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El espíritu PRO

Hoy en la Ciudad de Buenos Aires reina un espíritu de calma y tranquilidad, cuyo resultado ha sido otorgar la victoria electoral municipal a la derecha empresaria de PRO. El espíritu PRO ha ganado el ánimo de las clases medias acomodadas y consumistas que imponen su impronta al variopinto voto social que Macri cosechó en la primera vuelta.

Facundo Aguirre

21 de junio 2007

“La calma es el alma de la tiranía; la pasión el alma de la libertad” escribía el jacobino Saint Just, reflexionando sobre la Revolución Francesa. La pasión de Saint Just era la representación del ciudadano revolucionario llamado a la acción para derrotar a la nobleza. Muchos años después de 1789, Marx críticó la idea del hombre y del ciudadano de la burguesía una vez desterrada la revolución. Señaló que el hombre burgués se replegaba hacia lo privado para mejorar su posición personal representando la desigualdad real (y añadía que en nombre de la seguridad era ganado por el espíritu de policía), mientras el ciudadano era la idea formal de la igualdad ante la ley que disimulaba la desigualdad real.

Hoy en la Ciudad de Buenos Aires reina un espíritu de calma y tranquilidad, cuyo resultado ha sido otorgar la victoria electoral municipal a la derecha empresaria de PRO. El espíritu PRO ha ganado el ánimo de las clases medias acomodadas y consumistas que imponen su impronta al variopinto voto social que Macri cosechó en la primera vuelta. Este espíritu conservador busca su justificación en la idea de calma y la tranquilidad al cual se identifica con el imperio de la ley, el orden y la mano dura, con la gestión eficiente y desideologizada. La derecha macrista busca ser la expresión política de la llamada “mayoría silenciosa” de burgueses y pequeño burgueses acomodados, comerciantes, profesionales, oficinistas y señoras bienudas que sienten como una amenaza la pobreza existente (y por eso buscan más seguridad) y que desean una ciudad a su entera disposición, sin piquetes, sin huelgas, sin niños mendigando, sin villas y sin gente durmiendo en la calle.

Pero como el neoliberalismo ideológico no es redituable electoralmente Mauricio (que es Macri) asesorado por sus think thank del marketing político busca matizar su imagen de empresario cheto y farandulero, con cierta dosis de populismo y la supuesta cara humana de Gabriela Micheti. Detrás de un perfil edulcorado -que oculta la ideología y el programa reaccionario de esta “nueva” derecha empresaria- la identidad PRO cala en las clases medias que se han replegado al individualismo como forma de salvación personal y porque el progresismo porteño ha sido un verdadero fiasco y un fracaso, transformando su agenda electoral en la variante PRO(gresista) del sentido común clasemediero.

Este espíritu conservador ubica a la Ciudad de Buenos Aires muy lejos del espíritu que género el levantamiento popular de diciembre del 2001 que, hace algo más de 6 años, puso fin al gobierno de De la Rua y la Alianza. Aquel atisbo de pasión respondía a la movilización popular y a la lucha de clases contra un orden político y social que no sólo provoco el desempleo masivo, la entrega nacional y la pobreza de más de la mitad de la población, sino la ruina de las mismas clases medias. Una movilización que en su momento generó la unidad del “piquete y la cacerola” y gérmenes de democracia directa y autoorganización en las asambleas populares, las fabricas recuperadas y los movimientos piqueteros combativos. Este movimiento fue desviado en la política argentina y los que se tenían que ir se quedaron cambiando de traje y de jefe pero sin abandonar la vereda del sol del poder político.

La responsabilidad definitiva de que esto sucediera reside en la política del progresismo kirchnerista que se dedicó a desmovilizar y cooptar dirigentes sociales y de Derechos Humanos para desactivar a las fuerzas militantes. Esta política dio sus réditos y ha sido funcional a crear un clima de relativa calma social para que los grandes empresarios realicen siderales ganancias, los políticos patronales se reciclen y para que el gobierno reprima y provoque a los que luchen intransigentemente. El kirchnerismo es por esto mismo también responsable de que la derecha levante cabeza. En este sentido pensar que el voto a Filmus es un freno a Macri es una ilusión alimentada por el espíritu de moderación y posibilismo (una variante del espíritu de calma y tranquilidad) del sector más progresista de las clases medias.

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