Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
14 de noviembre de 2019

La Verdad Obrera N° 399

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(Nota exclusiva en Internet)

El giro K de la Tupac Amaru y su política asistencial

04 Nov 2010   |   comentarios

“La Tupac se va con mucho dolor de la CTA” dijo Milagro Sala, mientras las denuncias de fraude devoraban a la mentada cuna de la democracia sindical. El apoyo de Sala a Micheli fue una última ayuda a sus amigos que la vieron nacer, nada menos que 22 mil votos que le dieron la victoria contra el oficialista Yasky.

El realineamiento de Sala con los K se produce ante la inevitable división de las dos alas de la burocracia de CTA,. Hasta entonces, la Tupac, jugaba como “prenda de unidad”, aportando miles de votos cautivos de sus afiliados. El fusible finalmente saltó, dado que los dos sectores representan proyectos políticos opuestos, que expresan las divisiones entre el gobierno y las patronales.

Una nuevo proyecto K

La CTA y ATE–Jujuy constituían para la Tupac una “columna vertebral”, pero no forjando la necesaria unidad entre ocupados y desocupados por el trabajo genuino. Por el contrario, la Tupac se apoyaba en la CTA, para lograr mantener cierto margen de maniobra ante la presión del gobierno por disciplinar completamente a las organizaciones, convirtiéndola en un apéndice del ministerio de desarrollo social de Alicia Kirchner.

el abrazo a los K de Sala, muestra la necesidad extrema de los fondos de Nación, en momentos en que el esquema económico de los K presenta límites estructurales para seguir repartiendo subsidios para todos.

A cambio de los fondos, Sala podría dar una ayuda importante continuando con la contención de la pobreza en momentos que tras la muerte de Néstor Kirchner, surgen varios interrogantes de peso, de cómo el gobierno va a continuar en el poder. Está por verse si continúan con el proyecto de lanzar a la Tupac en distritos electorales claves para el PJ como es la Matanza.

Una práctica de desvío

Por el contrario, a quienes presentan a la Tupac como la continuidad de las luchas de los 90´ en Jujuy; la misma, no es más que su negación. Su aparición como movimiento de masas, tiene como objetivo alejar la perspectiva abierta en los ´90 de que sectores movilizados de trabajadores ocupados volteen gobiernos y cuestionen el conjunto del régimen en la provincia[1].

la derrota y el desvió de los procesos de lucha de los trabajadores estatales en los ´90 y el surgimiento de los piquetes del ´97; Y la no resolución de los problemas estructurales de Jujuy, como la pobreza, los bajos salarios, la precariedad laboral y la profunda desocupación; sentaron las bases sobre las que se montó una política asistencialista extensiva en la provincia, dentro de un plan de desvío de la lucha de clases a nivel nacional impulsada por los K, que ha llevado a miles de desocupados y pobres, a depender de la dádiva del Estado, perdiendo toda independencia política[2].

La derrota y el desvío de estos procesos, significó por su parte un golpe al Frente de Gremios Estatales, como organización de los trabajadores ocupados estatales, y a los sindicatos que lo conforman; burocratizándolos cada vez más, como a sus principales dirigentes cooptados por los partidos patronales y el régimen, desgastados, como agotada su estrategia de presión por reivindicaciones económicas elementales (pago en tiempo y forma), gradualmente se fue debilitando aún más.

Hacia la recomposición del orden

Debilitado el movimiento obrero, éste quedo bajo la sombra de la Tupac. Sus directivas sindicales se limitaron a presionar por el reparto de las migajas de la distribución K, jugando con las ilusiones de los trabajadores a obtener mejoras graduales.

La enorme fragmentación de la clase trabajadora luego del desvió de los 90 y lo no resuelto por el régimen provincial: la persistencia aún de miles de desocupados, con mediciones que afirman en San Salvador hay un 18,8% de desocupación y en el interior ronda entre el 25% y el 30%, el 68,1% de la población bajo la pobreza y el 31,7 de indigencia es otro dato elocuente, y sumado a esto con el registro de un 51,5% de trabajo en negro, se completa un cuadro que demuestra de manera evidente que las contradicciones siguen abiertas y solo se produjo una recuperación parcial (al decir “restauración” mezquina), de sus instituciones, del régimen de los terratenientes y las grandes patronales de la provincia.

