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Editorial

CONTRA LAS PATOTAS Y LAS EXPULSIONES

Defendamos a los delegados de base

Cuando se están por cumplir 8 años de las jornadas de diciembre que tiraron a De la Rúa, los Kirchner tratan de emparchar el régimen maltrecho desde el 2001 con una Reforma Política restauracionista del poder de los “grandes partidos”, bloqueando la emergencia de nuevas fuerzas políticas. Pero la “ingeniería electoral” no revierte el rechazo, o la apatía, de amplios sectores de masas con la clase política patronal.

Manolo Romano y Ruth Werner

26 de noviembre 2009

Cuando se están por cumplir 8 años de las jornadas de diciembre que tiraron a De la Rúa, los Kirchner tratan de emparchar el régimen maltrecho desde el 2001 con una Reforma Política restauracionista del poder de los “grandes partidos”, bloqueando la emergencia de nuevas fuerzas políticas. Pero la “ingeniería electoral” no revierte el rechazo, o la apatía, de amplios sectores de masas con la clase política patronal. Ningún dirigente ni partido de la clase dominante despierta entisiasmo. Por el contrario, el “que se vayan todos” sigue latente, sólo que atemperado por la ilusión de que se mantenga la estabilidad económica. La oposición de derecha ve derrumbarse una opción en la declinante gestión de Macri en la Capital , y su gran bandera, “la inseguridad”, choca contra el creciente desprestigio de las policías del gatillo fácil, la represión y el espionaje. En cuanto al “centenario” partido radical, el pasaje del electo gobernador de Corrientes, Arturo Colombi, al oficialismo ha mostrado el carácter del partido llamado a “fortalecer las instituciones republicanas”. La UCR acaba de readmitir en su partido a Cobos, expulsado por haber encabezado la traición de los radicales K, cuyo pasaporte de reingreso es, a su vez, haber traicionado a los Kirchner con el “voto no positivo”, y ahora se encuentran con otro Cobos de segunda generación. Por su parte el kirchnerismo, que ha perdido para siempre a las clases medias, empieza a tener problemas con la clase trabajadora. La crisis de la cúpula sindical ante el surgimiento de los “delegados de base”, no es un problema que Moyano pueda resolver apretando a los jueces de la Corte para que no fallen en favor de la “libertad sindical”. La crisis de la burocracia viene alentada desde abajo por el inicio de respuestas obreras que tenderán a profundizarse, en un panorama económico donde se prevé un avance de la inflación y las patronales bregan por incrementar la “productividad” del trabajo, sin recuperación del empleo perdido ni aumentar los salarios. Con déficits fiscales en las provincias, mucho menos pueden esperar los trabajadores estatales y docentes que están protagonizando luchas masivas en Tucumán y paros en la Capital y provincia de Buenos Aires.

En la industria, la emergencia de los delegados de base que abrió Kraft y la pelea en el Subte por sus plenos derechos sindicales, intenta ser “contenida” a palos en el SMATA Córdoba. Omar Dragún, el Secretario General del Smata regional que expulsó a Hernán Puddu de IVECO por negarse a firmar un acta que aceptaba los despidos de los contratados, ahora mandó a sus hombres en Volkswagen contra el delegado Sergio Folchieri. La dirección del SMATA persigue y ataca a los delegados combativos de IVECO y Volkswagen que fueron parte de la resistencia a los despidos de contratados y suspensiones de fines de año pasado, porque además temen que sean los que encabecen los próximos reclamos salariales que ya empiezan a plantearse desde abajo. Así como desde el gobierno se homologaron aquellos despidos cuando las patronales adujeron crisis, hoy que proyectan nuevas alzas en la producción con menos trabajadores, Cristina los favorece como con el reciente anuncio de un “plan canje” para renovar la flota de camiones, algo que ya había adelantado la presidenta en su visita de octubre a la planta de IVECO en Córdoba.

