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NACIONAL

El crimen social tiene culpables (y no es sólo la tormenta)

La TV anuncia lo que todos sabíamos: Los viejos se llevaron la peor parte. Imposibilitados de escapar, postrados en sus camas, quedaron atrapados o arrastrados por el agua. Muerte en soledad. Esta es solo una parte del saldo con el que cargan los gobernantes.

Eduardo Lusa

4 de abril 2013

La TV anuncia lo que todos sabíamos: Los viejos se llevaron la peor parte. Imposibilitados de escapar, postrados en sus camas, quedaron atrapados o arrastrados por el agua. Muerte en soledad. Esta es solo una parte del saldo con el que cargan los gobernantes.

Este nuevo crimen social tiene sus culpables (y no es sólo la tormenta).
A las tres y media de la mañana del martes 2 de abril, Antonio Villares se levantó para ir al subte. Afuera empezaba a llover torrencialmente. A miles de kilómetros, Mauricio Macri y el intendente de La Plata Pablo Bruera descansaban en las playas de Brasil. "Soy un servidor público y como tal necesito unos días de descanso por año" decía, con tostado caribeño el caradura de Macri. Antonio, técnico del Subte, no dudo en su labor. El temporal cambio la rutina. La tarea que le tocaba era más importante que lo de costumbre. Sabía que hacer funcionar la línea aportaría en algo a paliar la terrible situación que atravesaban los pobladores de la Ciudad. Su última accionar contrasta con la estigmatización que empresarios, gobiernos y burócratas hicieron caer sobre los trabajadores y los metrodelegados por sus métodos de lucha. Fue a tratar de que las bombas de desagote funcionaran, ya que se había inundado todo. La tensión no se había cortado. Murió fulminado.

La calumnia anti huelguista se torna más nítida con la muerte de Antonio. Los cruces entre funcionarios de Nación, Ciudad y Provincia irritan hasta el odio. Entre tanta basura política que arrastra el temporal desentona Claudio Dellecarbonara. El Metrodelegado denuncia la negligencia patronal eternamente advertida por los trabajadores del Subte. El más elemental de los controles no funciono. El repudio de los trabajadores, la asamblea, el paro, dan cuenta que los trabajadores son ajenos a los argumentos que internamente ensayan las patronales cuando muere un obrero: “que no respeto las normas”, “que se mando solo”, “que se equivoco”. Falacias cínicas que escupen sobre nuestros muertos. Todos los que trabajamos sabemos que los mecanismos de control empresario son nulos. Si los trabajadores decidieran no hacer su labor ante la negligencia patronal que recorre todas las empresas, el país todo estaría en una virtual huelga general por tiempo indeterminado. Son las 22 HS, para entonces Claudio se transforma en el único vocero de la victimas.- “Murió nuestro compañero”. Aquella definición dista de frase hecha. Los delegados clasistas le damos a la palabra compañero un sentido de pertenencia, un sentido de clase. Solo desde esa convicción pudieron los trabajadores dar pelea contra elementos gubernamentales, que esgrimieron argumentos que lindan en la delgada línea que convierte a la víctima en victimario. Aquello no cala. La bronca de los trabajadores da el veredicto. La empresa es la culpable.

En la próspera Zona Norte del Gran Buenos Aires el contraste también es brutal. Los barrios obreros sufren lo que los ricos que viven en los countrys sólo ven por la tele. Porque los separan muros enormes. Como en el barrio Las Tunas de Tigre. Allí viven obreros de Kraft y de otras alimenticias y frigoríficos de la zona. Del otro lado de la muralla con alambres está el Nordelta, el country más cheto de la zona, con sus propios lagos, shoppings y cines. Los pobres sólo entran allí a laburar. Como cuenta una obrera de Kraft, “durante el temporal, un grupo de vecinos, desesperados porque el agua subía, empezaron a romper el muro para drenar el agua. La seguridad del country le respondió con disparos”. Es el modelo de otro intendente “con aspiraciones electorales”, el peronista Sergio Massa.

