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DEBATES

El drama (peronista) del movimiento obrero

Los afiches en la calle muestran la cara de José Ignacio Rucci y la siguiente frase: “su drama es que el Movimiento Obrero es peronista, y sus dirigentes somos peronistas y para su mayor desgracia el secretario general de la Central Obrera, es peronista”.

22 de marzo 2012

Los afiches en la calle muestran la cara de José Ignacio Rucci y la siguiente frase: “su drama es que el Movimiento Obrero es peronista, y sus dirigentes somos peronistas y para su mayor desgracia el secretario general de la Central Obrera, es peronista”. Lo firman el duhaldista Gerónimo Venegas de las 62 Organizaciones y Hugo Moyano de la CGT. La cita es parte de un famoso debate de Rucci con Agustín Tosco (figura simbólica del sindicalismo de izquierda).

La campaña lanzada por la CGT y “las 62” apunta contra La Cámpora y el relato setentista del gobierno, justo cuando, en similar sintonía, la prensa opositora golpea a los camporistas K porque estos se consolidan en el aparato de Estado y se preparan para una demostración de fuerzas en abril en el Estadio de Vélez Sarsfield.

“Ni yanquis, ni marxistas”

El debate Rucci-Tosco expresaba el temor de la dirigencia sindical ante el avance del clasismo y las posiciones combativas entre los trabajadores en una fase de la lucha de clases como la que abrió el Cordobazo. Rucci fue la cabeza de la burocracia sindical entre 1970 y 1973 y un baluarte de la derecha peronista. Desde la CGT, apadrinado por Perón, le declaró la guerra al activismo fabril que crecía en las comisiones internas y en las luchas contra el Pacto Social, vía la Ley de Asociaciones Profesionales, el matonaje sindical y el accionar terrorista de las bandas armadas de la derecha peronista. El lema “ni yanquis, ni marxistas” fue acuñado por esa burocracia que comandada por Rucci promovió la Masacre de Ezeiza contra la Juventud Peronista el 20 de junio de 1973. En septiembre de ese año, Rucci cayó bajo las balas de un presunto atentado de Montoneros.

Lucha política e ideológica

Marx decía que en la sociedad burguesa el recuerdo de los muertos oprimía como en una pesadilla el cerebro de los vivos. La utilización de la figura de Rucci es una confesión de donde sitúa su relato y cuál es el ADN de la burocracia sindical peronista (por más esfuerzos que haya puesto el kirchnerismo en ocultarlo). Los afiches recuperan la vieja idea de la derecha peronista, según la cual quien no es peronista es ajeno a la clase obrera (tesis histórica sobre la que se basa la acusación de “zurdos infiltrados” al activismo sindical antiburocrático) y de que todo aquel que ataca a los dirigentes sindicales, ataca al peronismo.

El objetivo de Venegas y Moyano es encolumnar la disidencia interna de los gobernadores y punteros apuntando contra la colonización del peronismo por parte de La Cámpora y el kirchnerismo que se reconocen históricamente en el relato setentista de la JP, aunque expurgado de su pecado original que reivindicaba la violencia revolucionaria y la patria socialista. Es una respuesta política e ideológica al kirchnerismo que busca doblegar al moyanismo para que ceda la sucesión de la CGT a burócratas más afines al gobierno y así tener negociaciones paritarias tranquilas. Es más que claro que el objetivo de CFK y sus “soldados” de La Cámpora es congraciarse con los empresarios y avanzar en la “sintonía fina” liquidando todo tipo de resistencia de su antiguo aliado estratégico.

El drama del movimiento obrero ha sido y es su dirección peronista. La lucha contra el ajuste necesita de una nueva dirección clasista que recupere los sindicatos como fuerza combatiente de los trabajadores y de independencia política.

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