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Notas

Estados Unidos y la UE: las dos caras de la política imperialista para Cuba

PTS

2 de octubre 2010

El gobierno de Raúl Castro esperaba que el gesto de liberar a los detenidos inclinara la balanza a favor de levantar algunas restricciones en la exportación de alimentos y viajes a la isla que debe discutir el Congreso norteamericano o permitiera una flexibilización de la política dura de la Unión Europea. Sin embargo, nada de esto ha sucedido en lo inmediato aunque aún sea muy pronto para evaluar sus efectos. Hasta el momento, la posición de Estados Unidos es presionar para que sigan los gestos de “buena voluntad” antes de considerar alguna medida que flexibilice el bloqueo.

El gobierno de Obama ha demostrado mantener a rajatabla lo central de la política imperialista que combina el ahogo económico por la vía del bloqueo con la exigencia de “apertura democrática” como forma de presión para la restauración del capitalismo, apoyado en la comunidad gusana de Miami. Esta es la política histórica de Estados Unidos después de que el fallido intento de invasión de Bahía de los Cochinos mostrara la inviabilidad de un ataque directo.

Al margen de algunas concesiones menores y parciales sobre el envío de remesas o los viajes de cubanos residentes en Estados Unidos a la isla, Obama ha mantenido el bloqueo económico inhumano que EE.UU. aplica desde hace 50 años (incluyendo alimentos y medicinas) y que ya ocasionó perjuicios económicos calculados en más de 80.000 millones de dólares para Cuba.

Esta política de mantener el chantaje del bloqueo para exigir cambios políticos y económicos al gobierno cubano o, como plantean algunos sectores más duros, provocar un “cambio de régimen”, se inscribe en una estrategia más general de la administración demócrata de recomponer el poderío tradicional del imperialismo norteamericano en América Latina, que se vio debilitado durante los años de la presidencia de Bush con la derrota del proyecto del ALCA y la prioridad que le dio Estados Unidos a las guerras de Irak y Afganistán. Esta situación, junto con el aumento de precios de las materias primas que producen los países de la región, principalmente el petróleo, permitió que algunos gobiernos latinoamericanos intentaran tener mayor juego propio desde donde negociar su relación con el imperialismo. Este fue el caso de Chávez en Venezuela que avanzó con su proyecto del ALBA en algunos países de Centroamérica, región que de conjunto había permanecido alineada con Estados Unidos tanto en política exterior como en el terreno económico con el CAFTA (Tratado de Libre Comercio de Centroamérica). Y también del gobierno de Lula que viene teniendo roces con Estados Unidos sobre temas de política exterior, aunque sin plantearse como alternativa ni revertir la posición subordinada de Brasil en la política mundial.

Este objetivo de Obama de recomponer el dominio imperialista en la región que históricamente ha sido considerada por Estados Unidos como su “patio trasero” se expresa en una política militarista más agresiva que incluye la instalación de siete nuevas bases militares norteamericanas en Colombia, la virtual ocupación de Haití después del terremoto, la hostilidad hacia Venezuela ejercida, a través de sus agentes como el gobierno colombiano, lo que se suma al apoyo al golpe en Honduras.

Ante la intransigencia norteamericana, no son pocos quienes presentan como alternativa favorable a Cuba, la política más “blanda” y “negociadora” de algunos países de la Unión Europea, en particular del Estado español. Esto es una total falacia. La UE adoptó en diciembre de 1996 la llamada Posición Común que, es otra forma de chantaje y utilización de la presión económica para que el régimen cubano facilite la “liberalización económica” y la “apertura democrática”. Los intentos del gobierno español de Zapatero de que la UE cambie la Posición Común, responden a los intereses de los capitales españoles que tienen importantes negocios en la isla.

Aunque difieran en las tácticas, Estados Unidos, la Unión Europea y la Iglesia católica comparten la estrategia de restaurar el capitalismo en Cuba, volviendo al país a su estatus semicolonial anterior a la revolución de 1959.

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