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EL AUMENTO DE LA CARNE

Después del “futbol para todos” se vino el “asado para pocos”

Un aspecto específico de la suba de los precios es el aumento de la carne vacuna. Este es un tema muy sensible para todos los argentinos. Visto en números, somos el principal consumidor mundial, comiendo 70 kilos anuales por habitante, atrás viene Estados Unidos con 45 y luego Alemania con 30.

Armando Mouzo

18 de febrero 2010

Un aspecto específico de la suba de los precios es el aumento de la carne vacuna. Este es un tema muy sensible para todos los argentinos. Visto en números, somos el principal consumidor mundial, comiendo 70 kilos anuales por habitante, atrás viene Estados Unidos con 45 y luego Alemania con 30.

El aumento actual esta motorizado por la escasez de ganado, según Clarín “si el año pasado fueron a faena 17 millones de cabezas, este año se estiman entre 13 a 14 millones”.

Los empresarios del campo aducen que esto es así por la ausencia de una política ganadera por parte del gobierno. En realidad su “política” es bien sencilla: liberar la exportación y que los argentinos paguemos los precios de exportación. Si fuera necesario “que el lomo se pague a ochenta pesos”, llegó a vociferar en su momento De Angeli. Al no poder imponer su programa, fueron reubicándose durante los últimos años hacia actividades más rentables, en concreto la soja. Esto es lo que provocó la baja en la cantidad de ganado para satisfacer la exportación y el consumo interno y, como consecuencia, el aumento de precios. Lo mismo se puede decir del trigo.

Ante esto, el gobierno respondió con la consabida política de acuerdos de precios con los frigoríficos y supermercados. El fracaso está a la vista y lo padecemos.

La realidad es que, al igual que en el resto de la economía, hay una gran concentración en toda la cadena. En un extremo están los grandes ganaderos como Biolcatti, le siguen los frigoríficos y por último los hipermercados. A la vera de estos sectores, que son los que dominan el mercado, coexisten pequeños y medianos ganaderos, frigoríficos medianos y carniceros que, en general, tampoco salen beneficiados.

Para poner la producción al servicio de los trabajadores y el pueblo hay que tomar medidas de fondo. La nacionalización del comercio exterior bajo control de los trabajadores impediría las maniobras de los capitalistas, ya que sería el Estado el que les compraría la producción y garantizaría el abastecimiento de la población a precios accesibles para el consumo de los trabajadores y sectores populares. Aún así los productores podrían boicotear el abastecimiento, como durante los últimos años que se pasaron de la producción ganadera y lechera a la soja. Es por esto que, como planteábamos durante la disputa entre el gobierno y el campo, se necesita la expropiación del grupo de terratenientes que concentra el grueso de las tierras fértiles. De esta manera se podrá elegir racionalmente y en función de las necesidades de los trabajadores y el pueblo qué producir y en qué cantidades.

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