiento imperialista sobre Bolivia y el resto del continente.

La “integración” de este nuevo sudamericanismo, de la que se vanaglorian todos los gobiernos, nada tiene que ver con los intereses de los trabajadores y los pueblos, ni sirve a emancipación alguna ni mucho menos.

El objetivo principal de los gobiernos reunidos en la UNASUR es desviar definitivamente la movilización de los trabajadores y el pueblo y preservar el “orden” que garantice los negocios de los monopolios imperialistas y capitalistas locales. Por esa razón, a pesar de los discursos “nacionales y populares”, no se ha tocado ninguna de las bases del atraso, la dependencia y las enormes contradicciones sociales de nuestro continente: un puñado de empresarios y terratenientes concentran las mayores riquezas mientras enormes sectores de la población viven en la miseria.

Los trabajadores y los pueblos de América Latina no podemos esperar nada de reuniones como esta, ni tampoco de gobiernos como el de Evo Morales que terminan atando de pies y manos la movilización de las masas, llevándola a un callejón sin salida en nombre de la conciliación con los empresarios y las transnacionales, imposibilitando una lucha seria contra la reacción. Por ello es más importante que nunca pelear para que los trabajadores y los oprimidos latinoamericanos nos armemos de una perspectiva política independiente, levantando nuestro propio programa y uniendo, detrás de la clase obrera, a los sectores populares empobrecidos.

Sólo con la movilización y la autodefensa de masas podemos derrotar a la derecha “autonomista”. Hoy, la solidaridad internacional es urgente y es la única que puede fortalecer la lucha de los trabajadores y el pueblo boliviano.

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