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La clase obrera ante el bicentenario

El dominio de la burguesia solo perpetua la dependencia y el atraso

Para la clase obrera se trata de sacar la conclusión que mientras la burguesía continúe dirigiendo los destinos del país apenas podrá aspirar a recoger algunas migajas que se caigan de los platos de los poderosos. A pesar de su retórica “antinoventista” la política kirchnerista “neodesarrollista” se apoya en la continuidad de las “conquistas” burguesas de esa década. Su disputa con algunas de las corporaciones relevantes del país burgués (como el Grupo Clarín, la Iglesia Católica o la Sociedad Rural) no es realizada a favor de los intereses obreros y populares sino para apoyar el desarrollo de otros grupos capitalistas a los que está más directamente ligado y a los que ha hecho crecer al amparo de los negocios estatales. Ni hablar de la variopinta oposición patronal agrupada en el parlamento en torno al llamado Grupo A, cuyo discurso “republicano” es mera cobertura de intereses claramente antiobreros.

PTS

13 de mayo 2010

Para la clase obrera se trata de sacar la conclusión que mientras la burguesía continúe dirigiendo los destinos del país apenas podrá aspirar a recoger algunas migajas que se caigan de los platos de los poderosos. A pesar de su retórica “antinoventista” la política kirchnerista “neodesarrollista” se apoya en la continuidad de las “conquistas” burguesas de esa década. Su disputa con algunas de las corporaciones relevantes del país burgués (como el Grupo Clarín, la Iglesia Católica o la Sociedad Rural) no es realizada a favor de los intereses obreros y populares sino para apoyar el desarrollo de otros grupos capitalistas a los que está más directamente ligado y a los que ha hecho crecer al amparo de los negocios estatales. Ni hablar de la variopinta oposición patronal agrupada en el parlamento en torno al llamado Grupo A, cuyo discurso “republicano” es mera cobertura de intereses claramente antiobreros.

La clase obrera en estos años de kirchnerismo ha recompuesto socialmente parte de sus fuerzas y ha protagonizado distintos procesos de lucha y organización sindical. Sin embargo, la gran mayoría de la representación sindical está en manos de las distintas fracciones de la burocracia sindical, esos dirigentes millonarios que viven de negociar con las patronales y el gobierno a costa y a espaldas de los trabajadores. Este dominio de la burocracia de las organizaciones sindicales ha permitido que se perpetúe la división de la clase obrera y que millones de trabajadores no tengan derecho sindical alguno. No sólo los trabajadores que están “en negro” sino muchos que están “en blanco” y “bajo convenio” no cuentan con representación sindical en las fábricas y empresas: esta sólo existe en un 12% de los establecimientos privados, aunque la proporción es mayor en las plantas con mayor cantidad de trabajadores. El papel traidor de la burocracia ha generado una bronca extendida en amplios sectores de clase trabajadora, dando lugar al surgimiento del llamado “sindicalismo de base”, un fenómeno de desarrollo de delegados y comisiones internas opuestos a la burocracia sindical, que es a su vez una de las principales aliadas con las que cuenta el gobierno. A su vez, dentro del “sindicalismo de base”, viene ganando fuerza un sector que plantea con claridad posiciones clasista, encabezado por las comisiones internas de Kraft y Pepsico en el gremio de la Alimentación, por el Sindicato de Obreros y Empleados Ceramistas de Neuquén (SOECN), donde están presentes los obreros de Zanon, y los sectores combativos del nuevo sindicato de los trabajadores del subte. Desde el PTS venimos poniendo todas nuestras fuerzas en impulsar este proceso, que se propone el resurgir de una izquierda obrera en nuestro país, que retome lo mejor del clasismo de la década del ’70, superando a la vez los límites que tuvo aquella gran experiencia histórica.

La centroizquierda, por su parte, ha mostrado que es incapaz de tener una política independiente del gobierno y la oposición parlamentaria y se divide haciendo seguidismo a uno (Sabbatella y compañía) u otra (Pino Solanas y sus aliados). Pino Solanas y el interbloque de diputados que encabeza, no sólo se caracteriza por no impulsar movilización masiva alguna sino que frecuentemente termina conformando un mismo bloque parlamentario con lo que ellos mismos denominan “oposición conservadora”. En los conflictos obreros, su ausencia es casi una constante.

