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FONDO DEL BICENTENARIO

El “anti-2001” de Cristina Fernández

El lunes 14, en cadena nacional, la presidenta anunció la creación del “Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad”, por el que se transfieren U$S6.559 millones del Banco Central al Tesoro Nacional a fin de garantizar los pagos de la deuda externa de 2010. “Hay que dar a los mercados internacionales la seguridad del cobro de la deuda”, dijo Cristina Kirchner. El ministro de Economía Boudou sostuvo que “va en el mismo sentido de las medidas que venimos tomando para la vuelta de la Argentina a los mercados internacionales (…) esta es una muestra de voluntad y capacidad de pago”.

Armando Mouzo

17 de diciembre 2009

El lunes 14, en cadena nacional, la presidenta anunció la creación del “Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad”, por el que se transfieren U$S6.559 millones del Banco Central al Tesoro Nacional a fin de garantizar los pagos de la deuda externa de 2010. “Hay que dar a los mercados internacionales la seguridad del cobro de la deuda”, dijo Cristina Kirchner. El ministro de Economía Boudou sostuvo que “va en el mismo sentido de las medidas que venimos tomando para la vuelta de la Argentina a los mercados internacionales (…) esta es una muestra de voluntad y capacidad de pago”. La medida se suma a la oferta a los fondos buitres para canjear la deuda en default. Justo a 8 años de la gesta obrera y popular que echó a De La Rúa y le dio un golpe a las políticas de corte neoliberal, la presidenta reconoce que la gestión kirchnerista está al servicio de revertir “la base del descreimiento y la desconfianza” de las patronales y los organismos de crédito internacionales que, según ella, nació “en la madrugada del 24 de diciembre de 2001”, cuando se “anunció el default”.

Con el verso del “desendeudamiento”, el kirchnerismo fue el que más pagó al contado la deuda externa, canceló los pagos con el FMI, y siguió endeudándose. Aún así, el FMI o el Club de París, pretenden meter mano en la economía aplicando planes de ajuste, una política que es apoyada, aunque tácitamente, por el grueso de la oposición patronal y sus partidos (UCR, PRO, CC de Carrió, y los peronistas disidentes).

Por esas trabas, cada vez que el gobierno emitía deuda pagaba tasas de interés de un 13% o 15%, altísimas si lo comparamos con Brasil o Chile que pagan la mitad o menos. En estas operaciones, los grandes beneficiarios de la política oficial son los bancos, uno de los sectores capitalistas que más ganó durante el kirchnerismo y que, mientras acumulan depósitos, hacen grandes negocios con el Estado.

En momentos en que aparece el déficit fiscal, ya no es suficiente con apelar a los recursos de la ANSeS, el PAMI, la AFIP u otros organismos, para cubrir los gastos y pagar la deuda. Por eso, cuando existe un “auge” de capitales especulativos producto, entre otras causas, de la crisis internacional, el gobierno quiere contraer deuda, pero con una menor tasa de interés, por lo menos de un dígito. Paradojas del discurso, en un país donde se acentúa la desigualdad en el ingreso, la mitad de la población se encuentra en situación de pobreza e indigencia, donde los salarios de la enorme mayoría son paupérrimos, en que los hospitales y escuelas se caen a pedazos, el gobierno llama “desendeudarse” a reservar U$S 6.559 millones para pagar la deuda a un puñado de banqueros, U$S 1.559 millones más de lo que pretenden destinar al plan de cooperativas precarias y a la asignación universal por hijo destinados a 5 millones de desocupados y trabajadores en negro.

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