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NACIONAL

CHARLA CON JÓVENES OBREROS INMIGRANTES DEL PTS

Humberto, Giovanni y Nora

Las víctimas de la masacre de Once atestiguaron que esta vez el capitalismo no discriminó entre trabajadores nativos e inmigrantes. Sucede eso en general cuando se trata del destino del pobre.

Hernán Aragón

8 de marzo 2012

Las víctimas de la masacre de Once atestiguaron que esta vez el capitalismo no discriminó entre trabajadores nativos e inmigrantes. Sucede eso en general cuando se trata del destino del pobre.

Sobre eso charlamos con Humberto, Giovanni (bolivianos) y Nora (peruana), jóvenes trabajadores inmigrantes que se organizaron en el PTS para luchar contra la explotación y opresión que sufren millones de inmigrantes en la Argentina.

Ellos son compañeros sumamente valiosos para los que nada les es fácil. Humberto llegó a recibirse de técnico químico: “trabajaba muchísimas horas, leía a escondidas y prácticamente no dormía”. Nora y Giovanni no tuvieron esa oportunidad: “necesitas un documento para moverte. Si no vives encerrado, con miedo a salir, porque la policía te para por portación de cara”.

Extranjero es el capital

Con sus palabras, dicen que no debe haber fronteras para los que diariamente comparten la espera y el tren que los conduce a vender la misma fuerza de trabajo. Viaje amargo, desvanecedor de ilusiones, el de millones para los que el sistema ferroviario no es más que una metáfora de sus vidas.
Sin embargo se ensombrecen cuando afirman que la mayoría de los trabajadores argentinos son indiferentes o en algunos casos reproducen la discriminación y xenofobia que promueve la burguesía. “Algunos compran el discurso de que el inmigrante es vago. Trabajamos entre 12 o 16 horas por sueldos de miseria para que se enriquezca un empresario que puede ser nacional o inmigrante también. No hay una distinción de nacionalidad cuando se trata de la explotación obrera. Pero nosotros tenemos los peores trabajos”.

Cuentan con odio el círculo perverso en el que se encuentra sumido el inmigrante y afirman que el “modelo K”, más allá de su discurso igualitario, lo garantiza a rajatabla.

“Al no tener papeles tienes que caer en un taller textil clandestino donde eres directamente un esclavo. Si logras salirte, a lo sumo consigues un trabajo en negro por no más de $2000 o $1.500. Entonces se te presenta el problema de la vivienda ¿Cómo haces para pagar un alquiler? La única opción es vivir en una villa”.

Para Giovanni y Nora el inmigrante está casi imposibilitado de socializar con el obrero argentino porque “la mayoría trabaja solo donde hay extranjeros”.
“El dueño era argentino, dice Giovanni, y nos separaba por grupos nacionales. Un día nos insultó por reclamarle nuestro sueldo. ´Me limpio el culo con todos los inmigrantes`. Eso nos llevó a unirnos y hacer una huelga”.

En negro y sin papeles

Conseguir la nacionalidad es más que una proeza. “Si estás en negro no puedes ir a hacer el trámite. El gobierno puede decir que facilitó las cosas pero no es así. Otorgó una ciudadanía precaria, pero para conseguirla tienes que tener trabajo en blanco, lo que ya de por sí es dificultoso. Si la consigues y si te llegan a echar en ese periodo, tu precaria vence”, afirman.
Humberto cuenta que cuando comenzó a cuestionar las condiciones laborales, el delegado sindical lo estigmatizó por su nacionalidad. También tuvo que enfrentarse a discusiones racistas por parte de sus compañeros como “ustedes vienen a quitarnos las vacantes de las escuelas de nuestros hijos”.

Sin embargo no se amedrentan. Más bien su decisión contagia valor. “El capitalismo naturaliza las peores injusticias. Nosotros no queremos naturalizar las cosas”, dice Giovanni. Nora habla desde sus vísceras “¿Por qué tenemos que trabajar tantas horas, por qué seguir agachando la cabeza? Hace tiempo no tenía este pensamiento, pensaba que todo era natural, pero ahora ya no”.

Derribar las fronteras

Le pregunto a Humberto qué lo llevó a ingresar al PTS. Él reivindica militar junto Yuri Fernández, miembro de la comunidad boliviana y obrero textil referente de la lucha de Brukman del 2001, de quien dice aprender muchas cosas. Luego Humberto da una respuesta simple y apasionada. “Porque encontré en el partido compañeros y obreros con sensibilidad a los padecimientos del inmigrante. Milito porque el PTS tiene una visión internacionalista y porque pelea para construir un gran partido revolucionario donde estén presentes compañeros inmigrantes y nativos, para luchar por la dirección de la clase obrera para destruir el capitalismo y llegar al socialismo, una sociedad sin explotados y sin explotadores”.

Los compañeros vuelven a hablar pausado. Esto no quita que su objetivo sea potente: ellos se proponen organizar a cientos de inmigrantes en el PTS, pero también luchar por convencer a los trabajadores nativos, en blanco y sindicalizados, de que la existencia de trabajadores de “segunda” es funcional a los patrones para avanzar sobre las conquistas del conjunto de la clase obrera. Dicen que la unidad no debe ser sólo por solidaridad sino como una necesidad de ellos mismos.

Uno los escucha y sabe que ese objetivo es posible.

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