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Suplemento de LVO: "A 40 años del Cordobazo"

A 40 AÑOS DEL CORDOBAZO

Insurgencia Obrera en la Argentina 1969-1976: Un balance del proceso revolucionario de los ’70

El pasado miércoles 27 de mayo se presentó en el Instituto del Pensamiento Socialista Karl Marx, la segunda edición del libro INSURGENCIA OBRERA en la Argentina 1969-1967, de Ruth Werner y Facundo Aguirre. Participaron del evento más de 150 personas y fue transmitido en vivo por el canal web tvPTS. Entre los invitados estaban presentes trabajadores estatales, docentes, estudiantes y personalidades como Gregorio Flores, dirigente del clasismo cordobés y autor del libro SITRAC-SITRAM. Los presentadores, junto con los autores, fueron Carlos Morelli, ex delegado de los Astilleros Astarsa en los años ‘70 y miembro del CeProDH y Christian Castillo, docente universitario, director de la Revista Lucha de Clases y dirigente nacional del PTS.

PTS

4 de junio 2009

El pasado miércoles 27 de mayo se presentó en el Instituto del Pensamiento Socialista Karl Marx, la segunda edición del libro INSURGENCIA OBRERA en la Argentina 1969-1967, de Ruth Werner y Facundo Aguirre. Participaron del evento más de 150 personas y fue transmitido en vivo por el canal web tvPTS. Entre los invitados estaban presentes trabajadores estatales, docentes, estudiantes y personalidades como Gregorio Flores, dirigente del clasismo cordobés y autor del libro SITRAC-SITRAM. Los presentadores, junto con los autores, fueron Carlos Morelli, ex delegado de los Astilleros Astarsa en los años ‘70 y miembro del CeProDH y Christian Castillo, docente universitario, director de la Revista Lucha de Clases y dirigente nacional del PTS.

La obra, publicada por Ediciones IPS, es un valioso aporte al estudio profundo y a un balance del proceso revolucionario que vivió Argentina a partir de mayo de 1969. En esta segunda edición, los autores amplían su visión sobre distintos procesos políticos y sociales del período estudiado. Por un lado, ensanchan su interpretación sobre el golpe policial de febrero de 1974 que pasó a la historia como el “Navarrazo” y sobre la intervención de la vanguardia obrera cordobesa en las jornadas de Junio-Julio de 1975. Por otro lado, la ampliación mas sustancial del volumen es la incorporación de dos capítulos completos; uno con una primera aproximación a la experiencia de la Mesa de Gremios en Lucha de Córdoba y otro en la cuarta parte del libro, con un análisis crítico sobre la política y la estrategia del Partido Comunista Revolucionario. En este suplemento especial de La Verdad Obrera, reproducimos los principales extractos de las intervenciones de los presentadores.


Carlos Morelli

Delegado de Astilleros Astarsa en los ’70

Buenas noches, gracias por venir y por invitarme. En mi intervención en el libro, que agradezco, yo pude relatar lo que fue nuestra experiencia en los Astilleros Astarsa y en el Sindicato Naval de la Zona Norte. En este momento tengo 58 años, mi ingreso a la fábrica fue en el año 71, todavía no había cumplido los 20. Entramos una camada muy grande de jóvenes, porque en Astarsa se estaban construyendo buques para ELMA (Empresa Líneas Marítimas Argentinas­), hacíamos un curso para entrar como ayudantes polivalentes. No tenía experiencia política, simplemente algo porque mi suegro era del Partido Comunista y yo lo escuchaba hablar de socialismo, de gremialismo. Trabajábamos 12 horas, de 6 de la mañana a 6 de la tarde, y rotando todas las semanas de turno nocturno, 6 de la tarde a 6 de la mañana. Lo que me parecía una cosa fantástica, haber conseguido trabajo, se convirtió en una tortura. Porque trabajar 12 horas en un astillero donde todo quema, todo duele, o todo es muy frío.

