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Internacional

Gran lucha estudiantil jaquea reforma universitaria en Colombia

Luego de varios meses de lucha contra una reaccionaria reforma universitaria neoliberal impulsada por el gobierno de Santos y sus aliados, la lucha del movimiento estudiantil colombiano se encuentra ante momentos decisivos.

10 de noviembre 2011

Luego de varios meses de lucha contra una reaccionaria reforma universitaria neoliberal impulsada por el gobierno de Santos y sus aliados, la lucha del movimiento estudiantil colombiano se encuentra ante momentos decisivos.

El intento de reforma educativa promovido desde el gobierno busca abrir las puertas a una mayor privatización y otros ataques a la universidad. Como ha demostrado la experiencia chilena, la reforma de la ley 30 de 1992 es una ruta hacia la profundización de la elitización y de pingües negocios para la burguesía a costa de la calidad educativa y el endeudamiento de las familias de menos recursos.

Esta reforma se viene tejiendo desde el anterior gobierno, y fue presentada por Santos en marzo de este año, generando un gran rechazo, sobre todo en lo referido a la apertura de la educación al mercado incorporando entidades con fines de lucro, aunque también en cuestiones referidas a la autonomía universitaria, financiamiento, calidad, etc.

La resistencia de estudiantes y trabajadores

Este ataque del gobierno ha detonado el retorno en gran escala, después de años, del movimiento estudiantil colombiano a las calles, en un proceso que tiene similitudes con el gran ejemplo del estudiantado chileno, tomado como referencia por los jóvenes colombianos, y que puede ser síntoma, junto a otras luchas estudiantiles en América latina del despertar de una nueva generación. Como en Chile, en Colombia se trata de un régimen muy reaccionario y estrechamente alineado con el imperialismo y los planes neoliberales, cuyos intentos de profundización en el ámbito universitario chocan con las aspiraciones estudiantiles.

El 7 de abril confluyeron en Bogotá decenas de miles de personas, entre estudiantes, docentes, trabajadores de la salud y otros sectores de trabajadores convocados también por la CUT, en una gran demostración de rechazo al proyecto, exigiendo al gobierno el retiro de la ley.

En las universidades públicas de Bogotá, Cali, Risaralda, las regiones de Boyacá, Antioquia y Bucaramanga y otras ciudades, los estudiantes se movilizaron masivamente una y otra vez, marchando por las calles pese a la campaña represiva del gobierno y los medios, que utilizaron la acusación de estar “infiltrados” por la guerrilla para tratar de aislar el estudiantado de la población, dividirlo y “domesticarlo”. También se sumaron sectores de las universidades privadas. En Bogotá y otras universidades los profesores se pronunciaron en apoyo a la protesta y por el rechazo de la Ley. Incluso las autoridades de varias universidades cuestionaron el proyecto oficial.

El 24 de agosto el movimiento estudiantil obtiene una primera victoria parcial, que fue el retiro por parte del gobierno del artículo referente a la apertura de la educación a entidades con fines de lucro. El gobierno ofrecía así una señal de apertura, cediendo algo para mantener lo esencial de la reforma. Sin embargo, no fue suficiente para desarticular al movimiento.

El 7 de septiembre confluyen nuevamente decenas de miles de estudiantes y trabajadores en una marcha nacional que también fue reprimida por el gobierno. Semana tras semana los estudiantes siguieron organizando demostraciones masivas de rechazo a la reforma. El gobierno sigue apostando al desgaste, la represión y el amedrentamiento.

La fuerza del movimiento se hizo sentir y éste continuó desarrollándose a pesar del despliegue represivo y de ataques como el que se cobró la muerte de un estudiante en Cali el 11 de octubre. Desde el 12 de octubre, se declaró paro universitario nacional por tiempo indefinido.

La dirección del movimiento estudiantil

Una confluencia de varias corrientes estudiantiles conformó a fines de agosto la Mesa Amplia Nacional de Estudiantes (MANE), que actuó a partir de ahí como dirección del movimiento. En un plenario realizado a mediados de octubre, que contó con la visita de apoyo del senador del Polo [1] Jorge Enrique Robledo y la ex senadora Piedad Córdoba [2], se programó una nueva marcha nacional, que se desarrolla en el día de hoy (jueves 10), y un encuentro nacional programático para el 12 y 13 de noviembre “con el objetivo de consolidar como mínimo una nueva exposición de motivos”, en perspectiva de un siguiente momento de construcción de “un nuevo modelo educativo al servicio del pueblo”. Sobre la base del profundo rechazo a la reforma del gobierno, la política de esta dirección combinó un conjunto de acciones callejeras pacíficas con el desarrollo de un proyecto de reforma alternativo al del gobierno que permitiese encauzar algunas demandas mínimas de los estudiantes por la vía parlamentaria.

