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Editorial

Enfrentemos la provocación en Terrabusi

Mientras los Kirchner buscan mantener el control de “la gobernabilidad” desde arriba, aprovechando la impotencia y fragmentación de sus opositores en el Congreso, las patronales intentan avanzar sobre el terreno. A falta de un gobierno fuerte, y la imposibilidad de un recambio de poder inmediato, que les garantice la aplicación del plan de reivindicaciones de la Asociación de Empresarios Argentinos que, básicamente, reclama devaluación del peso y ajuste fiscal, los empresarios pretenden establecer otra la relación de fuerzas, directamente, en los lugares de trabajo.

Manolo Romano y Ruth Werner

20 de agosto 2009

Mientras los Kirchner buscan mantener el control de “la gobernabilidad” desde arriba, aprovechando la impotencia y fragmentación de sus opositores en el Congreso, las patronales intentan avanzar sobre el terreno. A falta de un gobierno fuerte, y la imposibilidad de un recambio de poder inmediato, que les garantice la aplicación del plan de reivindicaciones de la Asociación de Empresarios Argentinos que, básicamente, reclama devaluación del peso y ajuste fiscal, los empresarios pretenden establecer otra la relación de fuerzas, directamente, en los lugares de trabajo.

La vanguardia del ataque es la multinacional norteamericana Kraft-Terrabusi, miembro de la derechista Copal (la primera corporación empresaria en pedir la implantación del Estado de Sitio durante el gobierno de De la Rúa), que despidió más de 150 trabajadores de la planta de General Pacheco, en el norte del conurbano bonaerense, incluyendo miembros de la Comisión Interna, delegados de base y hasta militantes de la conducción de Daer en la planta.

Una reacción contra el nuevo movimiento obrero

Justamente uno de los asesores de la gerencia de Kraft-Terrabusi, el abogado (anti) laboralista Julián de Diego apenas un día después de las elecciones marcaba la agenda de las preocupaciones de los empresarios, en el mismo diario de De Narváez, El Cronista, que en tapa festejaba el triunfo de su dueño en la provincia de Buenos Aires. Aunque ya nos hemos referido a ellas en La Verdad Obrera, vale la pena recordarla: “El tema más grave no está ligado sólo a lo estrictamente económicos. En efecto, lo que ha crecido es un cierto estado de rebelión en el mundo laboral, que ni siquiera está promovido en forma explícita y mucho menos controlado por los sindicatos y sus líderes. (..) la reactivación de las aspiraciones de las bases, desencadenó dos nuevos niveles de representatividad: a) los delegados que pasaron a tener un protagonismo clave, por sí, y por el entorno de poder que crearon, y por la competencia con los ex delegados, los que desean serlo, los líderes naturales, etc. , que conforman la vida sindical de cada empresa o establecimiento; y b) el estado asambleario creado en muchas empresas líderes o con grandes dotaciones, a propósito del cuestionamiento a la representatividad de los distintos estamentos de la estructura sindical, que no se caracterizó, por ser muy democrática”.(El Cronista, 29/06/09).

Efectivamente para la multinacional Kraft Terrabusi, “el tema no es estrictamente económico”. La firma es parte de una de las pocas ramas que crecieron, las alimenticias, ante el estancamiento del resto de la industria, un 5,3 por ciento en los primeros 7 meses del año, en comparación con igual periodo del 2008. Específicamente Kraft-Pacheco aumentó las ventas de 75 millones de pesos en mayo, a casi 78 millones en junio de este año. Los despidos persiguen un objetivo claramente político. Los trabajadores de Terrabusi vienen de conquistar un cuerpo de 40 delegados de base por sector de la producción en los tres turnos, que amplía la representación que ya estaba basada en una Comisión Interna disidente a la conducción del gremio que comanda Daer. Allí el “estado asambleario” que quiere liquidar la patronal norteamericana, se había expresado a causa de la alarma por la epidemia de Gripe A, y adquirió un “protagonismo clave” cuando estalló una rebelión reclamando medidas sanitarias y asueto ante el hacinamiento y las malas condiciones de higiene.

