Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
9 de julio de 2020

La Verdad Obrera Nro 257

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UNA NUEVA COMPLICACION PARA EE.UU. EN IRAK Y MEDIO ORIENTE

El problema kurdo a punto de estallar

01 Nov 2007   |   comentarios

El 17/10 el Parlamento de Turquía autorizó al Gobierno a lanzar una incursión militar contra las bases de los guerrilleros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el norte de Irak. El permiso contempla mandar tropas cuantas veces se considere necesario, para eliminar los santuarios del “ilegal” PKK en la zona controlada por el Gobierno regional kurdo de Irak. A los pocos días, insurgentes kurdos mataron a 12 soldados y secuestraran a otros ocho en un ataque en las inmediaciones de la aldea de Yuksekova, la acción más importante de la guerrilla en los últimos años. La respuesta de las Fuerzas Armadas turcas no se hizo esperar abatiendo un total de 64 insurgentes kurdos en la frontera, según un comunicado del Estado Mayor turco. Posteriormente, en declaraciones transmitidas por todas las cadenas turcas de televisión, el jefe del Gobierno turco afirmó que están concluidas todas las preparaciones para una operación militar. Y en paralelo a estas palabras, el Ejército turco ha concentrado más tropas en la frontera común con Irak previendo una eventual operación a gran escala para luchar contra los “terroristas” kurdos. En el interin, y cediendo a la presión del lobby armenio, el Congreso norteamericano aprobó una resolución considerando la matanza de armenios de 1915 como genocidio, exacerbando aún más las ya tensas relaciones entre EE.UU. y Turquía.

Conclusión: el problema kurdo ha estallado en la escena mundial. Su importancia la sintetiza bien el siguiente comentario de Los Angeles Times: “Hasta el presente, el ‘problema kurdo’ era un problema turco, un problema sirio, un problema iraní y un problema iraquí. La invasión norteamericana a Irak lo ha convertido también en un problema norteamericano -y de los más espinosos para los tiempos actuales. La incapacidad de bloquear al terrorismo kurdo descompondría con razón cincuenta años de relaciones sólidas entre Estados Unidos y Turquía”.

El dilema norteamericano

Desde la primera guerra contra Irak en 1991, EE.UU. ha defendido los intereses kurdos dentro de Irak, tratando de no irritar a Turquía en este tema. Si EE.UU. retrocede de la defensa de los kurdos ahora, esto pondría –si algo le faltaba- al conjunto de su estrategia iraquí en un caos. Estamos hablando no sólo del rol de los kurdos en el actual gobierno donde ocupan la presidencia. La cuestión es más compleja: es que si EE.UU. va tan lejos y abandona a los kurdos en función de mantener buenas relaciones con Turquía, la señal para los otros grupos en Irak sería que los compromisos norteamericanos son fiables hasta que otros intereses norteamericanos tomen preeminencia. Esto confirmaría lo que ya muchos piensan en Irak: que llevaría a reconsiderar la posición a los chiítas o sunnitas que están buscando un alineamiento con EE.UU. Por otro lado, si Washington simplemente apoya a los kurdos, los turcos no sólo están preparados para reconsiderar sus relaciones con EE.UU., sino también sus relaciones con los iraníes. Esto sería un escenario de pesadilla para los intereses norteamericanos en Irak y Medio Oriente.

La importancia de Turquía para EE.UU. salta a los ojos: es el único país que tiene un régimen democrático burgués en Medio Oriente, el único país musulmán dentro de la OTAN, un aliado de peso en Afganistán y el principal sostén de la invasión de Irak (el 70% de los suministros de las tropas de ocupación llegan por los puertos y rutas turcas, a pesar de la oposición de este país a la invasión de Irak). Por su parte, las relaciones con Irán se han multiplicado. El pasado domingo, Ankara (la capital turca) en una deliberada señal a la Casa Blanca sobre las consecuencias que traería una solución no aceptable para Turquía, envió a su ministro de relaciones exteriores, Ali Babacan, a Teherán a reunirse con su contraparte iraní, Manouchehr Mottaki. Por su parte, el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, telefoneó al presidente turco, para discutir la crisis. Aunque las relaciones turco-iraníes no son óptimas, la cuestión kurda es una sobre la cual históricamente han acordado Turquía e Irán. Un alineamiento entre Turquía e Irán, a cualquier nivel, va al corazón de la estrategia norteamericana en la región, cuyo eje es el aislamiento y la contención de Irán1. Por lo tanto, EE.UU. está tratando de encontrar una salida que no rompa este difícil equilibrio. Pero esto es enormemente complicado, ya que Turquía no sólo ha puesto como exigencia la contención del PKK dentro de Irak, sino que ha exigido la entrega de varios de sus miembros. A pesar de los distintos intereses de acuerdo al país en donde estén albergados, los kurdos aún constituyen una nación, por lo que la entrega de partidarios que han estado luchando a favor de la independencia sería una lisa y llana traición, con enormes consecuencias al interior del Kurdistan iraquí, la única región estable de Irak.