Los Kirchner no han reconstruido ninguna burguesía nacional. Por el contrario se apoyan en un crecimiento de la economía con predominio de las multinacionales en las principales ramas de la producción, tanto en la alimentación como en las automotrices. Pero sí están alimentando de manera “industrial” el matonaje de las patotas sindicales. Por un lado protegen, detrás del “modelo sindical argentino” que elogió Cristina, a los defensores de las patronales como se muestra en el SMATA y, por otro, acaban de unificar a las barrabravas del fútbol bajo el signo K, un “semillero” de donde se nutren los grupos de choque de la burocracia sindical, que se utilizan para atacar opositores o con el oficio de rompehuelgas. Esto no es nada comparado con lo que han hecho cuando la lucha de clases es más aguda. En la editorial del número anterior titulamos “Si Salamanca viviera estaría expulsado del SMATA”. Debió haber dicho “volvería” a ser expulsado: en 1974, las bandas reclutadas por la burocracia sindical jugaron un rol en la primera línea de fuego contra los trabajadores cuando el jefe de la policía de Córdoba, Navarro, dio un golpe contra el gobernador Obregón Cano, lo que dio paso a la posterior asunción del Gral. Lacabanne que intervino el SMATA y mandó a su dirigente René Salamanca a la clandestinidad. Por esta razón es que desde hoy hay que plantear, como definió el Plenario de Trabajadores Clasistas que se reunió en Zanon, “el derecho a organizar nuestra propia autodefensa frente a las patotas y la represión”.

Mientras en SMATA y la UOM la “unidad del movimiento obrero” y el “modelo sindical”, que los Kirchner y Moyano se empeñan en defender como “pluralista”, se intenta imponer a palos o con purgas de los opositores, el Ministerio de Trabajo tiende sus trampas en el terreno de la negociación para retacear la democracia sindical. En Kraft, la multinacional y el gobierno se aferran al acta de “paz social” firmada por la CCC sin mandato de asamblea que mantiene afuera a los 53 despedidos (los “logros” del reformismo) contra la voluntad de la base que votó una nueva Comisión Interna de los que la habían rechazado y reclama su reincorporación. Ante el reclamo del Subte, el ministro Tomada sigue negando la inscripción al nuevo sindicato, es decir desconociendo la decisión de los trabajadores a los que ni siquiera se les reconoce la elección de más de 80 representantes de base, pretendiendo otorgar como “graciosa concesión” el “tutelaje sindical” sólo para 20. Los plenos derechos para los delegados de base no se conseguirán sin una dura lucha: se trata de un desafío al poder de las patronales en los lugares de trabajo que la burocracia sindical y el gobierno defienden.

Lejos de esta batalla está, lamentablemente, la “central alternativa” que declama la “libertad sindical”. La conducción oficialista de Yasky alienta para el Subte la vía de negociar sin lucha, proponiendo a los demás una receta que se demostró inútil para ellos mismos que no han obtenido en años la personería para la CTA. En tanto, el opositor De Gennaro fue el impulsor de la “Constituyente Social” reunida en Neuquén donde el poder de los trabajadores y sus organizaciones sindicales están diluidos en un “movimiento popular” para promover “desde abajo”, básicamente, alianzas por arriba en gobiernos de gestión del capitalismo como la de Sabbattella en Morón, el UNE con radicales y kirchneristas en Neuquén, o lo que uno pueda imaginarse que quiera hacer Pino Solanas en la Capital para el 2011 (ver más en pág. 12).

Este 20 de diciembre es una oportunidad para levantar una tribuna en Plaza de Mayo y en todas las ciudades del país, en la que se expresen las nuevas fuerzas de la clase trabajadora. El PTS propone a las organizaciones obreras y estudiantiles combativas y a la izquierda un gran acto unitario que tenga como una de sus principales banderas los reclamos de la nueva Comisión Interna de Kraft, la defensa de los delegados perseguidos como en el SMATA y la UOM , el reconocimiento del sindicato y el cuerpo de delegados del Subte y la lucha contra la burocracia sindical, por la recuperación de las Comisiones Internas para la lucha por el salario y el empleo en todo el movimiento obrero.

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