Donde se bota el barco que es la anguilera, es un ángulo de 50 grados, ahí se va armando el buque, y en ese lugar se tomaba mate, o ginebra y entonces nos juntábamos a conversar, y se fue armando un grupo de jóvenes que manifestábamos la disconformidad con los delegados y con el sindicato que no hacia nada para cambiar las condiciones de trabajo, que implicaban que cada barco se llevaba entre 2 y 3 compañeros que morían en la construcción, o quedaban lastimados, mutilados.

Así que constituimos primero un esbozo para hacer una lista en contra del sindicato, que la hicimos y perdimos por poco, porque el sindicato trajo hasta los enfermos que tenía internados en el sanatorio con el suero colgando, para hacerlos votar. Eso hizo que en el año ‘72 el Astillero y los otros astilleros nos fueran despidiendo a quienes éramos activistas de la lista Marrón.

Yo estaba afuera de la fábrica cuando se produce un accidente muy grave: muere quemado un compañero, muy querido por nosotros, de la barra nuestra, y se toma la fábrica. Estamos hablando de mayo del ‘73, ya estaba elegido Cámpora. Se toma la fábrica con rehenes, todos los directivos quedan dentro, se hacen ollas populares: es la primera toma de fábrica que sucedió en la zona norte. Para levantar la toma se pide la reincorporación de todos los compañeros despedidos por causas políticas y gremiales, -incluso los despedidos tras una represión muy grande en el ‘65 cuando también habían tomado la fábrica-, y que se creará la comisión de seguridad e higiene, controlada por nosotros. Estuvimos bastantes días de toma, hasta que tuvo que venir el ministro de Trabajo, Otero, aceptando las condiciones para poder soltar los rehenes: la reincorporación, el pago de los salarios, no tomar represalias.

Así que nosotros fuimos creciendo –esto está relatado en parte en el libro-, nos fuimos asesorando en la Facultad de Medicina y en la UTN en la forma de medir la insalubridad y creamos el Cuerpo de seguridad e higiene y fuimos cambiando todo el Cuerpo de delegados de lo que era la burocracia sindical. Los compañeros de otros lugares como Matarazzo, Terrabusi, venían a nutrirse de lo que había sido nuestra lucha para poder implementarla en sus fábricas, cambiando los cuerpos de delegados desde los delegados de base. Ahí empezó a actuar luego de la toma la JTP (Juventud Trabajadora Peronista) que respondía a Montoneros, con sectores de compañeros de la izquierda.

Así que nosotros fuimos avanzando, se formaron las Coordinadoras, se hicieron las paritarias. Tuvimos muchos logros, pero la patronal con el sindicato, con el gobierno, parecía que retrocedía pero en realidad estaba tomando carrera. Así para el año ‘74 nosotros ya teníamos nuestros primeros asesinados por la Triple A. Se intervino el sindicato para no darnos elecciones con gente de la derecha peronista, el Comando de Organización y la Concentración Nacionalista Universitaria. En Astarsa ae cambió toda la parte gerencial y entraron algunos de estos secuaces. Ruckauf ya era ministro de Trabajo, para el año ‘74-‘75.

En el Astillero nunca más tuvimos un muerto por accidentes y los heridos bajaron muchísimo. Pero tomaron la represalia porque no permitieron que jóvenes luchadores se hicieran cargo prácticamente de la dirección, que formaran coordinadoras. La CGT no se bancaba una “CGT paralela”. (…) El peronismo en todos sus aspectos y en todos los momentos traicionó a los trabajadores; traicionó a los mismos compañeros peronistas que habían confiado en ellos.

La Triple A ya apareció en el tiempo de la presidencia de Juan Domingo Perón. Nuestro último dolor fue el asesinato de dos compañeros navales y una compañera docente, en febrero de 1976, y nuestro desmantelamiento y la desaparición de 24 compañeros navales, doce de los cuales son compañeros de Astarsa. Yo pude sobrevivir de alguna manera y es mi forma de rendir homenaje a los compañeros desaparecidos.


