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NACIONAL

¿Las privatizaciones, buenas para las provincias?

Como parte del notorio giro a derecha que el gobierno de Cristina Fernández realiza de forma cada vez más marcada, la presidenta no tuvo ningún reparo en sostener abiertamente lo que siempre opinó el kirchnerismo de las privatizaciones.

PTS

6 de marzo 2014

Como parte del notorio giro a derecha que el gobierno de Cristina Fernández realiza de forma cada vez más marcada, la presidenta no tuvo ningún reparo en sostener abiertamente lo que siempre opinó el kirchnerismo de las privatizaciones. Efectivamente, en el discurso de apertura de las sesiones legislativas ordinarias, sostuvo: “Para las provincias petroleras la privatización, no la desnacionalización, había sido un muy buen negocio. […] Porque por un lado, cobrábamos regalías que hasta ese momento no cobrábamos […] a partir de la privatización, empezaron a liquidarnos regalías. Pero, además, como teníamos participación en el capital accionario, nos distribuían utilidades a fin de año, porque éramos dueños de la petrolera; con lo cual, no fue un mal negocio para el país y para las provincias petroleras, porque teníamos el ing{}reso asegurado de las regalías y el de las utilidades que tenía –y muchas– la empresa”. Este discurso intenta tapar con un juego de palabras lo que conllevaba la privatización. Como si esta no fuera acompañada en sí misma por una desnacionalización, como si todo el andamiaje de las “reformas” del Estado no hubiera estado orquestado por los organismos de crédito internacionales para favorecer la acumulación “primitiva” (es decir una apropiación por precio de bicoca) en suelo nacional por parte de pulpos imperialistas, que compraron a precio de remate los bienes estatales y el acceso a los recursos. Su declaración exhibe de forma descarada cómo ante la posibilidad de amasar dólares de regalías los Kirchner no tuvieron ningún prurito en ser abanderados (valga la ironía) de la “españolización” de YPF, para desde entonces y hasta 2012 ser confiables abogados del Estado petrolero ante (hasta 2003) y EN el Estado nacional (desde la llegada de Néstor al sillón de Rivadavia). No podría ser una sorpresa que Cristina diga esto, considerando que los elogios a la petrolera fueron una constante durante casi toda la década K, a pesar del desembozado vaciamiento de la empresa. Sólo cesaron cuando el déficit energético se volvió insostenible y la posibilidad de hacer grandes negocios con los recursos no convencionales aconsejaron el desplazamiento de Repsol. Desde los tiempos patagónicos hasta el acuerdo con Repsol, una coherente línea de conducta.

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