En Terrabusi se juega una pulseada importante para este nuevo movimiento obrero. Desde todas las organizaciones combativas y antiburocráticas debemos iniciar una campaña de solidaridad efectiva, empezando por reclamar en cada lugar de trabajo y gremio, el compromiso de los sindicatos a tomar medidas de acción concretas. La propia CGT ha declarado como “una provocación” los despidos de la patronal norteamericana: hay que reclamarle a los sindicatos de la CGT y la CTA que, como mínimo, convoquen a una masiva movilización a la puerta de la planta de Kraft Pacheco para rodear de apoyo su lucha hasta la reincorporación de todos los despedidos.
El ataque de la patronal de Terrabusi es un ensayo, en una de las fábricas más grandes del país, un caso testigo de las patronales para intenta descabezar el activismo de un nuevo movimiento obrero y disciplinar a la base trabajadora. En Santa Cruz, también las multinacionales lanzaron una amenaza contra la huelga que hace 13 días llevan 6000 petroleros, inclusive manteniendo las medidas de fuerza ante la conciliación obligatoria que no satisfacía las demandas. Llovieron telegramas intimándolos a presentarse en sus puestos de trabajo en 48 hs, en caso contrario serían despedidos, como presión para que acepten menos del 25% de aumento reclamado. En distinta escala, por luchar por medidas sanitarias contra la Gripe A, también Telecom echó trabajadores del call center ICT; en San Luis se despidió a los delegados de la empresa Tersuave, o en FP Impresora de Munro por haber iniciado una campaña de afiliación al gremio gráfico.

Una corriente nacional con las banderas de Zanon

El nuevo movimiento obrero pasará por duras pruebas, como en Terrabusi, pero estos ataques no lograrán revertir totalmente el proceso abierto que viene de abajo. Meses atrás fueron despedidos de la metalúrgica Dana, varios trabajadores que habían organizado la elección de delegados. Esa primera derrota no impidió que en las recientes marchas de la UOM la fábrica marchara con una bandera que tenía la misma consigna que habían levantado los compañeros despedidos: “la única lucha que se pierde es la que se abandona”. Recientemente, la dirección de la UOM Campana expulsó trabajadores que encabezaron la huelga por el salario en Siderca, pero no logró consenso entre los delegados de la planta donde la base rechaza el ataque. El dirigente Caló pudo desactivar la lucha unificada del gremio por el salario, pero la bronca continúa y anuncia nuevas manifestaciones de lucha.
En el Smata se está produciendo el mismo proceso: en General Motors, donde la patronal había logrado deshacerse de los activistas más combativos del ‘Chevy Club’, ahora es la misma base la que rechaza aquel acuerdo firmado por la dirección del gremio y vuelven al paro, al mismo tiempo que esta situación se extiende a otras terminales automotrices. El descontento por el salario se traslada a los ferroviarios del Gral. Sarmiento que protagonizaron asambleas de 700 compañeros y un acto de más de 500 en la estación de Once para iniciar el reclamo por el 25% de aumento, que también pide el Cuerpo de Delegados del Subterráneo-Metrovías y su nuevo sindicato.
En tanto esto pasa, Moyano de la CGT lanza una “corriente político sindical” para jugar como una pata en la interna del PJ, y la CTA reparte el apoyo de su conducción a las distintas variantes de la centroizquierda mientras en los gremios industriales que dirige como en el Neumático, su dirigente Wasiejko, se niega a movilizar por el aumento salarial al 30% que reclaman los trabajadores de Fate en asamblea.

Está planteado exigir la ruptura de los sindicatos de la CGT y la CTA con las patronales y el gobierno, y lanzar una corriente nacional en los sindicatos que coordine la defensa ante los ataques contra los nuevos delegados y activistas, rodee de solidaridad todas las luchas y se proponga ganar influencia en una franja importante de la clase trabajadora con un programa de acción para que la crisis la paguen los capitalistas, como el que muestran los obreros de Zanon ante el cierre de empresas y despidos masivos, en la perspectiva de disputar la dirección del movimiento obrero.

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