Ruth Werner - Autora

El tema es la insurgencia obrera en la Argentina, 1969-1976 y quería empezar justamente por el Cordobazo. El Cordobazo abrió un período revolucionario, que va a cuestionar el dominio capitalista en el país. Desde nuestro punto de vista consta de tres momentos: un primer momento, de 1969 a 1972, es el momento de los levantamientos obreros y populares en ciudades muy importantes del país, el Cordobazo, antes el Rosariazo, en septiembre un nuevo Rosariazo, va a haber levantamiento en Mendoza, en Tucumán.

Hubo un segundo momento, de desvío de la lucha de clases, a partir de la apertura electoral y de la política que empieza a instituir Lanusse, con el Gran Acuerdo Nacional, que dándose cuenta que no pueden calmar al movimiento de masas, van a apelar a las elecciones y a la vuelta de Perón. Este segundo momento va desde el ’72 hasta mediados del ’74; y hay un tercer momento, de choque entre la revolución y la contrarrevolución, desde mediados del ‘74 hasta el golpe, donde se va a dar otro de los grandes acontecimientos del período, las jornadas de Junio-Julio de 1975, la primera huelga general contra un gobierno peronista.

Pero volviendo al Cordobazo ¿cuál era la situación a nivel internacional y desde el punto de vista económico? Asistimos a lo que llamamos el fin del “boom de la posguerra”. Si lo historizamos, podemos decir que es la antesala de una crisis económica internacional que va a estallar en 1973 con la crisis del petróleo, y que para 1975 va a tener consecuencias catastróficas en nuestro país. Asistimos además a una fase de lucha de clases en todos los países. En los países imperialistas, se da el “Mayo Francés”, el “Otoño caliente” italiano, la “Primavera de Praga”; y también en Latinoamérica se van a producir fenómenos importantes, como la Asamblea Popular boliviana en el ’71 o el Mayo argentino.

En el Cordobazo van a confluir dos sectores fundamentalmente: el movimiento estudiantil, que venía peleando por sus reivindicaciones propias y se va a radicalizar a partir del asesinato de Cabral en Corrientes, y la clase trabajadora. En Córdoba el levantamiento obrero y popular va a tomar la ciudad con los trabajadores mecánicos, de Luz y Fuerza, el movimiento estudiantil, en una huelga política donde cada vez es más fuerte el grito de la unidad obrero estudiantil: “obreros y estudiantes, unidos y adelante”, y “abajo la dictadura de Onganía”. El Cordobazo obliga a la policía a replegarse, que se va a terminar acuartelando porque se le acaban las municiones para reprimir, y solamente la intervención del ejército va a lograr calmar la situación.

¿Qué abrió el Cordobazo? Va a herir de muerte a la dictadura de Onganía y va a poner fin a lo que conocemos como el Régimen Libertador, instaurado en la Argentina a partir del golpe gorila de 1955.

¿Qué pasaba en Argentina desde el punto de vista de la subjetividad de las masas? En el ’59 había ocurrido la Revolución Cubana, que va a influir enormemente a sectores de la juventud, y todo el proceso que se abre en el ’69 va a producir también una radicalización a nivel de la subjetividad de la clase trabajadora. El fenómeno más avanzado va a ser el surgimiento del primer clasismo, el Sitrac Sitram, los sindicatos de trabajadores de Fiat Concord y Fiat Materfer en Córdoba, que van a tener la particularidad no sólo de haber derrotado a la burocracia sindical en esos sindicatos de empresa, formar un cuerpo de delegados por sección y decidir todas las cuestiones en asamblea, sino que van a levantar un programa que plantea la independencia política del Estado, de la patronal y de los partidos políticos patronales. Se va a plantear además la necesidad de luchar por el socialismo. El Sitrac Sitram expresa una tendencia de los trabajadores a la independencia de clase y al enfrentamiento con la ideología peronista oficial de los sindicatos.