Esta es la situación al día de hoy, mientras Turquía siga apostando sus tropas en la frontera pero sin iniciar –a pesar de algunas escaramuzas– una incursión de envergadura en Irak, dándole tiempo a los norteamericanos a resolver este embrollo enormemente complicado: EE.UU. no puede amenazar demasiado a los kurdos sin perder la credibilidad de las otras partes que está tratando de cortejar en Irak; los kurdos no pueden delatarse entre ellos a los turcos; y los turcos no están dispuestos a admitir nada menos.

Los verdaderos objetivos de Turquía

Aunque plantea como justificación las incursiones del PKK en su territorio, el verdadero objetivo de Turquía detrás de su amenaza de intervención en Irak, es ponerle un freno a la creación de un Estado independiente kurdo en Irak que podría alentar al separatismo kurdo en Turquía2. Ankara quiere señalar tanto a los kurdos como a los norteamericanos que hay límites que no está dispuesta a tolerar. A su vez, busca posicionar a sus tropas para ejercer el control en la región ante la eventualidad de que la situación en Irak se vaya completamente de las manos. Un factor adicional es que Turquía quiere participar de las jugosas ganancias del negocio petrolero frente a la creciente actividad de las firmas occidentales.

Más en general, esta nueva beligerancia turca podría ser el primer signo de la emergencia de una fuerza hegemónica regional, basada en Asia Menor, aprovechando los enormes cambios geopolíticos de las últimas décadas, como la desintegración de Yugoslavia (un área de tradicional influencia), el colapso de la ex URSS y la apertura del Cáucaso hacia el norte y finalmente hacia el sur el caos en el mundo árabe. En última instancia, el fracaso norteamericano ha redundado, entre otros fenómenos, en el despertar de las ambiciones turcas luego un largo letargo como consecuencia de su retroceso después de la Primera Guerra Mundial, su actitud cauta en la Segunda y su alineamiento con EE.UU. durante la Guerra Fría. La menor dependencia de EE.UU. en el mundo posterior a la debacle de la ex URSS y las dificultades de la Unión Europea (UE) de integrarla férreamente a su patio trasero semicolonial (aunque la economía turca en gran parte esté ligada a la alemana, italiana, es decir a la de la UE, y en menor medida a la rusa e iraní) es una muestra de los nuevos contornos de la situación mundial frente a la aceleración de la declinación norteamericana pos Irak. En otras palabras, en el marco de esta crisis hegemónica, Turquía está tratando de colarse entre las brechas y hacer valer sus intereses, un juego muy peligroso (a la vez que arriesgado para la talla de su burguesía y Estado) que podría hacer peligrar más aún la situación de Medio Oriente.

La única solución progresiva al problema kurdo: ¡Fuera el imperialismo de Medio Oriente! ¡No a la invasión turca al norte de Irak! Por una República kurda obrera e independiente
Para los kurdos iraquíes, que apoyaron y son el sector abiertamente pro-norteamericano de todas las fracciones de Irak, los actuales acontecimientos señalan un límite de su política de avanzar en sus aspiraciones nacionales como peones de los intereses de las grandes potencias, en este caso EE.UU. Como en el pasado, los países de la región o potencias extranjeras como EE.UU. o Gran Bretaña, han usado el problema kurdo como una herramienta para aplicar presión sobre Turquía, Irak o Irán en diferentes momentos. Han usado el separatismo kurdo como amenaza y luego traicionado a los kurdos, haciendo un acuerdo más amplio con el Estado en cuestión. El último ejemplo fue la represión de los levantamientos kurdos y chiítas por Saddam Husein, ante la mirada cómplice de EE.UU., después de la Guerra del Golfo de 1991 para mantener el equilibrio de poderes entre Irak e Irán, que hoy el propio fracaso de la invasión norteamericana ha destruido. Cada vez más tironeado para lograr una salida del pantano iraquí, EE.UU. se aprestaría a una nueva entrega de sus aspiraciones nacionales.