Desmovilizar por sobre todas las cosas

Ante la masividad de las protestas, hasta parlamentarios del oficialismo debieron salir a declarar que no acompañaban el tratamiento del proyecto. El senador Olano Becerra manifestó que “el retiro es necesario porque esa iniciativa no alcanza a salir este año”. El representante Gómez Velásquez, reconoció que “no hay ambiente” para discutirse la ley y que hasta que no se consigan los acuerdos con los estudiantes “no habrá ponencia”.

Al cierre de esta nota, el presidente Santos había ofrecido, según los medios, el retiro del proyecto, eso sí, a cambio de la desmovilización y vuelta a clases inmediata. Eso le permitirá evitar que la unidad de los estudiantes con los trabajadores en las calles derive en un cuestionamiento más profundo del antidemocrático régimen colombiano. Quedará para un nuevo momento, tal vez no muy lejano, volver a la carga sobre la base de nuevos consensos reaccionarios.

La respuesta de los dirigentes del movimiento, si bien manteniendo el llamado a movilizaciones para los próximos días, parece ser la de buscar el diálogo. Según Juan Sebastián López, miembro del comité operativo de la MANE: “Necesitamos sentirnos tranquilos con la metodología que se va a utilizar para la construcción del nuevo proyecto, que se nos garantice que nos van a incluir, y hasta que sepamos cómo será este proceso, nos mantendremos en paro”. En principio también se mantendrían las jornadas programáticas del fin de semana, donde se discutiría el levantamiento o no del paro estudiantil.

Una perspectiva superior

La defensa de la universidad pública es una demanda de carácter democrático que interesa no sólo a los estudiantes y profesores, sino a todo el pueblo, y que va dirigida contra el conjunto del modelo de educación, elitista y privatista promovido por el régimen bajo el aliento de las instituciones internacionales. Se trata de qué Universidad para ponerla al servicio de la lucha de los trabajadores y el pueblo, no para tornarla cada vez más elitista y restringida, y hacerla más funcional para los empresarios y transnacionales.

La tenacidad de los estudiantes y su unidad con sectores de trabajadores en las calles mostró su potencialidad. Si efectivamente cae el proyecto oficialista este año, será una victoria de la lucha del movimiento estudiantil en resistencia cuyos efectos no sólo pueden fortalecer al estudiantado sino también impactar en el ánimo de sectores obreros y populares.

Sin embargo, la política de negociación y diálogo para “consensuar” en el ámbito parlamentario puede transformarse en una peligrosa trampa. Extender la organización de base con la más amplia democracia estudiantil y el buscar la alianza con los trabajadores y el pueblo contra Santos y sus planes, serán aspectos claves en las futuras fases de la lucha.

Uno de los interrogantes que cabe hacer es si, al calor de este gran proceso de lucha, comienza a madurar una vanguardia que se plantee avanzar en los métodos, consignas y autoorganización, frente a las tendencias conciliadoras que tratarán de llevar todo al vía muerta de los “consensos”.

Esta nueva generación de jóvenes estudiantes y trabajadores colombianos que respira los aires de la nueva primavera de los pueblos, es la vanguardia de la lucha que deja planteada la aguda crisis capitalista mundial para el próximo período, para la que los herederos de Uribe ya comienzan a prepararse.

La solidaridad con los estudiantes colombianos, como con los chilenos, o los de de la Universidad de San Pablo, etc., es un punto de partida para poner en pie al conjunto del movimiento estudiantil latinoamericano, que junto a los jóvenes árabes que lucharon y luchan contra las dictaduras, junto a los “indignados” españoles y los jóvenes griegos que se unen a los trabajadores en los paros generales y protestas contra el ajuste o los jóvenes norteamericanos que manifiestan en Wall Street y decenas de ciudades comienzan a cuestionar la barbarie capitalista.

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