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Notas

El debate económico y la política de Guevara

PTS

2 de octubre 2010

En los primeros años de la revolución, la subordinación con respecto a la burocracia estalinista de la Unión Soviética fue cuestionada parcialmente por el Che Guevara aún siendo parte de la dirección del M26 (y luego del PCC) y Ministro de Industria del gobierno cubano. Estas diferencias se expresaron en el llamado “gran debate económico” de 1963-64 (del que incluso participó Ernest Mandel) en el que se opuso a la orientación conocida como “cálculo económico” basada en los fundamentos de la reforma Liberman en la Unión Soviética que buscaba reintroducir métodos de producción capitalistas, como el autofinanciamiento de las empresas estatales, la competencia entre unidades productivas y la quiebra, para aumentar la productividad de la economía. Contra esta orientación, impulsada por el ala más abiertamente pro rusa, el Che defendió la centralización y la planificación de la economía.

Además, sostuvo la necesidad de avanzar paulatinamente en la industrialización del país, reasignando los recursos provenientes de las exportaciones del azúcar, para de esa manera superar la histórica condición dependiente de la economía cubana basada en el monocultivo de azúcar, en tanto que el ala estalinista que en el debate teórico tuvo su mayor exponente en el economista francés Charles Bettelheim, impulsaba la ubicación de Cuba exclusivamente como proveedor de azúcar al “bloque socialista” conformado por la URSS y los estados del Este europeo en el marco de una supuesta “división socialista internacional del trabajo”.

En el plano político, Guevara se opuso a sostener la línea de la “coexistencia pacífica” con el imperialismo impulsada tanto por la burocracia de la Unión Soviética como por Mao Tse Tung, y a la estrategia de conciliación de clases, sostenida por los partidos comunistas a nivel internacional, que llevaba a la subordinación de la clase obrera a las decadentes burguesías nacionales.

También denunció los privilegios que habían empezado a acumular los funcionarios del régimen, a quienes acusó de contrarrevolucionarios, y la formación de una burocracia partidaria y estatal.

Finalmente, en 1965 Guevara renunció a todos sus cargos y partió de Cuba para llevar adelante su política de extensión internacional de la revolución basada en la acción de guerrillas y ejércitos populares, primero al Congo y luego a Bolivia donde fue ejecutado por las tropas del ejército local y los Rangers estadounidenses.

Contra la teoría de la revolución por etapas y la colaboración con la burguesía nacional, Guevara planteó correctamente que la alternativa era “revolución socialista o caricatura de revolución”, lo que lo acercaba a una estrategia consecuente de revolución socialista internacional. Pero a pesar de sus críticas, no fue alternativa al régimen de partido único del PCC porque su programa no era desarrollar la democracia obrera basada en consejos de obreros, campesinos y soldados.

El Che tenía una concepción estratégica guerrillera y foquista de la revolución, cuyo correlato era la construcción de partidos-ejército con base en el campesinado y no en la clase obrera. Su “antiimperialismo consecuente”, expresado en su llamado a crear “dos, tres muchos Vietnam” no consideraba como aspecto estratégico la alianza con los grandes batallones del proletariado de los países avanzados. El intento fallido en Bolivia mostró los límites de su estrategia. Poco después de su muerte, el ascenso obrero que abarcó los centros imperialistas, los estados obreros burocratizados y los países semicoloniales, mostró que su estrategia de guerrillera y el supuesto de que la revolución iba “del campo a la ciudad” era equivocada.

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