(…) La izquierda en ese momento va creciendo y cobrando influencia entre los trabajadores. Antes del Cordobazo sectores importantes de lo que se conoce como “nueva izquierda”, van a opinar que la clase trabajadora tenía poco para aportar al proceso revolucionario, que la clase obrera industrial está aristocratizada y el nuevo sujeto revolucionario lo van a buscar por ejemplo en sectores del campesinado –el Che Guevara es expresión de esta posición. En nuestro país sectores como el PRT El combatiente, opinaban que la clase trabajadora de la industria estaba aristocratizada y que el sujeto revolucionario estaba en el proletariado de los ingenios de Tucumán. El Cordobazo y todo el proceso internacional van a desmentir objetivamente esta visión. Todo el período revolucionario de los ’70 va a ser un ascenso enorme de la clase obrera.

El segundo período es de desvío de la lucha de clases. La dictadura, más precisamente Lanusse, se da cuenta que es imposible parar la dinámica insurreccional y decide abrir el juego electoral, lanzando lo que se llamó el Gran Acuerdo Nacional (GAN), una política para incorporar al peronismo al juego electoral.

En este período las luchas de la clase obrera van a ser canalizadas hacia las elecciones y la confianza en Perón, que regresa al país tras 17 años de exilio. Primero va a haber elecciones en marzo del ‘73, donde gana la formula Cámpora-Solano Lima y finalmente, en septiembre de 1973, va a asumir la fórmula Perón- Perón.

Desde el punto de vista de las masas, la clave va a ser la confianza en la vuelta de Perón. La vanguardia, que había surgido desde el Cordobazo va a quedar aislada y algunos sectores de la izquierda van a cometer errores. Organizaciones como Vanguardia Comunista y el PCR plantean la consigna “ni golpe ni elección, insurrección”, cuando la dinámica había cambiado y hacía falta ajustar la política para intervenir también en el terreno electoral, para que esos sectores de vanguardia que apuntaban a la independencia de clase, pudieran levantar una política también en las elecciones.

Esta es una discusión no sólo con la JP, que va llevar todo al terreno del peronismo, sino también con otros sectores de la izquierda sindical. En 1973 el PST y también el PRT, le plantean a Tosco, la figura más emblemática del sindicalismo combativo en el país, que encabece la fórmula de un frente de trabajadores. Tosco no va a aceptar diciendo que no estaban dadas las condiciones para enfrentar a Perón, influenciado por la política del Partido Comunista, que sostuvo una política de armar un frente de liberación nacional con sectores radicales y peronistas.

Esta discusión plantea un problema clave para todo el período de los ’70. Se trataba de que la vanguardia de la clase trabajadora que había conquistado sindicatos muy importantes, comisiones internas, que tenía grandes figuras obreras combativas, levantara una alternativa política de independencia de clase, ya que el movimiento de masas, más tarde o más temprano, iba a realizar su experiencia con el peronismo. Como lo demuestran los hechos posteriores: Perón no viene a la Argentina a traer la “patria socialista” como cantaba la JP, ni a traer la “liberación nacional” como decía el programa del FreJuLi, sino que viene a liquidar el proceso revolucionario abierto en 1969. Cuando se acaben las condiciones de la política del Pacto Social, va a ser el peronismo quien directamente ataque a la clase trabajadora como en Junio-Julio de 1975 con el Plan Rodrigo.


Facundo Aguirre - Autor

El 25 de mayo de 1973 asume la presidencia la fórmula Héctor Cámpora-Solano Lima. ¿Por qué gana las elecciones el FreJuLi? Porque expresa las expectativas de la clase trabajadora de llevar adelante el programa histórico del peronismo de independencia económica, justicia social y soberanía política. Y a su vez expresa la ilusión de la juventud de que se podía influir sobre el gobierno de Cámpora para radicalizar el proceso político. El gobierno de Cámpora dura poco, boicoteado por la derecha peronista y porque no cumple su función de contención. El Devotazo y una serie de tomas y luchas muestran que Cámpora no puede contener el proceso político y social. Esa situación decide su suerte. Como saben, la derecha peronista monta la “masacre de Ezeiza”, de la cual Perón culpa a la juventud peronista y lleva a la renuncia de Cámpora. Así surge la fórmula Perón-Perón y una nueva convocatoria a elecciones para septiembre de 1973.