La división de la cúpula dirigente de la CTA expresa estos mismos bloques de la centroizquierda, con Hugo Yasky casi en un bloque permanente con Moyano en apoyo al gobierno y el sector referenciado con Victor De Gennaro apoyando a Solanas e impulsando proyectos políticos opuestos a la independencia política de los trabajadores como el UNE neuquino, hoy parte del gobierno municipal de la capital provincial junto al radicalismo y otras fuerzas.

Para la izquierda no hay destino sino es ligándose íntimamente a lo más avanzado que está dando la clase trabajadora.

Estamos viviendo un período político caracterizado por coyunturas políticas cambiantes, producto del desarrollo oscilante que está teniendo la crisis capitalista internacional. Si bien los ideólogos más superficiales pretenden sentenciar que “lo peor ha quedado atrás”, los analistas burgueses más serios saben que las monumentales deudas estatales que se incrementaron con el rescate a los bancos constituyen una hipoteca muy difícil de pagar y que el sistema se sostiene sobre contradicciones muy agudas que pueden explotar en cualquier momento. En nuestro país, la vuelta de la burbuja de los precios de las materias primas ha producido en las clases dominantes un moderado optimismo respecto de nuevas posibilidades de ganancias junto con un lamento por el “enrarecido clima político”, expresión a la vez de la fragmentación del poder político que caracteriza al régimen y de que la burguesía no revirtió la relación de fuerzas que las masas impusieron en las calles durante las protestas del 2001-2002, cuestión sin la cual es imposible comprender el discurso del kirchnerismo y su alianza privilegiada con la burocracia sindical. Los hechos griegos (cuyo parecido con lo ocurrido en nuestro medio en diciembre de 2001 es imposible de soslayar), y la crisis aguda de las economías de varios países europeos más en general, no han tardado en desmentir estas visiones “optimistas”.

A quienes sostienen que lo más que puede aspirar la clase obrera son las migajas obtenidas con los gobiernos K, tenemos que oponerle otra perspectiva, aquella que apunta a conformar una alianza social y política revolucionaria, liderada por la clase obrera, que apunte a barrer del poder a quienes en estos 200 años sólo han garantizado la perpetuidad del atraso y la dependencia.

Para ello la clase obrera precisa antes que nada organizarse en forma independiente de la burguesía, recuperando para una política clasista a los sindicatos, cuerpos de delegados y comisiones internas, organizando desde ellos y en nuevos sindicatos a los que hoy están desorganizados y están aún privados de todo derecho de organización. Como decía Lenín: “La fuerza de la clase obrera reside en su organización. Sin organización de las masas, el proletariado no es nada. Organizado, lo es todo”.

Pero no basta sólo con la organización sindical. Es también preciso que la clase trabajadora construya su propia organización política revolucionaria, en base a un programa que le permita verdaderamente ser alternativa de poder. Un programa que plantea que el salario mínimo no debe ser inferior al costo de la canasta familiar por ocho horas de trabajo, y que debe indexarse el salario mensualmente en forma automática de acuerdo a la inflación. Que hay que terminar con la desocupación repartiendo el trabajo entre ocupados y desocupados y mediante un plan de obras públicas contralado por los sindicatos y organizaciones de desocupados. Que debe eliminarse el trabajo en negro y todas las formas de precarización. Que busca terminar definitivamente con la dominación imperialista mediante el no pago de la deuda externa y la nacionalización bajo administración obrera del capital imperialista y de la gran burguesía nativa que es su socia menor. Que plantea la expropiación sin pago de las grandes propiedades agrarias, de la banca y del comercio exterior. Un programa que inscribe como bandera la lucha por un gobierno de los trabajadores y el pueblo explotado, el único que verdaderamente podrá permitir a la clase obrera escribir otra historia, la de una sociedad sin explotación ni opresión. Y que se plantea la unidad con los trabajadores y los explotados de la región en una Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina.
A 200 años del 25 de mayo de 1810, la continuidad de la dominación burguesa lo único que promete es perpetuar la dependencia y el atraso, a costa de dar nuevos golpes a la clase obrera. Otro futuro sólo será posible si la clase trabajadora recupera sus organizaciones sacándose de encima la loza que significa la burocracia sindical y supera la experiencia del peronismo avanzando en su independencia política. Esta es la tarea que tenemos por delante.

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