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MOVIMIENTO OBRERO

Fútbol y solidaridad

En una pequeña fábrica de Hurlingham, dos trabajadores que intentan cambiar las cosas dentro de su lugar de trabajo, charlan sobre la situación en Lear; de cómo cuando los trabajadores se organizan conscientemente resisten ante cualquier condición. A esta charla se suma uno de los delegados (clasista por principios) y otros compañeros con ganas de empezar a organizarse.

7 de agosto 2014

En una pequeña fábrica de Hurlingham, dos trabajadores que intentan cambiar las cosas dentro de su lugar de trabajo, charlan sobre la situación en Lear; de cómo cuando los trabajadores se organizan conscientemente resisten ante cualquier condición. A esta charla se suma uno de los delegados (clasista por principios) y otros compañeros con ganas de empezar a organizarse.

De este diálogo surge la necesidad de involucrarse solidariamente con esta lucha, necesidad a la cual se le da forma de campeonato de fútbol. Los mails y las llamadas por celular le dan más color a esta idea. En otros lugares de trabajo, donde también comienzan a organizarse y aún donde esta organización ya tiene una formación más sólida, responden entusiasmadamente.

Ceramistas, camioneros, metalúrgicos, jaboneros y alimentación participan y colaboran con alimentos para mantener en alto el ánimo de los trabajadores despedidos de Lear. Cada compañero comparte con el resto las experiencias de cada lugar de trabajo, algunos cuentan como venían ya organizándose y colaborando con la lucha en Lear; otros plantean la necesidad de jornadas de 8 hs., de lunes a viernes, para tener mayor tiempo libre. El ánimo va en aumento, al comprobar que cada vez son más quienes se organizan, a través de la participación en espacios en común, sin importar el gremio que los agrupa.

Al final de la actividad todos coinciden en algo: este pequeño paso no tiene que quedar olvidado en un campeonato de fútbol de un sábado por la tarde. La próxima vez el espacio tiene que ser más grande, un lugar de esparcimiento, de charla y debate, donde se puedan seguir organizando como en Lear: contra las patronales, contra las burocracias sindicales y contra el mismísimo estado.

Los alimentos juntados fueron acercados hasta la puerta de Lear por un grupo de trabajadores ceramistas y una docente. Pudieron charlar con algunos trabajadores y uno de los delegados despedidos, e incluso con un grupo de trabajadores de Fate, quienes también se acercaron para brindar su solidaridad con la lucha. El intercambio resultó muy enriquecedor, con unos comenzando y otros ya organizados, pero todos con la misma convicción: terminar con la explotación del hombre por el hombre.

Trabajador Ceramista

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