Cuando asume Perón su gran política fue la del Pacto Social, implementada ya por Cámpora, que consistía en un acuerdo de precios y salarios, se congelaban las paritarias y los precios por dos años y se establecían anualmente aumentos por decreto. Se prohibían las huelgas por reclamos salariales. Se buscaba, mediante la utilización de la renta agraria, estimular un nuevo tipo de exportaciones de bienes de capital por parte de la Argentina.

Pero para que el Pacto Social funcionara necesitaban la disciplina de la clase trabajadora. Para eso se dicta la Ley de Asociaciones Profesionales que fortalece a la burocracia sindical. En este marco, se va a dar un proceso de constitución de una vanguardia obrera militante, fábrica por fábrica. Es un período que denominamos de “huelgas salvajes”, que enfrentan a lo que el compañero Carlos Morelli en el libro definió como la “santísima trinidad”: la patronal, el Estado y la burocracia sindical. La huelga de Astilleros Astarsa es un gran ejemplo de esto.

Pero quizá el proceso más importante va a ser el primer “Villazo”, en marzo de 1974, en Villa Constitución. Allí la UOM es ganada por la lista Marrón de Alberto Piccinini, la burocracia los desconoce y los expulsa de la UOM, la patronal de Acindar decide entonces avanzar contra los delegados provocando la reacción de los obreros de Acindar, Marathon y Metcon, que van a la huelga, toman las fábricas con rehenes y en nueve días logran el reconocimiento de sus delegados y su sindicato por parte de la patronal y el gobierno nacional, cosa que la UOM no hace dando elecciones para noviembre de ese año.

Al mismo tiempo que se impone el Pacto Social, se extiende la represión a los trabajadores a través de los grupos paramilitares de la derecha peronista y la burocracia. Perón muere en julio de 1974. En abril se da un famoso Plenario de organizaciones obreras combativas en Villa Constitución, donde acuden fábricas de todo el país, Tosco, Salamanca y casi toda la izquierda, salvo, la JP y Montoneros, que si bien eran críticos del Pacto Social no querían romper con Perón. En ese Plenario se da una discusión vital sobre la formación de una Coordinadora Nacional para unir a los sectores combativos del movimiento obrero. Esta posición es derrotada, centralmente por la oposición del Partido Comunista y del PRT que se niegan a plantear esta política para no minar la posibilidad de alianza con los Montoneros. Sólo después de la muerte de Perón los Montoneros pasan a la oposición al gobierno.

Se da entonces un proceso de recuperación de comisiones internas y organizaciones de base de los trabajadores, porque los sindicatos juegan un papel de colaboración abierta con la política de Perón y de organizadores de bandas fascistas contra los trabajadores. En Córdoba, un sector de los sindicatos juega este papel apoyando el Navarrazo, pero también se da un proceso de organización que es la Mesa de Gremios en lucha, a mediados de 1974, compuesta por el SMATA, Luz y Fuerza, los trabajadores de Perkins, del Caucho, ATSA, UEP. ¿Por qué en Córdoba? Porque el proceso desde 1969 había debilitado a la burocracia y permitido no sólo la recuperación de comisiones internas sino de seccionales de los sindicatos. La Mesa de Gremios expresa una tendencia a la recuperación de las organizaciones por parte de un sector de vanguardia de la clase obrera cordobesa, fenómeno sobre todo el del Smata, que algunos historiadores llaman el “segundo clasismo”. A diferencia del primero, está políticamente dominado por la idea de la conciliación de clases. El referente del SMATA Córdoba, René Salamanca, es miembro del PCR que ya en 1974 define que hay que apoyar al gobierno peronista, porque está acosado por dos peligros golpistas: uno del imperialismo yankee, y otro del “social imperialismo ruso”, cuya expresión en el gobierno era para ellos Ber Gelbard y la propia guerrilla.

