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ISLAS MALVINAS | Radiografía de una burguesía semicolonial

El imperialismo británico, y su enclave en las Islas Malvinas, no paran en sus provocaciones contra la Argentina. El Kirchnerismo retomó la retórica “malvinera”, pero su política no pasó de recabar declaraciones de los países latinoamericanos, o dar discursos.

Armando Mouzo

13 de mayo 2010

ISLAS MALVINAS | Radiografía de una burguesía semicolonial

El imperialismo británico, y su enclave en las Islas Malvinas, no paran en sus provocaciones contra la Argentina. Se pueden enumerar: una poderosa instalación militar que cuenta con sofisticados aviones caza dotados de misiles de corto y largo alcance, un submarino nuclear y cuatro barcos de guerra -lo que constituye una verdadera amenaza al territorio nacional-; los permisos de pesca otorgados por el enclave inglés, que se traduce en la depredación pesquera en nuestros mares y la fuente de ganancia de la isla; el reconocimiento de la Comunidad Europea –el Tratado de Lisboa- a la soberanía pirata sobre las Islas del Atlántico Sur; las pretensiones imperiales sobre el territorio antártico; la utilización de este territorio como base de entrenamiento para las tropas que combatirán en Afganistán; y por último la exploración petrolera, que cobró relieve con la declaración de la empresa británica Rockhopper, afirmando haber encontrado petróleo de alta calidad.

Una historia de claudicaciones

Esta prepotencia del imperio es una muestra contundente de la impotencia de los gobiernos, desde la dictadura genocida, guerra mediante, hasta ahora para defender los intereses nacionales.

Amén de la traición abierta de la dictadura en plena guerra, que fue más eficaz en torturar a los soldados que en enfrentar al enemigo. Hay que mencionar a los representantes de la democracia patronal, que, basados en la derrota, impusieron la idea de la imposibilidad de enfrentar al imperialismo. Así, desde le época de Alfonsín (que en plena guerra se declaró en contra de la misma), se desarrolló la política de “desmalvinización”. Hasta llegar al extremo del menemismo que llego a impulsar la política de seducción, que incluyó el envío de ositos Winne Pooh a los kelpers.

El Kirchnerismo retomó la retórica “malvinera”, reivindicó la soberanía, pero su política no pasó de ahí. Se limita a recabar declaraciones de los países latinoamericanos, o discursos en la ONU, que resultan completamente ineficaces para recuperar las Malvinas.

Este fracaso oficialista desató las críticas de sectores opositores, el Presidente de la Convención Nacional de la UCR, Solari Yrigoyen, dice (sin mucha imaginación) que “hay que plantear el tema en la OEA y, con la solidaridad de los países hermanos y amigos, llevar la denuncia a las Naciones Unidas, incluyendo el Comité de Descolonización, sin perjuicio de plantearlo también en las relaciones bilaterales” (Clarín 12/5). Por su parte, el también radical, Rodolfo Terragno afirma que la clave es desarmar el argumento de la autodeterminación, “la propia ley del Reino Unido dice que los habitantes de las Malvinas no son un pueblo aparte, sino ciudadanos británicos, iguales que los que viven en Londres o Manchester. Hace mucho que esto debió haber sido llevado a Naciones Unidas, donde Inglaterra no tendría modo de resolver su contradicción” (Idem, 10/5). Mientras que el menemista Andrés Cisnero -Canciller entre 1996/99- propugna sumarnos “a los beneficios de una explotación rentable de los recursos, sin mengua de nuestros derechos, que para eso se diseñó el famoso paraguas de soberanía”, una añoranza por los tiempos idos.

Hay que romper con el imperialismo

Estas políticas terminan en la vía muerta de la ONU, un organismo imperialista, que incluso cuando intentó oponerse a la invasión a Irak demostró su completa impotencia.

Así como las Malvinas son un enclave militar imperialista, la Argentina es una semicolonia explotada y saqueada por el imperialismo. La burguesía autóctona y sus políticos son socios menores o gerentes en esta expoliación, por esto es incapaz de levantar una política nacional, y esta es la explicación de la claudicación de los partidos patronales.

La centroizquierda de Pino Solanas y Cía., intenta ir más allá, presentaron un proyecto de ley que consiste en boicotear a las empresas que intenten explorar el litoral marítimo sin autorización Argentina, y si no cumplen que se les impida operar en el país. Un proyecto que es presentado en el Congreso integrado en su enorme mayoría por los que han venido llevando adelante la “desmalvinización”.

Esta es una política a medias. Todas la empresas británicas apoyan a los kelpers, todas las firmas yanquis también sostienen la política pirata de los ingleses, por su parte España firmó el tratado de Lisboa. ¿Por qué no expropiar sin pago todas sus empresas como la British Petroleum? ¿Por qué seguir pagando la fraudulenta deuda externa que sostiene su política imperial en lugar de confiscar sus bancos como el Barclays Bank que administra el canje de Boudou?

Una verdadera política de independencia nacional, tiene que comenzar por estos puntos, junto a la nacionalización de la banca y el comercio exterior para controlar los principales resortes de la economía.

Pero esto no se conseguirá con proyecto de ley en el Congreso o con declaraciones en los foros internacionales. Sólo con la movilización obrera y popular se podrán imponer estos planes. Una lucha que debe convocar a nuestros hermanos, la clase obrera y popular de toda Latinoamérica.

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