La Plata, el temporal se posa por largas horas sobe la Ciudad. La noticia llega por nuestros compañeros que por centenares militan en aquella región, los medios están con delay. Un pozo sin drenaje. Así describen los que viven allí a la parte céntrica de esta ciudad. Mientras escribimos esta crónica aumenta el número de víctimas a más de cincuenta, en tanto bajen las aguas el numero crecerá amargamente. Sin incendia la destilería de YPF, el olor a combustible impregna las aguas y al pánico se agrega mayor pánico. Para miles de familias obras y populares se ha perdido todo. Pero en este caso el todo es muy poco. Apenas los medios de vida más elementales: la heladera, la TV, las camas y ropa todo aquello que implica la subsistencia para que el obrero siga siendo obrero. En cambio no hay medida para las pérdidas afectivas. El cajón de los recuerdos que todos guardamos en alguna parte se lo llevo el agua. Las fotos de la abuela, el CD, el diploma del cole. Todo. Olga, ama de casa, se lamenta empapada en llanto que perdió el primer rulito de su hijo, que tenía guardado en una cajita, detrás suyo navega una heladera. Definitivamente lo perdió todo. Hasta los recuerdos.

Mientras los gobernantes de Nación, Ciudad y Provincia encuentran un denominador común. Todos ellos son culpables. Tan distante están de la penuria obrera y popular que siquiera dan cuenta que para los damnificados su pase de culpa carece de sentido. Sucede que la argentina capitalista es la genera la desidia y el abandono a los pobladores, verdaderos crímenes sociales. Todos ellos son cómplices, desde la oposición o desde el oficialismo. Frente a las penurias de los de abajo, ellos están arriba, el agua no les toca. Y esto sí que se nota. Marcí justifica su vacaciones en Brasil aludiendo cansancio por los servicios prestados. La onda “aire y sol” de Scioli queda bajo agua. Cristina, hace su show, con helicóptero incluido. Encerrados en la interna y la variable electoral, la especulación de los políticos puede medirse en votos, en cambio para el pueblo pobre se trata de la vida misma. Ante el repudio popular Cristina se une con Scioli y Bruera. Intenta dividir a los vecinos que trabajaban codo a codo, y justificar la presencia policial. "La gente lo que tiene es temor ahora a la noche porque vieron caras extrañas, estuvimos hablando con el ministro de Seguridad Casal para que haya presencia policial". Hay gente que le reclama soluciones, otra que le empieza a gritar que se vaya.

Mentira que no hay obras. Si que las hay. Pero las mismas están consonancia con los intereses de la industria inmobiliaria. La ciudad de Buenos Aires y la de La Plata son funcionales para los grupos económicos que hacen negocios inmobiliarios y de todo tipo. Para ellos las catástrofes meteorológicas solo son un daño colateral. “La tormenta no reconoce entre ricos y pobres”, frase de ocasión a la que recuren políticos y periodistas. Es verdad, pero no se trata de la lluvia, se trata del estrago que generan las inundaciones. En Puerto Madero y los country los ricachones la vieron por TV.

Como contracara, se hace notar la solidaridad obrera y popular. Las imágenes de TV dan cuenta del esmero de vecinos y pobladores por socorrer a lo más indefensos. Solidaridad genuina, se nota. Es menester organizar las fuerza vivas, que conmovidas acuden al método de la solidaridad en socorro de sus pares. Nuestras compañeras y compañeros de La Plata se han visto afectados por el temporal. Aquello queda en un segundo plano. Se pone en marcha un plan de contingencia. La regional La Plata del PTS pone toda su fuerza militante al servicio de los más damnificados. En la Ciudad de Buenos Aires se repite el ejemplo, todo la militancia obrera y juvenil del PTS promueven las colectas (ver notas) en los lugares de trabajo, desde las Comisiones Internas, agrupaciones clasistas y los lugares de estudio. Se empalma con las tendencias solidarias y las barricadas de repudio que se extienden aquí y allá.

Desidia capitalista y solidaridad popular. Promover y fomentar esta última son las bases para una salida para quienes lo han perdido todo.

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