Muerto Perón, el poder cae en manos de Isabel y López Rega, ala derecha del gobierno. Este es un momento donde la crisis capitalista golpea de lleno en la Argentina, fines de 1974 y principios de 1975. En mayo del ‘75 asume la cartera de economía Celestino Rodrigo, quien dicta un plan de shock conocido como el “Rodrigazo”: congelamiento salarial, libertad para el aumento de precios, devaluación de la moneda, un dólar de doble paridad y ninguna homologación de los convenios colectivos de trabajo que por el Pacto Social se tenían que discutir en esas fechas.

Esto provoca un movimiento de oposición obrera que dura un mes aproximadamente, entre el 1° de junio hasta el 7 y 8 de julio de 1975. En el libro lo describimos en tres momentos: un primer momento, desde los primeros días de junio hasta el 12 y 13 de junio, donde la clave es la oposición por empresa y la consigna es “14.250 o paro nacional”, en alusión a la Ley de paritarias. Un segundo momento donde este movimiento se hace regional. En Córdoba el 12 de junio es convocada una huelga por la Mesa de gremios en lucha. El movimiento se extiende ciudad por ciudad, región por región. Y esto pega un salto a partir del 27 de junio de 1975 cuando ante el desborde de las bases, la UOM y la CGT convocan a un paro nacional y movilización de algunas horas a Plaza de Mayo, que se transforma en un paro de 24 horas donde la clase obrera toma prácticamente Buenos Aires. Ahí el reclamo pasó de ser meramente económico a un reclamo político.

En este proceso va a surgir el movimiento de las Coordinadoras Interfabriles de Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Las Coordinadoras agrupan unas 130 comisiones internas y algunas seccionales sindicales. Participa esencialmente la izquierda sindical y es un movimiento que va a imponer a la burocracia sindical la huelga general. Va a ser el que organice y articule la huelga general que el 7 y 8 de julio va a terminar volteando al Plan Rodrigo y obligando a la huida de José López Rega.

Este es el segundo gran momento revolucionario de los ’70, porque el gobierno de Isabel queda quebrado después de Junio y Julio, su ala más fascista es expulsada del poder y se sostiene sólo por Lorenzo Miguel y la burocracia sindical. A su vez, le plantea a la clase trabajadora la necesidad de una nueva dirección para voltear al gobierno. Es en este momento cuando la burguesía se pasa a la línea del golpe militar y cuando, justamente, se demuestra el papel trágico de la dirección peronista de los trabajadores.
La clase trabajadora necesitaba superar al peronismo como dirección política, necesitaba construir su partido. Las Coordinadoras Interfabriles ofrecieron la posibilidad de estructurar una nueva dirección, pero en este punto fracasan las estrategias de la izquierda: la izquierda peronista, fuerza hegemónica en las Coordinadoras, opinaba que había que reeditar la experiencia del FreJuLi más a la izquierda; el PRT se planteaba la lucha de clases en términos de guerra revolucionaria de su aparato militar (el ERP) con las fuerzas armadas de la burguesía, y no en términos de desarrollo y organización de la lucha de clases; y luego los grupos que representaban al movimiento trotskista, que habían acertado en el pronóstico de que la clase trabajadora iba a ser el sujeto central de la situación argentina en esos años, pero que no tenían una política independiente con respecto a la burocracia sindical o las instituciones de la democracia capitalista. El ejemplo más patente es el PST, que en 1975, cuando se desarrollan las grandes movilizaciones, firma junto al PC y los políticos radicales el llamado a la conformación de un frente democrático para frenar los crímenes de las Tres A y dar una salida política a la violencia en el país.


