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NACIONAL

PIERDEN ESPACIO EN EL PJ, GANAN RECHAZO ENTRE LAS BASES

La burocracia sindical peronista en su laberinto

Fue en estos días. En La Matanza, un delegado camionero lamenta los resultados electorales y dice que ahora hay que ir con Massa. Otro le responde que Moyano se tiene que preocupar más por los laburantes. En un congreso de la Juventud de la UOM se alerta sobre las consecuencias que puede tener el crecimiento de la izquierda. En la VolksWagen Pacheco, la burocracia queda muda tras la derrota de Insaurralde. El “¿por qué no hablan ahora?” corre entre las líneas.

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14 de noviembre 2013

La burocracia sindical peronista en su laberinto

Fue en estos días. En La Matanza, un delegado camionero lamenta los resultados electorales y dice que ahora hay que ir con Massa. Otro le responde que Moyano se tiene que preocupar más por los laburantes. En un congreso de la Juventud de la UOM se alerta sobre las consecuencias que puede tener el crecimiento de la izquierda. En la VolksWagen Pacheco, la burocracia queda muda tras la derrota de Insaurralde. El “¿por qué no hablan ahora?” corre entre las líneas.
Hay decenas de anécdotas. La burocracia salió mal parada de las elecciones. Sólo sonríen los que aterrizaron en el massismo hace pocos meses. Justo “los más impresentables” de todos. Ni los “gordos” noventistas ni los barrionuevistas tienen pinta de renovadores.
 
Del odio por abajo al desplazamiento por arriba
Pero el baño de realidad del 27 de octubre es sólo un capítulo más de la crisis de la burocracia. Una crisis que tiene dos claves.
Por un lado, un profundo desprestigio entre los trabajadores. La mayoría está convencida que se llevan demasiado bien con los patrones y los funcionarios, que hacen negocios con los fondos del sindicato, que tienen autos y casas de millonarios, que mandan a pegarle a los opositores y hace años “no levantan una pala”. Pero sobre todo, que han entregado buena parte de las conquistas obreras. El testimonio más crudo son los millones de trabajadores precarizados que pagan la “cuota solidaria” a sindicatos que le dan la espalda. La bronca contra los burócratas se mastica muchas veces en silencio. Donde está el sindicalismo combativo y la izquierda se organiza y rebela.
El otro problema es el desplazamiento que viene sufriendo la burocracia sindical dentro del Partido Justicialista. Primero fue “columna vertebral” del movimiento, cuando Perón otorgaba concesiones al movimiento obrero al precio de subordinar sus organizaciones al Estado, y encolumnar a los sindicatos detrás del peronismo. Luego se conformó con el 33% en las listas electorales, los “diputados sindicales”. La “territorialización” del peronismo en los 80, cuando se achacaba a los sindicalistas la derrota del 83, le recortó más espacios dentro del partido. En los 90 la complicidad con la política neoliberal y la división que logró Menem les restó poder sindical y político, mientras les sumaba repudio entre las bases. En los últimos años, mientras se recomponía la clase trabajadora, los sindicalistas peronistas tuvieron su “primavera” con Néstor Kirchner, que los sumó a la coalición de gobierno tras la crisis de 2001.
Pero en la última etapa se “quebró la racha”. Cuando el ciclo kirchnerista comenzó a agotarse, Cristina decidió no sólo limitar las concesiones al movimiento obrero, sino también a sus aliados sindicales.
Y el “partido clientelar” le ganó espacio al “partido sindical”. Como se quejó Roberto Fernández (UTA) estos días, “perdimos los espacios de poder que ocupábamos mientras que los intendentes ganaron protagonismo”.
 
“Unidad para la paz social”
Desde la ruptura de Moyano con el gobierno en 2012, el sindicalismo peronista no ha parado de fragmentarse. Las elecciones lo pusieron en evidencia: se dividieron entre las listas de Cristina, Massa y De Narváez.
Por eso lo que Antonio Caló definió hace pocos días como “el movimiento pendular de los dirigentes sindicales” no es más que el realineamiento de la burocracia con los proyectos peronistas para 2015. Discuten detrás de qué proyecto patronal quieren arrastrar al movimiento obrero.
Y entonces las reuniones se suceden. Moyano se reunió con Massa, que quiere posar de promotor de la “reunificación de la CGT” mientras se muestra ante los empresarios como un hombre de llegada al sindicalismo.
También con un discurso de “paz social”, la Iglesia reunió estos días a referentes de las distintas CGT. El Papa “peronista” está dispuesto a bendecir la unidad.
Los oficialistas por ahora no se anotan, pero hay negociaciones entre los opositores a la Rosada. Según el periodista Pagni, “la indiferencia kirchnerista, la tensión inflacionaria, el levantamiento de Massa y el avance electoral del trotskismo se combinaron, en distinta proporción, para precipitar la unificación opositora del sindicalismo peronista” (La Nación, 11/11).
El final está por verse, pero la movida no escapa al plan de transición ordenada que parecen acordar los “poderes reales” de cara al 2015. En ese plan hay un lugar para los sindicatos.
 
Recuperar los sindicatos
A pesar de que la recomposición de la clase trabajadora permitió la revitalización de sus organizaciones, hoy ante el agotamiento del kirchnerismo la burocracia arrastra un enorme desprestigio, está fragmentada y desplazada dentro del PJ. Si durante décadas fue un pilar del régimen capitalista, hoy su crisis es uno de las principales dificultades para la estabilidad de ese régimen.
En este panorama, se abre una oportunidad para la izquierda obrera. Se ha convertido en una fuerza reconocida por cientos de miles de trabajadores no sólo como la defensora consecuente de los reclamos obreros, la que siempre lucha contra los agravios patronales. Además comienza a aparecer como una opción política, como el símbolo de una nueva identidad entre los trabajadores. De una identidad que se propone superar la experiencia obrera con el peronismo y su ideología de conciliación de clases.
Hay que poner todo ese odio de la burocracia y las organizaciones de base conquistadas estos años al servicio de la recuperación de los sindicatos. Para independizarlos del Estado, para desplegar en ellos la democracia obrera y transformarlos así en herramientas de lucha. 

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