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DIEGO TATIAN: Como pensar la política a partir del desvanecimiento del "mito de la revolución"

19 de septiembre 2008

“Voy a comenzar con algo que puede resultar brusco: me parece que la cuestión es cómo pensar la política a partir del desvanecimiento del “mito de la revolución”. Cuando digo “mito de la revolución”, le estoy dando un significado estrictamente antropológico a la palabra. Mito es un significado o conjunto de significados que traza un horizonte de sentidos para un colectivo determinado y se transmite por generaciones enteras. Mito en el sentido laico, como para nosotros es la reforma del ‘18 o el Cordobazo. Hay una relación entre mito y política (...). Yo no digo que la revolución es un mito en el sentido vulgar o peyorativo. Pero es un mito que ha comenzado a desvanecerse y es un problema porque sume a lo político y a la teoría de la praxis en una fragilidad e inestabilidad que altera las prácticas respecto a lo que anteriormente ha sucedido. La historia, es decir, la política no acaba con el desvanecimiento de lo que yo llamo el “mito de la revolución” (...) la historia está siempre abierta y no quiere decir que no vaya a suceder de nuevo, que reaparezca en cualquier momento y que se instale en el imaginario social y colectivo para animar nuevamente iniciativas políticas. No significa un fin, una clausura de lo político sino que, por el contrario, hay un estallido de las luchas, de los combates, de la resistencia, de las sublevaciones ante las injusticias. El tema es que estamos ante la necesidad de pensar lo político de otra manera, y que no estamos en un mundo menos injusto que aquel que dio lugar al “mito de la revolución”.

Surge otra cosa que le podemos dar un nombre viejo, el comunismo, que creo que es un invariante de la imaginación humana que aparece de una manera o de otra pero que siempre tiende a aparecer (...).

Creo que la historia no va a ninguna parte, dependemos de nosotros mismos y de lo que nosotros seamos capaces de hacer como seres vivientes en un mundo lleno e injusticias. Yo diría que el espacio Carta Abierta asume que ha habido una derrota histórica indudable (...).

No se trata, a mi modo de ver, de reconocer errores sino de asumir una derrota que se dio en distintos planos y que finalmente ha contribuido a socavar, a horadar el mito. Pero como yo les decía, el comunismo es un invariante y busca, a mi modo de ver, otras maneras de aparecer en la sociedad.

A partir de esto me parece que una de las enseñanzas que me interesa retomar es que la democracia puede ser emancipatoria. La democracia, la palabra democracia, es una palabra que incluye muchos niveles e incluye lo que durante muchos años se denominó peyorativamente “democracia formal”. La forma en democracia es esencial a ella, pero también la democracia como extensión de derechos, protección de derechos, producción de derechos, pero también arrebatos de derechos, pero creo que también esta democracia puede derivar en lo que nos falta hoy, que es la democracia económica. La vía democrática nos puede llevar a democracia económica, justicia social. Esto es una confianza, no hay ninguna garantía de que suceda, de hecho en muchos países después de haber retomado la vía democrática luego de los ‘70, hoy no tenemos una democracia económica.

Uno podría pensar que el gobierno de Evo Morales en Bolivia, que de hecho hoy está jaqueado, o el de Hugo Chávez en Venezuela, o el de Lula, o Michelle Bachelet, o el de incluso la Argentina, no son gobiernos revolucionarios. Ni el del mismo Evo es revolucionario porque está viendo cómo se entiende con los prefectos de la oligarquía de la Media Luna. Son gobiernos que eligen una vía democrática bajo la convicción de que hay cambios cualitativos que pueden lograrse por esa vía.

En Latinoamérica y Argentina hay una derecha que está herida, que es ideológica, económica, una derecha simbólica y que nada quiere más que destituir al actual gobierno.

Yo no sé por qué hay tanto escándalo frente a esta palabreja que me parece que la inventó o la puso a circular, antes de Carta Abierta, Alejandro Kaufman, cuando habló de que hay un clima destituyente. Probablemente la destitución o la voluntad destituyente sea esencial a la política, hay muchas maneras de querer que al otro le vaya mal. Una manera es simplemente por vía mediada, institucional y demás y otra por vía directa. Pero efectivamente yo diría que hay una derecha que quiere “tumbar” a la presidenta y lo puede lograr, hay un “poder del poder” que puede hacer que la presidenta caiga.

Yo no voté a este gobierno pero me parece interesante, me parece urgente ponerle límite a esa embestida destituyente porque todo puede ser peor (...)

Me interesa el Colectivo Situaciones cuando dice que hay una necesidad de producir movimientos sociales que lleven a cabo una reapropiación precisamente social de la riqueza y alientan al registro de todas estas iniciativas que son “no estatales” (...). Sólo que no me parece contradictorio con una reflexión acerca del Estado, porque no es lo mismo un Estado neoliberal que un Estado que se proponga la redistribución un poco más justa de la renta y de la riqueza.

Yo creo que el Estado es una entidad conservadora en general, no hay que esperar grandes cosas del Estado, puede ser conservadora en el mejor de los casos, porque sino puede ser terrorista también. Pero el Estado está ahí y no es lo mismo un Estado que otro y hasta donde yo puedo ver la actual situación nacional en la Argentina, es mejor a todas las anteriores de la que yo tengo conciencia.

Por una gran fortuna histórica y por otras razones que exceden al gobierno me parece que se están implementando políticas públicas e iniciativas que son interesantes, no son suficientes, pero son interesantes y se pueden perder.

Por supuesto que eso no implica, es decir, la defensa del gobierno, integrar un espacio que se proponga defender un gobierno de algo que puede ser mucho peor, no implica suspender la crítica. La entrega escandalosa de la minería y de los recursos naturales subterráneos, los negocios con la industria pesquera, el petróleo, el tema incomprensible, incluso políticamente, de largar la idea de un “tren bala” cuando hay un sistema ferroviario desmantelado y que, con la mitad de lo que cuesta ese tren, podría recuperarse.

Y en ese sentido me parece interesante que la izquierda se haga amiga de un conjunto de palabras que no han pertenecido a su vocabulario clásicamente, como por ejemplo la palabra prudencia, que no es una palabra de izquierda y me parece que debería empezar a serlo. Prudencia significa saber que hay que dar los pasos muy bien dados porque sino cometemos la irresponsabilidad de dejar todo a merced de aquellos que quieren devorar, como lo han hecho siempre.

(...) Me parece que hay una contienda cultural, que es una contienda por el lenguaje y por el léxico, que es muy importante dar, no solamente a nivel mediático. Sin embargo me parece que no tenemos derecho de des-resposabilizarnos de toda esa formación de opinión y formación de conciencia que hoy es la derecha, hoy la derecha son los medios. Y no hay democracia si hay un grupo monopólico como Clarín, grupo en el cual este gobierno se apoyó para subir... Si hay un medio como Clarín no hay democracia, así de simple.

Dejo planteado una pregunta, en general a la izquierda y en este caso al PTS. Entiendo perfectamente una posición que no apoya a este gobierno, hay sobradas y demasiadas razones para no hacerlo. Ahora bien ¿es muy contradictoria la posibilidad de defender a un gobierno de su destitución, a mi modo de ver obvia, por parte de la derecha argentina, sin apoyarlo? ¿Se puede defender una institucionalidad, por considerar que su ruptura deja en la anomia a los más desfavorecidos, a los trabajadores, a los que no tienen nada, y es mucho peor para ellos? Y entonces, sin apoyar ¿defenderlo del embate de la derecha, marcando diferencias? Esa sería una pregunta tramposa que quisiera dejar en el debate.

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