Christian Castillo - Dirigente nacional del PTS

Una de las ideas que viene circulando fuerte en el último período sobre la década del ‘70, tanto en la producción académica como en la literaria, es la idea de que el movimiento obrero fue siempre reformista y que lo único que había era una vanguardia que se proponía hacer una revolución, sin apoyo en las tendencias de las masas. Esto lo sostienen historiadores como Mónica Gordillo y James Brennan que escribieron varios trabajos, el último Córdoba Rebelde, hasta Martín Caparrós, uno de los autores de La Voluntad, en donde concluye que en realidad los obreros “sólo querían comer bien”, y nosotros pensamos que en momentos de la etapa las acciones de las masas tendían a tomar una dinámica revolucionaria. Es muy interesante esto porque –en parte- las revoluciones se hacen porque la gente quiere comer bien, no es que los millones que salen a protagonizar las revoluciones tienen una clara conciencia de la estrategia y un mismo nivel de conciencia todo el tiempo. Los momentos revolucionarios son justamente momentos, no se extienden durante un enorme periodo. La conciencia de las masas y su estado de ánimo es algo cambiante. Entonces hay momentos revolucionarios decisivos y hay momentos donde las masas son más conservadoras. Pero, qué quiere decir un período revolucionario?, quiere decir que estuvo planteado el problema del poder.

Esto implica que la discusión de estrategias dentro de las filas de quienes proclamaban la lucha por la revolución social se vuelve decisiva, porque es necesario dar una explicación de porqué fue derrotado el movimiento de masas, pese a haber hecho los “azos” del 69 y 72, pese al Villazo, las Coordinadoras, y pese a haber dado una inmensa vanguardia militante que se proponía terminar con el capitalismo, como pocas veces existió en la historia nacional. Entonces la pregunta: ¿por qué perdimos?, es altamente pertinente. Hubo un periodo revolucionario, porque hubo condiciones revolucionarias objetivas. Hay dos momentos claves: el 69-72, cuando la lucha antidictatorial tendía a tomar una dinámica anticapitalista, y había conciencia de que para voltear a la dictadura había que atacar la propiedad privada capitalista y obligar a un “gorila” como Lanusse a traer a Perón. Y luego el momento de junio y julio del ’75, cuando el dique de contención del peronismo y la burocracia sindical tiende a agotarse y la burguesía empieza a hablar en sus editoriales de diarios y revistas de la “sovietización” de la Argentina (por las coordinadoras), cuando generalizan la idea de que hay que vencer a la “guerrilla fabril” –término difundido por Ricardo Balbín- y deciden dar el golpe. Toda gran fábrica en la Argentina tiene decenas de desaparecidos, compañeros delegados, luchadores. Esa idea de cortar la experiencia histórica de la vanguardia es lo que buscan con el golpe, sembrando el terror para disciplinar a la clase trabajadora y aplicar el plan Martínez de Hoz.

(…) En el periodo vamos a ver cosas que muchas veces no se ven, como la radicalización en la Iglesia Católica, donde surgen los sacerdotes del Tercer mundo y los militantes de base de la Acción Católica que nutren las filas de la guerrilla peronista. Hasta los hijos de la oligarquía se radicalizan en contra de la ideología y la tradición de los padres. ¿Esto no muestra un momento revolucionario? Entonces querer presentar la idea de que los dirigentes clasistas sólo dirigían porque eran “sindicalistas honestos”, y no que la base de esos sindicatos eran compañeros que quizás no tenían una ideología socialista acabada, pero que comenzaban avanzar enormemente en su conciencia de clase y a levantar un programa avanzado. Como los compañeros del Sitrac Sitram, que si tenían una dirección combativa era porque engarzaban con una dinámica de levantamiento revolucionario. Todos hablaban de revolución, tanto es así que se desarrolla una fuerte izquierda peronista, en donde también se hablaba de revolución y socialismo, con sectores que buscaban utilizar el peronismo tácticamente y otros que creían que el peronismo se podía radicalizar. En esa idea, en esa ilusión van a jugar un papel si se quiere, de contención, de ala izquierda de la maniobra de Perón, para frenar el proceso abierto en el Cordobazo. Y eso es una primera tragedia en la vanguardia.