En su afán por mantener el orden, la Tupac pasa a dividir, copar, expropiar y desmoralizar a todo aquel que intente desafiar la política de migajas para los trabajadores. Impone su enorme aparato y capacidad de movilización de desocupados y trabajadores precarios (Cooperativas, Colegios, Centros de Salud, Textil, etc.) para que los estatales acepten los techos salariales, frenando el pase a planta permanente, expropiando luchas, cooptando a dirigentes o amedrentando físicamente a las organizaciones opositoras. Como lo hicieron durante las últimas luchas salariales de los estatales y docentes.

Una estrategia revolucionaria ante la estrategia de “lo posible”

A la estrategia impotente del FGE, la Tupac, desde la derrota y la precarización de la clase trabajadora y la juventud, opone una estrategia de aceptar la miseria de lo posible. Una “idea” –hecha estrategia- de que luego de los 90´ el camino ya no es más la luchar por el trabajo genuino enfrentado a las patronales y contra los gobiernos; sino aceptar los planes y el trabajo precario de los empresarios y el asistencialismo del estado[3].

Una “política de la resignación”, que actúa como losa de las aspiraciones sociales y se proyecta como justificación de la vida precaria, que sin embargo, permitió al gobierno sacar a las masas populares de las calles para contenerlas en las barriadas pobres.

Este “idea”, va de la mano de levantar un nuevo sujeto: el “Desocupado/del pobre” (de la Túpac), sobre del trabajador ocupado -por el momento pasivo-, desestimando la fuerza revolucionaria que puede alcanzar la clase obrera ocupada en alianza con los desocupados y la juventud, como su hegemonía de los explotados para terminar con el capitalismo. Justifica lo que en los hechos intenta imponer un “impasse estratégico” para los revolucionarios.

El enfrentamientos de aparatos con Santillán y sus organizaciones de desocupados, no es sólo por la disputa de planes y fondos del Estado, sino por borrar del mapa la referencia de los trabajadores de los ´90 que significó su figura como representación de miles de obreros municipales del SEOM y estatales del FGE que enfrentaron al gobierno.
Bajo este propósito la Tupac implementa un confusionismo ideológico, que mezcla figuras anticoloniales indigenista (Tupac Amaru), antiimperialistas y socialistas (El Che) y nacionalistas burguesas, de conciliación de clases (Evita).

Construir una izquierda de los trabajadores

La izquierda se adaptó la Tupac y al espíritu de su época, ya sea, incorporándose a sus filas (MST), subsistiendo en los márgenes como grupo piquetero (PO), o coexistiendo y pactando con las directivas sindicales (CCC/PCR), luego de colaborar en el desvió de la lucha de los 90´ a manos del PJ y el régimen. Una izquierda, que por cierto, no ha sacado lecciones profundas de los procesos de lucha de los 90´y tampoco de la Tupac.

Por eso, definir el sentido estratégico de la Tupac y los límites que impone para la emergencia de vanguardias obreras y juveniles, es fundamental para comprender el valor, de construir un partido revolucionario orgánico de la clase obrera. Un partido inserto en los principales lugares de trabajo y estudio, que se prepare para organizar a las bases con un programa que exprese la lucha por la democracia obrera, por la recuperación de los gremios. Ser parte de la clase trabajadora es una tarea de primer orden en el camino de desarrollar una perspectiva revolucionaria, aportar un programa que recomponga la hegemonía de los ocupados para saldar la unidad con los desocupados, jóvenes y pobres, bajo una política de independencia política, que no ceda los intentos de cooptación del asistencialismo del Estado y las burocracias. A este norte apostamos desde el PTS, ser la Izquierda en la clase obrera.

[1] Gobernadores que pasaron durante los 90 en Jujuy; De Aparici, Ficoseco, Alderete, Domínguez, Perassi, Snopek, Ferraro, etc..

[2] “Fue una decisión política de Néstor Kirchner y después de Cristina que las organizaciones sociales pudieran manejar determinados programas… El tema es la construcción y el aporte a este proceso… nosotros creemos que para profundizar este modelo hay que organizar el territorio” (Russo, 2010).

[3] La Tupac es parte colabora en garantizar este nuevo orden este proceso. “Acá los 90´ fueron muy fuertes. Había mucha crisis… Nosotros nos dábamos cuenta de que caían los gobiernos pero la crisis seguía. Se hablaba de las luchas, pero no se solucionaba nada… Salud, educación y trabajo. Eso sí contribuye a la pacificación social” (Russo, 2010).

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