Sólo una dirección kurda obrera e independiente, a diferencia de los partidos burgueses y pro-imperialistas kurdos del norte de Irak o de la dirección pequeñoburguesa del PKK, puede unificar la lucha nacional de los kurdos en los diversos países de Medio Oriente en donde viven, luchando por una República Kurda Unificada Obrera e Independiente que albergue a la mayoría de los kurdos que viven en Turquía, Irak, Irán y Siria en el marco de una Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente. Esto sólo será posible expulsando al imperialismo de Irak y de todo Medio Oriente, la fuente central de todos los males en la región, y frenando las aspiraciones expansionistas de Turquía. La clase obrera turca, la más antinorteamericana de la región, no debe caer presa del chauvinismo de su clase dominante y debe apoyar las aspiraciones nacionales de sus hermanos de clase, los trabajadores y campesinos kurdos, única forma de derrotar a la sanguinaria burguesía kemalista (por el general Kemal Atatürk) e islamista y FF.AA. de Turquía, la misma que la superexplota día a día.


La cuestión kurda

Los kurdos son la nacionalidad oprimida sin Estado más grande del mundo. Los 26 millones de kurdos conforman el cuarto grupo étnico más grande de Medio Oriente, después de los árabes, los turcos y los persas. En Turquía, con 14 millones, representan el 20% de la población, en Irán, con 6 millones, y en Siria, con 1 millón, son el 10%. En el Kurdistán iraquí constituyen 5 millones. Su dispersión geográfica es un subproducto de las fronteras establecidas por las potencias imperialistas europeas a la salida de la Primera Guerra Mundial luego de la disolución del Imperio Otomano y del surgimiento de la Turquía moderna, bajo la guerra encabezada por Kemal Atatürk contra los países europeos que habían ocupado una parte de la Anatolia (Península del Medio Oriente en el límite con Europa que es parte del territorio turco. También conocida como Asia Menor) así como de la represión de las minorías nacionales. Esta política de opresión de las minorías nacionales tiene su principal blanco en los kurdos que siempre han sido reprimidos en Turquía y otros países de la región con la complicidad del imperialismo, negándoseles los más elementales derechos democráticos (1). Esto es lo que explica la popularidad que aún mantiene el PKK.

(1) Sólo recientemente durante el primer gobierno del AKP -Partido de la Justicia y el Desarrollo, del Primer Ministro Tayyip Erdogan, islamista moderado- había iniciado una política de apertura concediéndoles ciertos derechos. Luego del reciente triunfo electoral de este partido y del nombramiento de un presidente islámico, movimiento fuertemente resistido por el establishment político y sobre todo militar, que es el verdadero poder detrás del trono del estado turco, la histeria nacionalista y de preparación para la guerra desatada por los medios que llega al colmo de que los jugadores del seleccionado nacional de futbol hacen el saludo militar, el AKP estaría moderando su apertura e inclinándose nuevamente a las puertas de las demandas políticas de los estamentos más conservadores. En el terreno económico, su política neoliberal tiene amplio consenso, siendo hoy Turquía la décima-octava economía más grande del mundo, más grande que cualquier economía de países musulmanes incluida la potencia petrolera de Arabia Saudita.


El Partido de Trabajadores del Kurdistán (PKK)

Corriente de origen maoísta formada en 1978 bajo la dirección de Abdullah Ocalan, que emprende una campaña violenta contra el Estado turco. El arresto de éste en 1999 es un duro golpe, que lleva a dicha organización a declarar un cese el fuego unilateral y revisar a la baja sus reinvindicaciones, como es la demanda de autonomía en vez de independencia. Este cese el fuego es roto por el PKK en 2004. Se estiman en 37.000, los muertos desde 1980 en enfrentamientos entre el PKK y el Estado turco.

1 Ya el presidente sirio, Bashar Assad, ha declarado que Turquía tiene “legítimo derecho” a lanzar una ofensiva transfronteriza lo que ha enervado al presidente de Irak, el kurdo Jalal talabani. Esto también podría ser un precedente de una invasión iraní.

2 Debido a la magnitud de la intervención y porque Turquía carece de la información necesaria para tal misión, cualquier operación militar encaminada a desmantelar al PKK de sus santuarios en el norte de Irak está prácticamente descartada y sólo podría llevar al ejército turco a un pantano militar. Por tanto, el verdadero propósito de tal acción sería forzar a Bagdad a presionar a Arbil (la capital de la región autónoma kurda de Irak) y tratar de instigar divisiones internas entre los kurdos –entre el Partido Democrático de Kurdistán del presidente del Gobierno Regional de Kurdistán, Massoud Barzani y el más moderado, Unión Patriótica de Kurdistán, dirigida por el presidente de Irak Jalal Talabani. Estas dos formaciones políticas ya en el pasado tuvieron enfrentamientos armados entre ellas y su actual convivencia es solo un producto de la bonanza que se vive en el norte de Irak como resultado de la invasión norteamericana.

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