Antes se planteaba el problema de cuando Tosco no acepta plantear una candidatura independiente, que implicaba una dura lucha política contra las ilusiones en Perón. Bueno, ahí era una gran batalla política, plantarse y decir que no, que Perón no viene a traer el socialismo nacional, sino a frenar el periodo abierto en el Cordobazo. El terreno electoral no era más que una expresión de la necesidad de construir una fuerza política con independencia de clase que nuclease a toda la vanguardia planteando un programa distinto del peronismo, no de conciliación de clases, y planteando como vía la necesidad de tomar el poder.

Para los que abrazaron la idea de la guerra revolucionaria la tarea que se planteaban era: empecemos por resolver la cuestión militar antes de resolver la cuestión política. Lo político se resumía en resolver la cuestión militar como problema del poder y no la necesidad de que las masas hagan la experiencia con la propia dirección peronista, construyan su propio partido revolucionario y al calor de esto construir organismos de doble poder alternativos, una tendencia en todo el ascenso de los ’70, los Cordones industriales en Chile y en nuestro país, las tendencias que se dan en ese embrión de doble poder que fueron las coordinadoras.

(…) La discusión sobre qué estrategia tener me parece un punto muy relevante por el pasado y también por el futuro. Por el pasado: cuando nosotros planteamos la posibilidad de haber agrupado a la vanguardia, estaba implicada en ella la política de autodefensa para enfrentar las fuerzas represivas y desarrollar milicias de los trabajadores. Y por la relación con la actualidad, porque la recuperación de las mejores experiencias de las luchas de los ‘70 enriquece a quienes están hoy pasando por la experiencia de superar a la burocracia sindical, -que recordemos organizó la Triple A- y no deben partir de cero, sino de la experiencia del clasismo. Hoy tenemos en Argentina compañeros que están retomando esa senda, como los compañeros de Zanon que ya llevan 8 años de gestión obrera o los compañeros del subterráneo que acaban de protagonizar un paro dentro del paro nacional de la CTA.

Retomar el hilo del clasismo, ¿qué implica? Implica enfrentar a la burocracia, peleando por la base de los grandes sindicatos, plantearle a los equivocados compañeros de la CTA que no hay que seguir a Pino Solanas o al banquero Heller como quiere Tito Nenna de UTE, sino construir un partido de la clase trabajadora.

(…) Hace muchos años que no vemos acciones revolucionarias de la clase obrera, acciones obreras vemos, pero no revolucionarias. No es que no hay sindicatos en Argentina, como esa teoría que dice que al peronismo ya no le importan los sindicatos y sólo tiene punteros en los barrios. El gran handicap del peronismo es controlar a la clase obrera y la burguesía prefiere un peronista en el poder para poder negociar con los sindicatos. Por eso, cuantas más organizaciones clasistas tengamos en los sindicatos, más agrupaciones combativas, más delegados, internas, seccionales, que se unan al movimiento estudiantil y la intelectualidad, más podremos jugar un papel en los momentos decisivos. Queremos hacer llegar nuestras ideas a lo más amplio de la clase trabajadora, y en ese sentido, el libro es un aporte para que todos los compañeros vean algo que la burguesía quiere que el movimiento obrero olvide. La burguesía no quiere que los activistas obreros se acuerden que hubo coordinadoras, que los obreros eran revolucionarios, dirigían fábricas y le pasaban por encima a la burocracia. Quieren que se olvide eso de la memoria histórica. Este libro tiene el papel de ayudar la reconstrucción histórica de la conciencia de clase del movimiento obrero.

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