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NACIONAL

EL DISCURSO A FAVOR DEL IMPUESTO AL SALARIO

Cristina divide a los pobres sin tocar a los ricos

En el medio del conflicto con Hugo Moyano el kirchnerismo viene agudizando su discurso anti-obrero con el ataque a los trabajadores que reclaman no pagar ganancias y cobrar las asignaciones familiares.

Pablo Anino

28 de junio 2012

En el medio del conflicto con Hugo Moyano el kirchnerismo viene agudizando su discurso anti-obrero con el ataque a los trabajadores que reclaman no pagar ganancias y cobrar las asignaciones familiares. Claro que la embestida K contra los nuevos ricos que serían los trabajadores que cobran más de $5.782 si son solteros y sin hijos o $7.998 si son casados con 2 hijos, encubre el embate a toda la clase obrera en tiempos de crisis. Luego de 9 años de crecimiento, lejos del famoso “fifty-fifty”, que tanto gusta mencionar CFK haciendo alusión a ese histórico símbolo del peronismo donde 50% de los ingresos era de los capitalistas y 50% de los trabajadores, hoy éstos apenas llegan al 37%, siendo peor que en los ’90 y en franca caída desde el 2007. Nada bueno se puede esperar hacia adelante.

Los secretos del “modelo”: pobres y mal pagos

El kirchnerismo salió a justificar el impuesto al salario diciendo que lo recaudado se obtiene de los obreros “privilegiados” y se utiliza para redistribuir a los más pobres. Para Zaiat (“Progresivo”, P12, 24/06) estaría mal pedir por la “la anulación de ese tributo para trabajadores de salarios medios y altos”. Lo cierto es que el grueso de los trabajadores que están siendo alcanzados por el impuesto al salario (paso del 8% de los trabajadores en blanco al 20% entre 2001 y 2011) no tienen nada que ver con gerentes y directores de empresas, sino que han comenzado a tributar a medida que sus salarios pasaban la línea del mínimo no imponible. Es decir, son trabajadores que ganan muy cerca de la canasta familiar (hoy en $6.000). Es mentira que el gobierno redistribuye a los pobres. La deuda solo de intereses (sin contar los pagos de capital) se lleva $45 mil millones y los subsidios a los capitalistas unos $94 mil millones. Esto es más de 11 veces los recursos de la Asignación Universal por Hijo (AUH), más de 8 veces el presupuesto de salud, 7 veces lo que se va a destinar al plan de viviendas PRO.CRE.AR. y más de 3,5 presupuestos de educación. Es grotesco llamar a esto redistribución del ingreso.

Así como el 80% de los trabajadores en blanco que con displicencia CFK dijo que no pagaba el impuesto al salario, devela que justamente esa misma proporción gana menos o esta muy lejos de la canasta familiar, la AUH y el resto del “gasto social” tienen una dimensión tan grande como grande es la pobreza y el trabajo en negro, que alcanza al 34% de los asalariados. Estos cobran en promedio $1.800 y la clase obrera (en negro o en blanco) cobra en promedio $3.200. Toda la “bondad” kirchnerista en realidad tiene sentido en un “modelo” donde los trabajadores con bajos salarios y los pobres no pueden tener ni la más mínima aspiración a una mejora. Los caceroleros conmovidos por la falta de dólares se escandalizan frente al supuesto colosal “gasto social” que más bien son migajas que se destinan a mantener hospitales y escuelas en estado calamitoso y a los pobres en condiciones de miseria. Mientras que el salario se diluye por la inflación, la afectación del impuesto al salario y la pérdida de las asignaciones por franjas cada vez mayores de trabajadores.

Exculpando a los ricos

El “modelo” se basó en el enorme ataque al salario de la devaluación de Duhalde. La recuperación del salario real apenas permitió superar en 2011 un 12% el bajo nivel al que había llegado en lo peor de la crisis de 2001. Para los empresarios los costos salariales se redujeron por aumentos en la productividad por encima de la recuperación del salario real. Este bajo nivel salarial en términos históricos fue posible gracias a los avances patronales en precarización y flexibilización laboral primero y a la devaluación después. La burguesía considera estos logros un límite sobre el cual no quiere aceptar ningún avance de la clase obrera. Por eso se la “llevan con pala” y los K optaron por exculpar a los ricos de mayores impuestos, como si solo fuera posible redistribuir entre los pobres. El gobierno convive alegremente con la exención de impuestos para los especuladores financieros, con jueces que no pagan un peso de impuestos a las ganancias, con los exiguos pagos que realizan las mineras saqueadoras o con el ridículo 1,25% que se paga de máximo por bienes personales. De ahí se pueden obtener importantes recursos, igual que de fuertes impuestos a las grandes fortunas, de subas a los impuestos a los terratenientes, a los bancos, de incrementar las contribuciones patronales, entre muchas otras alternativas contra los ricos.


CFK y los privilegiados del mundo

Alfredo Zaiat en su columna del día sábado (“Los ricos y sus riquezas”, P12, 23/06) haciendo gala de su “opción por los pobres” repasó estudios internacionales que muestran como los ricos vienen acrecentando su riqueza en medio de la crisis. Además de los ultra ricos (los que tienen más de 30 millones de dólares en liquidez), están “las personas con grandes patrimonios que parten de un activo líquido (efectivo) de un millón de dólares.”. Estos son los privilegiados del mundo, unos “10,9 millones de ricos que en conjunto reunieron una riqueza de 42,7 billones de dólares”. Cristina Fernández de Kirchner está entre ellos. Recordemos que pasó sus 3 millones de dólares a pesos y su patrimonio asciende a más de $70 millones. Eso sí, a pesar de que CFK se la pasa atacando esa “cultura” de no pagar impuestos que tendrían los trabajadores, los intereses que gane por el depósito en plazo fijo que hizo para traspasar sus dólares a pesos con el actual esquema impositivo no paga ni un mísero peso de impuestos, como tampoco lo hace ninguno de los especuladores financieros.

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